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Artículo El sueño americano ha muerto (y Trump es el asesino) Now

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El sueño americano ha muerto (y Trump es el asesino)

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Tres historias de dreamers sobre el miedo y la rabia de saberse al borde de la deportación después de que Trump eliminara el programa DACA que cubre a 800.000 de estos jóvenes inmigrantes

clara gil

06 Septiembre 2017 12:53

Trump no dio la cara. Fue el Fiscal General de Justicia el encargado de anunciar ayer el fin del programa DACA que da cobertura legal a 800.000 jóvenes inmigrantes. Tan solo dos tuits del presidente de Estados Unidos minutos antes del anuncio hacían saltar las alarmas. "Que nadie se equivoque. Mi mandato es para y por los americanos. Los hombres y mujeres de América son mi prioridad".

El presidente se cargaba así, de un plumazo, la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA). Un programa que, pese a no asegurar el acceso a una visa suponía una cobertura legal para los menores indocumentados que les permite acceder a un número de seguridad social, permiso para trabajar y para conducir. Y lo más importante: no ser deportados.


Los dreamers, los hijos de América, lamentan ver cómo su esfuerzo y empeño durante estos últimos años no ha servido para nada. Aseguran que seguirán luchando por sus derechos. Estas son algunas de sus historias.


"Hacíamos 400 empanadas cada fin de semana para pagar la universidad de nuestros hijos"

Alejandra Saucedo llegó a Florida hace más de 20 años. Dejó atrás sus pertenencias y su país, Argentina, para conseguir un futuro mejor para sus tres hijos y lo ha conseguido. El mayor, Diego Sánchez, tiene doble licenciatura- ambas con honores- y está en su segundo año de máster enfocado a la abogacía. "Mis hijos siempre se han esforzado al máximo. Terminaron el instituto con becas de deportes que no pudieron utilizar porque estabámos indocumentados", explica Saucedo a PlayGround.

En lugar de dejarse llevar por el sentimiento de frustación, Diego, como muchos de sus compañeros en la misma situación, salía a diario a manifestarse por sus derechos. "Yo no se lo impedía, pero temía cada día que lo deportaran", asegura la madre. Hasta que un día una conocida le habló de una universidad en Florida que aceptaba a estudiantes indocumentados. "El problema es que tenía que hacer sus estudios como estudiante internacional y el precio era cuatro veces mayor. Nos pedían 26.000 dólares", recuerda Saucedo.


Ni los papeles, ni el dinero consiguieron que tiraran la toalla. "Cada fin de semana hacía unas 400 empanadillas para poder pagar las cuotas de la universidad. Nuestra comunidad las compraba todas. Sabían para que necesitábamos el dinero y se volcaron a ayudarnos". Para entonces, Diego ya sobresalía en la universidad y no solo por sus notas. Era el presidente estudiantil del centro, representante del coro, el mejor corredor de atletismo y además hacía un voluntariado para guiar a los jóvenes que llegaban indocumentados al país. El presidente Obama le invitó a la Casa Blanca para compartir su historia con el mundo.

Alejandra ya tiene la residencia pero todavía se le acelera el corazón cuando ve a un policía. "Haber vivido tantos años indocumentados deja una secuela en ti. Son años de ansiedades, miedos y presión contínua de que puedan deportarte cuando no estás haciendo nada malo. Solo buscarte la vida trabajando para garantizar el mejor futuro posible para tus hijos. El futuro que nosotros no pudimos tener", asevera.

Por eso ahora Alejandra junto a otras 150 madres han formado la asociación Dreamer's Mom (las madres de los soñadores). "Ahora soy yo la que sale a las calles a manifestarse", comenta entre risas. "Somos madres trabajadoras, orgullosas de todo lo que han conseguido nuestros hijos con los mínimos recursos. Muchas de nosotras siguen indocumentadas y temen ser deportadas pero temen todavía más que deporten a sus hijos".



El pasado mes de enero Trump aseguró que los dreamers no tenían nada que temer, que los amaba con todo su corazón. "Si Trump decide poner veto a este programa que ha sido una gran ayuda para nuestros hijos me pregunto ¿Dónde está ese corazón?", lamenta. "No sé, quizás lo haya donado".

De nada ha servido que más de 400 empresarios firmaran una carta dirigida al presidente para dar marcha atrás. Tampoco que la salida de los dreamers, además de destrozar familias, le iba a hacer perder al país más de 400 billones de dólares. "Vamos a seguir saliendo a las calles, vamos a rezar por nuestros hijos y vamos a esperar la resolución final del Congreso con todas las esperanzas puestas en que se apruebe la ley", concluye Saucedo. "No puedo creer que este país vaya a dejar desamparados a tantos jóvenes que consideran América su casa".


"Estos seis meses vamos a seguir luchando y peleando para que el DACA sea una Ley ejecutiva real"

Elías Rosenfeld nació en Venezuela. Tiene tan solo 20 años y un currículum vitae mucho más extenso que su edad. Está estudiando Derecho y Ciencias Políticas. Hace prácticas en dos bufetes de abogados que dan asesoría a los inmigrantes. También ha trabajado de prácticas para el Senado. Ahora, pese a que se mantiene esperanzado, podría enfrentarse a ser deportado a Venezuela, un país que no conoce y que dejó atrás hace más de 14 años.

Llegó de forma legal al país cuando tenía 6 años junto a su hermana con un visado de protección política. A los 10 años, la vida le golpeó duramente. Su madre fue diagnósticada de cáncer. Falleció dos años después. "Cuando murió mi madre la visa con la que habíamos llegado a Estados Unidos dejó de tener validez. Nadie nos los comunicó, me di cuenta dos años más tarde cuando me matriculé en el instituto", explica Elías a PlayGround. No solo tuvo que lidar con la pérdida de su madre, sino también enfrentarse a un sistema burocrático que desfavorecía a los indocumentados.




"Antes del DACA las cosas más cotidianas como conducir, buscar trabajao, matricularte en la universidad o acceder a una beca eran impensables para una persona sin papeles", asegura el joven. Tres meses después de conocer su situación, Obama anunció su intención de sacar adelante el programa. El llamado Dream Act- de ahí el nombre de Dreamers- se remonta a 2001 y pretendía ofrecer cobertura legal a quienes estuvieran en la universidad o se alistaran en el ejército. Obama retomó la ley en 2010 e intentó ue fuera aprobada oficialmente. Falló por cinco votos en el Senado y los demócratas acabaron sacando un acta administrativa que daría lugar en 2012 al DACA.

Ahora Trump, en un intento más de acabar con todas las propuestas de Obama, ha utilizado la "irregularidad" del programa y la extralimitación de los poderes de Obama para tumbar el DACA. Una estrategia para cubrir sus fracasos anteriores, como el desmantelamiento del Obama Care, y para afianzarse con su electorado más radical.

Bajo el paraguas de la legalidad, Trump ha decidido desmantelar poco a poco el programa y dejar en manos del Congreso la decisión final. Una decisión que tiene fecha de caducidad: el 5 de marzo de 2018. Ese mismo año tendrán lugar las elecciones al Congreso y del Senado en Estados Unidos. La decisión que tome el ejecutivo podría verse afectada en los comicios.

 



"Bajo mi punto de vista creo que Trump sigue una estrategia política. El 80% de su electorado acepta el programa del DACA y tiene especial aprecio a los dreamers. Tan solo un 20%, el más radical, quiere eliminarlo. Creo que esta decisión pretende obligar a los demócratas a estar en deuda con el presidente y verse obligados a apoyarle en otras medidas que beneficien su mandato", asegura Elías.

Poco después de conocerse el anuncio, la página DACA advertía de los nuevos cambios."No aceptaremos nuevas peticiones", reza la página. Si el Congreso paraliza el programa solo aquellos que debían renovar el DACA - debe renovarse cada dos años- podrán hacerlo, eso sí, antes del 5 de octubre.

Después, el resto de beneficiarios acabarán perdiendo su cobertura y, en el peor de los escenarios, podrían ser deportados. "El Gobierno tiene todos los datos de los beneficiarios del DACA. Encontrarnos es muy fácil, aunque ya han anunciado que no somos la prioridad porque no tenemos antecedentes penales", concluye el joven. Se estima que 300.000 jóvenes perderán la cobertura en 2018 y otros 320.000 en 2019.


"¿Qué le espera a los jóvenes que quedaron fuera del DACA? ¿Y a los 11 millones de indocumentados que hay en el país?"

A. es un joven mexicano que acaba de terminar la carrera de Ingeniería. Es uno de dos millones de dreamers que viven en América. Tan solo 800.000 son, actualmente, beneficiarios del programa. Él es uno de los miles de jóvenes que se quedó fuera del DACA. El motivo: la muerte de su abuelo.

Hace dos años salió de Estados Unidos a su país, México, para despedirse de su abuelo y aunque regresó a los dos meses le fue denegada la entrada en el programa. "Las condiciones eran claras. No puedes salir de Estados Unidos en 5 años. Pero llevaba mucho tiempo sin ver a mi abuelo así que no lo pensé mucho, simplemente me fui a despdrilo y a enterrarlo", explica el joven a PlayGround que prefiere mantener su anonimato.


Varios jóvenes erana rrestados ayer por manifestarse frente a la Trump Tower. Movimiento Cosecha


Las condiciones para acceder al DACA son claras. Ser menor de 16 años al entrar en el país y no salir del mismo en cinco años. Tampoco puedes tener antecedentes penales. En cuanto al rendimiento escolar, debes haber terminado el bachillerato y estar estudiando en una universidad. Si tu elección no es estudiar, debes estar buscando trabajo. El programa se renueva cada dos años.


 Para acceder al programa tienes que pagar unos 425 dólares. Aunque no parezca mucho, para muchas familias supone meses de trabajo para poder pagarlo. "Cuando me fue denegada la cobertura entré en depresión. Tenía pánico de que me pillaran y tuviera que dejar mis estudios. Pero con el tiempo uno se acostumbra y se hace más fuerte", asegura. "El DACA es un programa que ha ayudado a muchísimos jóvenes pero no dejan der ser unas "migajas". No supone un seguro para obtener la visa y tienes que estar renovándolo cada dos años. Por supuesto que es una decisión que muchos agradecimos pero tampoco es suficiente", mantiene.

 Uno de los rostros que se hizo viral antes de hacer oficial el final del programa fue el de Alonso Guillen, el joven mexicano voluntario que se ahogó intentando rescatar a las víctimas de las inundaciones de Houston. El barco de rescate en el que iba volcó. Guillen tenía 31 años y también era un dreamer.




"Parece que solo podemos tener cobertura quienes mueren por Estados Unidos, quienes estudian en las universidades, quienes trabajan en compañías como Facebook. Nuestros padres sacrificaron todo para venir a este país y nosotros hemos respondido. Trabajamos, estudiamos, pagamos nuestros impuestos pero parece que nunca es suficiente", asevera el joven. "Parece que siempre tenemos que demostrar más que los que han nacido aquí para reivindicar nuestros derechos".

A. está actualmente indocumentado, pero su miedo se ha convertido en valor y lucha. "Hemos sacrificado mucho y seguiremos soñando por nuestros sueños aunque no coincidan con el sueño americano. Somos gente que quiere ganarse la vida honradamente y no vamos a dejar que ni Trump ni nadie nos los destroce", concluye.

La Marca Trump ha dejado claro su mensaje desde el principio. "America First", los estadounidenses primero. Las deportaciones y su promesa de construir el muro de México no dan lugar a dudas de que al presidente, hijo de una inmigrante y casado con una inmigante, no le tiembla el pulso a la hora de acabar con la inmigración. Pero esta vez ha dado con una comunidad preparada, educada formada y lo más importante, sin miedo. Ayer, varios jóvenes fueron detenidos por protestar pacíficamente frente a la Torre de Trump. Después de salir de prisión han advertido de que van a seguir luchando.

Tendremos que esperar hasta el próximo 5 de marzo para saber si a Trump le sale bien la jugada o se convierte en un fracaso más de revertir las decisiones de Obama. Lo más probable es que en los próximos meses, los dreamers solo vuelvan a soñar con lo que ya creían tener: la seguridad de vivir en un país del que nadie les eche de una patada.

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