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Hablamos con Alberto Alemanno, creyente utópico en la UE: "Siempre que algo va mal se culpa a la UE, pero cuando algo va bien es gracias a la UE y se atribuye como mérito nacional"
30 Septiembre 2017 20:05
Alberto Alemanno nació en Italia en 1975. Vive en España, trabaja entre París, Bruselas y Nueva York duerme en hoteles y come en los aviones. Pudimos cazarle para esta entrevista en Tallin. Alemanno hacía un pit-stop en la capital estonia antes de asistir a la Asamblea General de Naciones Unidas como representante de la sociedad civil. Participaba brevemente en el congreso de 40 líderes europeos por debajo de 40 años que organiza el think tank de Bruselas Friends of Europe.
Catedrático en Derecho Europeo, consejero de la Comisión Europea e impulsor de lobbies de la sociedad civil (acaba de publicar Lobbying for Change: Find Your Voice to Create a Better Society), Alemanno forma parte de esa élite que ve la CNN en los hoteles, que escribe para Bloomberg y Le Monde y que cree de manera casi utópica en el proyecto de la Unión. A pesar de estar a medio camino entre el activismo y la universidad, Alemanno es alguien a quien los populismos de Europa, de izquierda y derecha, lo habrían señalado como “extremocentrista” o “establishment liberal”.
Ganó Macron y ha ganado Merkel ¿Sigue vivo el establishment liberal o hablamos de que la extrema derecha terminará por comérselo en cuatro años?
El establishment europeo está gozando del crecimiento económico y de un Eurobarómetro que dice que Europa ha vuelto a ser popular. Los populistas no ganaron ni en Holanda, ni en Francia, ni en Austria, ni en Alemania ahora, con lo que el establishment nos dice que podemos estar tranquilos. Pero creerse esto sería un error. Macron ganó en Francia en unas elecciones en las que, por ejemplo, el voto online solo fue del 35% del censo. Este y otros factores peculiares le dieron la victoria, lo que significa que el capital político con el que cuenta, a pesar de su representación en el Parlamento y en la Asamblea Nacional, es bajo. Tiene una mayoría absoluta de actores, pero ¿en qué medida esta mayoría destaca en la sociedad? ¿Cómo logrará convencer al público francés que las medidas son necesarias?
El éxito de UKIP, de Le Pen, de Wilders y de la AfD se basa en que han tenido un discurso transnacional, porque han sido capaces de crear una narrativa europea aunque, en lugar de ser una narrativa pro-europea, ha sido anti-europea
Hace unas semanas en París hubo protestas contra una reforma laboral copiada del gobierno del PP en España y su popularidad, desde el verano, está por los suelos...
Las reformas son austeras y poco creativas, por lo que la sociedad civil se manifestó. Sin embargo, esa movilización fue un fracaso, porque la mayoría de los franceses parecen preparados para unas reformas que muchos presidentes han intentado antes y que no han conseguido pasar. Los sindicatos franceses están cambiando mucho de mentalidad y también parecen dispuestos a hacerlo.
¿En qué sentido “están cambiando” los sindicatos franceses?
Hay un deseo de los líderes más modernos y centristas de dar una oportunidad a este gobierno para reformar lo que Hollande no consiguió y lo que Sarkozy intentó reformar. Hay un espacio político, hasta en la opinión pública, de intentarlo, aunque no hay garantías de que vaya a suceder, porque dependerá mucho de la movilización de las personas que hoy todavía no saben qué hacer. El bajón de popularidad de Macron muestra que hay una mayoría de la población que vive en la indecisión y, en un futuro, podría declararse en contra de estas reformas.
Es decir, que el establishment agoniza pero hablamos de una nueva oportunidad...
Sí, pero van muy lentos. Si pensamos en las políticas que se han desarrollado en España, son muy conservadoras, en línea con la austeridad y sin creatividad en los temas sociales, donde hay más necesidad. En países como Francia estamos hablando de mayores divisiones entre clases y entre quienes están dentro y fuera del sistema por su apellido o su origen. Macron no está haciendo frente a estos problemas que siguen explotando cada cierto tiempo, por ejemplo, en las banlieues.
Incluso con ataques terroristas...
Sí, desafortunadamente, el terrorismo ha encontrado un campo de expansión porque la sociedad está más dividida y esta manera de vivir ha empujado a estas comunidades a sentirse “sintecho culturales” que se apegan a cualquier discurso identitario extremista, lo cual es aplicable también a los nacionalismos que se han extendido por toda Europa.
Europa no es inevitable, pero el proceso de interdependencia entre los estados sí
¿Es necesario reinventar una contranarrativa de la Europa democrática y liberal para seducir a toda esta gente, seducida por el discurso del terrorismo, del nacionalismo o del populismo o, directamente, no hay que reinventar nada porque los valores están mal en su origen, independientemente de cómo se cuenten?
Los valores están muy bien y siguen siendo compartidos, pero nos falta con urgencia la contranarrativa, que es una historia con legitimidad pero que no se ha vendido de forma atractiva. El éxito de UKIP, de Le Pen, de Wilders y de la AfD se basa en que han tenido un discurso transnacional, porque han sido capaces de crear una narrativa europea aunque, en lugar de ser una narrativa pro-europea, ha sido anti-europea. Tendremos que ser creativos y utilizar una lógica que contraataque a esta forma de presentar Europa como la responsable de todos los males del mundo. Es muy fácil decir que es culpa de Europa cuando hay alguna política que no funciona, y muy fácil decir que los méritos de Europa son méritos nacionales. Ese es el juego del european bashing, que ha funcionado muy bien durante décadas por falta de conocimiento de lo que realmente está pasando en Bruselas.
La imagen de lo que pasa en Bruselas es la de políticos que viajan en business y que tienen dietas diarias de 300 euros...
Esa es la imagen. Pero lo que pasa es que la mayoría de decisiones que afectan a nuestras vidas están tomadas en Bruselas, no porque haya tecnócratas que lo deciden, sino porque nuestros gobiernos han decidido solucionar problemas paneuropeos como la inmigración o el cambio climático de una forma conjunta: no hay manera que España pueda hacer frente a esta toma de decisiones sola, por ejemplo. Europa es una necesidad y la interdependencia global europea está creciendo y las oportunidades de crecer juntos siempre son mayores. Eso sí, esto es algo que debería ser explicado de manera más sencilla, empezando por nuestros representantes en el Parlamento Europeo.

¿Cuál es el equivalente de ese discurso transnacional, con el mismo estilo que Farage pero contra Farage?
Es permitir a todos los europeos darse cuenta de que hacia los desafíos pan-europeos como la inmigración y el cambio climático juntos somos mucho más que solos.
Suena a frase de Rajoy en un mitin... ¿Cómo convences a un chaval de que Europa es cool?
Europa es cool porque te ofrece 28 —bueno, ahora 27— oportunidades de montar tu vida, 27 oportunidades de encontrar un novio o una novia, de comprarte una casa... En Europa puedes irte a cualquier país y no ser discriminado sobre la base de tu nacionalidad, y eso es muy potente. Si tu eres mexicano en EEUU, sigues siendo un mexicano pero, si eres un español en Alemania, eres tratado como un alemán. Quiero hacer hincapié en que Europa es una oportunidad para todo esto, y no una obligación: si lo quieres hacer, lo puedes hacer y te vas a beneficiar.
Bueno, aquí mucha gente te diría que un español que se va a Alemania trabajará fregando platos en restaurantes, o un Italiano en París repartiendo flyers en la calle para pagarse una habitación con sobreprecio. ¿Realmente podemos hablar de sueño Europeo?
¿Acaso Europa no es una obligación que nos han impuesto sin la cual parece que estemos perdidos? Es lo que Rajoy dice a Cataluña, por ejemplo.
Durante unos años se ha extendido el discurso del miedo, nos han intentado convencer de que sin Europa no somos nada. Los populismos han nacido de este discurso de inevitiablidad, pero no es verdad: el Reino Unido seguirá adelante, y todos podemos ir bien sin Europa. Pero sin Europa está claro que no nos irá tan bien. Eso es así y tenemos que transmitirlo. En Bruselas estamos muy metidos en políticas y en cosas técnicas, pero nadie está pensando las grandes ideas: ¿qué Europa necesitamos? ¿queremos una Europa más social, que introduzca un salario mínimo y haga frente a la pobreza creciente, o queremos más neoliberalismo, queremos este tipo de reformas…? Los ciudadanos no solo tendrán quie implicarse en este debate, sino exigir que lo que propongan se haga real.
Durante unos años se ha extendido el discurso del miedo, nos han intentado convencer de que sin Europa no somos nada. Los populismos han nacido de este discurso, pero no es verdad: el Reino Unido seguirá adelante, y todos podemos ir bien sin Europa. Pero sin Europa está claro que no nos irá tan bien
Nuevamente, volvemos a un tema de presentación. ¿No hay propuestas concretas y efectivas?
De aquí a 2019 hay una oportunidad de crear partidos políticos europeos de verdad y no como ahora, sino creando listas transnacionales, gracias a las cuales cada europeo podrá votar a cualquier representante de cualquier país para que haya un mayor estado de pertenencia. Esos políticos podrían tratar muy bien problemas que afectan a España, porque Europa es una realidad geográfica pero también mental. Cuando la gente se da cuenta de esta dimensión y de que sus propias oportunidades son multiplicadas por 27, esto va a funcionar. Es algo que estudio y propongo desde el 2002.
¿Va a funcionar una comunidad que quiere romperse desde la izquierda y la derecha?
Los sistemas de gobernanza transnacionales son los estados quienes los han creado. Europa no es una unidad externa sino que somos nosotros y nuestros políticos. Eso sí, tenemos la oportunidad de cambiarla, dentro de un proceso de gobernanza global que es un poco inevitable. Europa no es inevitable, pero el proceso de interdependencia entre los estados sí. No ver esto cuando en Europa seremos el 10% de la población mundial en el 2050 es una locura. Los políticos nacionales se olvidan un poco de esto y dan soluciones a corto plazo, pero claro, esto no es una visión de futuro.
Hay una tentación muy fuerte de los federalistas que creen que el futuro de la UE son los Estados Unidos de Europa, a quienes les gustaría utilizar ¡oportunidades como Cataluña para acelerar el sistema post-Westfalia. Con todo, es muy improbable
Dentro de esta tendencia, ¿sería viable una Cataluña independiente?
Sinceramente, no lo creo. La autodeterminación tiene que darse dentro del marco constitucional español, cosa que no es así. Luego, el resto de países tendrían que reconocer a Cataluña como estado y no pienso que estén por la labor. Y, después, tendría que solicitar entrar en la UE de nuevo. No sería un problema de requisitos pero sí de crear un precedente de este tipo, a lo cual Francia, Alemania y muchos más se oponen. El próximo sería Irlanda del Norte y después Escocia, Córcega, Baviera... Es muy difícil que pase, aunque sí hay una posibilidad pequeña y dependerá de la voluntad política y popular del momento.
¿No habría interés en los procesos de independencia para disminuir el poder del estado-nación? Se escuchan posturas europeístas radicales que ven estos proceso como oportunidades para ir a una Europa de las regiones con una Bruselas más fuerte...
Hay una tentación muy fuerte de los federalistas que creen que el futuro de la UE son los Estados Unidos de Europa, a quienes les gustaría utilizar estas oportunidades como una aceleración para crear un sistema post-Westfalia. A pesar de esa tentación, no creo que sea muy viable pensar en esto. El proceso para reducir el peso de los estados-nación es progresivo y es en lo que estamos trabajando. Tenemos que ir discutiendo ideas que nos afectan a todos, como el reconocimiento de parejas homosexuales, el salario mínimo, la renta básica universal… Son grandes ideas que ahora bloquean los estados, pero que, en un futuro de inteligencia artificial y automatización, con una reducción de la población empleada, será necesario. Tenemos que anticiparnos a usar Europa como un espacio, en lugar de 27.
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