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Una conversación con los fundadores de Ciudadanos y varios periodistas especializados
27 Octubre 2015 06:00
“¿Qué necesita este país ahora? Un proyecto para España, para una década como mínimo, en nuestra educación, en nuestra formación, en nuestras empresas, en nuestra regeneración democrática… Y eso para mí, y ya sé que no soy objetivo, creo que solo lo pueden encabezar aquellos que no nos han traído hasta aquí y aquellos que hemos nacido en democracia y que queremos que nuestra democracia se refuerce”
Así soltaba Albert Rivera una de sus tracas el pasado 11 de mayo en la presentación de sus candidatos en Madrid. Rivera vino a decir que había que apartarse de aquel tufillo de moqueta setentera que evoca la Transición y que no contaba con los mayores de 35 años.
Lo que ocurre es que Rivera se pasó de frenada.

El líder de Ciudadanos se olvidaba de que el manifiesto fundacional de su partido fue redactado por un grupo de 15 intelectuales, y que ninguno de ellos tenía menos de 35 años. Todos, sin excepción, eran hijos de aquella Transición de la que su líder renegaba aquel día.
Aunque dijera lo contrario, los postulados de Rivera eran el remate a casi cuatro décadas de Transición, un “after” o un revival de aquella época de la historia de España que, después de aquel lapsus, se convertiría en uno de los estandartes de su partido. Sin ir más lejos, hace unos días Rivera decía: “Admiro la lógica estadista que guió a Suárez, que hizo más por España que por su propio partido. Nosotros hablaremos con todos, no excluiremos a nadie y recuperaremos ese espíritu de diálogo de la Primera Transición”.
Es decir, Rivera se ha propuesto inventar la nueva política siguiendo —casi— con lo de siempre. Y parece que el mensaje ha calado.
Transición Revival
Para repasar los orígenes del partido de moda en España nos fuimos a buscar a los intelectuales que dieron lugar a Ciudadanos, y así hablamos con Xavier Pericay, Francesc de Carreras y Arcadi Espada.
Pericay me cuenta que sí, que en Ciudadanos se referían en numerosas ocasiones “al caso de la UCD, que buscó realmente la unión de los españoles y la conciliación en aquellos años”.
“Ahora, aunque estemos en un momento distinto, el tema de la conciliación sigue siendo válido. Este es un momento, sobre todo por la situación en Cataluña, en el que hace falta recordar el valor que tiene formar parte de un proyecto común, pero sin olvidar que ha pasado tiempo desde la Transición, que hay que hacer reformas y cambiar cosas, y dar muchísimo aire a la vida política”, dice Pericay.
Lo que reconoce Pericay, Rivera lo potenció después de aquella rajada. En septiembre de este año, el líder de Ciudadanos llamaba al voto a quienes creyeron en la Transición. Y en junio también definió a su partido como el de la “segunda Transición”.
Así, Albert Rivera sería el Suárez español: el líder que canalizaría las ganas de cambio con un discurso optimista, el que miraba hacia adelante, el que quería regenerarlo todo, sin salirse del orden establecido.
El partido de los intelectuales

Los 15 de El Taxidermista —el restaurante barcelonés en el que se reunían—, entre los que estaban Pericay, De Carreras y Espada, decidieron fundar Ciudadanos por una sola razón: ser la opción antinacionalista que el PSC dejó de ser.
Carreras me cuenta que fundaron Ciudadanos “por razones interiores de Cataluña”. Textualmente: “En el año 2004, se acababa de formar el tripartito e hicimos una mesa de amigos, una cena de 10, convocados por Arcadi Espada y vimos que habían pactado un gobierno tripartito y estaban haciendo un Estatut que no llevaría a nada. Había un Gobierno entre PSC y ERC, ¿a quién íbamos a votar?”
“La mayoría de estos 10, no sé si todos, votábamos con más o menos convicción al PSC y todos dijimos, realmente, que no sabíamos qué hacer. La situación la veíamos fatal y pensábamos que esto se comería a los socialistas. Así que comenzamos a barajar una serie de cosas clásicas como un manifiesto, una asociación... Y de ahí surgió el partido”, dice Carreras.

Arcadi Espada coincide en lo mismo: “Exactamente, a nosotros no se nos ocurrió hacer un partido. Hicimos un llamado a que se fundara un partido político, que era una cosa diferente. Había un sector de ciudadanos que estaba huérfano ante esta deriva. Se planteó la creación de un partido como si fuera una constatación científica, para ver si teníamos razón. Realmente ese partido faltaba”.
Y Pericay también: “Algunos teníamos claro que, si queríamos hacer algo, teníamos que hacer algo radicalmente nuevo. Entonces, eso implicaba crear un partido nuevo y no influir en el PSC como planteaban algunos. Es lo que en realidad nuestro manifiesto reclama: la creación de un nuevo partido político en Cataluña”.
El partido de la gente
Los intelectuales estuvieron en un primer momento, pero, como ellos mismos explican, nunca quisieron influir en las decisiones ni en el curso posterior del partido.
“Como gente que se reunía dejamos de hacerlo a partir del momento en que sacamos el manifiesto, en 2006”, dice Pericay.
El revival quedaba en manos de Rivera.
Las caras visibles del partido serían completas desconocidas; serían la gente. Inés Arrimadas surgía de una familia de clase media y de la empresa privada; Begoña Villacís era una abogada de Madrid. Las dos eran competentes, sí, pero jóvenes y desconocidas.
Pericay explica que ahora “el partido es totalmente autosuficiente, es como un hijo que se ha hecho mayor y se nos ha ido de casa, ha crecido”.
El partido comenzaba a andar solo con el apoyo del electorado: primero con los antinacionalistas en Cataluña, luego con el voto moderado y amigable del centro, en una España de segunda Transición.
“Albert Rivera me solía contar que se comparaba con Charlie Chaplin en Tiempos Modernos, cuando se pone a protestar por sus derechos laborales y, sin quererlo, mira hacia atrás y se encuentra a una masa de trabajadores que le apoya sin haberlo buscado”, nos cuenta Lucía Méndez, coautora del libro #Ciudadanos. Deconstruyendo a Albert Rivera (Deusto, 2015), y jefa de Opinión de El Mundo.
Ciudadanos había conseguido aglutinar el espectro del centro político con ganas de reformas, algo que UPyD no supo hacer por la presencia de Rosa Díez, perteneciente al antiguo régimen.
El partido del IBEX

En la fiesta de la Transición no podían faltar quienes más la han protagonizado: las élites económicas de España. Y los que dictaban el ritmo de la música nunca habían sido de los tontos: ellos aprovecharon el huracán Rivera para hacer sus apuestas políticas. A Josep Oliu, presidente del banco Sabadell se le escapaba en junio de 2014 que habría que “crear un Podemos de derechas”.
Según Méndez, la oligarquía había “mimado” a Ciudadanos cuando vio que eran una opción que ilusionaba y que compartía ciertos valores liberales sin querer alterar el orden constitucional. Para el Ibex, Ciudadanos se había erigido como el mejor elemento de la nueva política para machacar a Podemos:
“La campaña mediática contra Podemos ha sido brutal, mientras Ciudadanos ha recibido el mimo de los medios, al menos en España. Y quien está detrás de los medios son las élites económicas de este país”, dice Méndez.
Lo cierto es que, aunque se hubieran sumado a la fiesta, a Ciudadanos no lo había creado el Ibex. Tampoco Albert Rivera “fue diseñado en un laboratorio en los sótanos del Banco de España” —según cuenta Méndez—, para que la oligarquía tomara el poder en la España de la crisis.

Pericay también niega que el Ibex hubiera tomado el relevo a los intelectuales en la trastienda de Ciudadanos: “Es normal que el partido se haga mayor y vaya relacionándose también con muchísima gente de la sociedad. También con gente influyente y con gente que no lo es tanto. Eso es consustancial a cualquier líder político y a cualquier partido.”
La politóloga Aurora Nacarino-Brabo, también coautora del libro, coincide con Pericay: “Cualquier partido que tenga vocación de gobernar tiene que relacionarse con la gente poderosa. Pero en el programa de Ciudadanos hay muchas propuestas que precisamente molestan a los grandes empresarios, como el hecho de acabar con resquicios legales que mejoren la fiscalidad de sus empresas”.
O sea: la evolución de Ciudadanos fue como la de un niño pequeño parido por unos intelectuales, entregado a los votantes que le hicieron crecer y, finalmente, apadrinado por los poderosos para hacerlo fuerte y así conservar mejor lo suyo.
Ideología de centro
Pero entonces, ¿en qué quedamos? ¿Ciudadanos es un partido de derechas mimado por el Ibex, un partido en el que se ve representado la gente o un partido fruto de una serie de comidas de intelectuales?
Para Carreras, la ideología de Ciudadanos siempre fue la misma:
“A raíz de que se cumplieron ahora 10 años, me fui a buscar el ideario y realmente el partido se corresponde con ese ideario aprobado en 2007: se reclamaban ideologías liberales y socialdemócratas y se establecía el nombre —que creo que es muy afortunado— de Ciudadanos, que significa personas que aceptan una democracia, que están en el marco de la ley y que exigen unos derechos individuales y sociales. Que creen en un estado de las autonomías y que defienden la legalidad vigente y creen en dos valores fundamentales de la Ilustración: la libertad y la igualdad”.
Pericay dice que “Ciudadanos es un partido que, desde el principio, es liberal en lo económico y socialdemócrata en lo social”. Y añade: “Uno puede defender el estado del bienestar y creer en la libertad de empresa, y eso es lo que a la gente le ha gustado”.
Espada dice que “se hizo un partido con mucho futuro, y tendría futuro siempre y cuando no hiciera cosas de derechas o de izquierdas, sino que hiciera las cosas correctas. Y hacer las cosas correctas, probablemente, sea hacer cosas de derechas y otras veces hacer cosas de izquierdas. Y esa tiene que ser su única preocupación. La modernidad política es precisamente hacer las cosas correctas. No dejarse vencer por las condiciones ideológicas”.
Ciudadanos es un partido que vio los votos desde el principio en lo post-ideológico. En el centro, en lo mejor de la derecha y de la izquierda. Su principio es el pragmatismo y la corrección.
De hecho, si el partido de Rivera no ha condenado explícitamente el franquismo no es por un hecho ideológico, sino de pragmatismo. Ciudadanos evita los debates ideológicos. O como explica Nacarino-Brabo, Ciudadanos se centra en avanzar: “¿Qué necesidad hay para el país de condenar el franquismo? Eso es lo que piensa Ciudadanos”.
Digamos que Ciudadanos es el anfitrión de la fiesta, en la que hay unas reglas muy claras: no cargarse los muebles y vestirse bien. O lo que es lo mismo: no romper el sistema vigente y hacer lo correcto. Y dentro de la casa, si todos cumplen las normas, está bien, ya sean de derechas o sean de izquierdas. Si luego los invitados se pelean, ya se las arreglarán.
Que la fiesta continúe
Cuenta Carreras una anécdota esclarecedora:
“Asistí a un desayuno en el Ritz de Madrid en el que hablaba Albert Rivera. Primero me impresionó que había gente importante: desde el exjefe entonces de la Casa Real hasta ministros, periodistas relevantes, catedráticos de universidad... Estaba todo muy lleno, las azafatas no paraban de montar mesas adicionales por la cantidad de gente que había.
“Al final del discurso dijo que, si en Cataluña estaban sucediendo cosas que no gustaban nada, la culpa era también porque España funcionaba mal. Y los problemas de Cataluña no se resolverían hasta que España funcionara bien y se regenerara...
“Allí hubo una ovación que a mí me pareció muy larga. El presidente del Fórum Europa, que organizaba el acto, dijo después de la ovación que siempre contaba los minutos que duraban y aseguró a los asistentes que aquel día se había batido el récord histórico. Nadie ha sido tan aplaudido en un desayuno como lo ha sido Albert Rivera”.
Rivera —y Ciudadanos— es alguien que ha conseguido un milagro: sin salirse de los límites establecidos y pactando con los de siempre, ha logrado ilusionar en España a través de una nueva —vieja— oportunidad. Pasados 40 años de la muerte de Franco, la opción regeneradora de Rivera pasa, curiosamente, por un revival.

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