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“Subrogalia nos engañó con lo que más duele”

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Dos parejas homosexuales demandan a la compañía que contrataron para ser padres mediante un proceso de gestación subrogada

Alba Muñoz

10 Junio 2016 06:00

El siguiente artículo recoge el testimonio de denuncia de dos parejas de clientes de Subrogalia. En una entrevista previa, el director de la empresa, Dídac Sánchez, manifestó su versión de los hechos.

1. Somos gais y queremos ser padres de hijo biológico

Miguel reconoce que si ahora mismo tuviera un bebé en sus brazos, no habría demandado a Subrogalia, la empresa que se lo prometió: “Soy sincero. Por mucho que lo haya hecho mal, hubiera hecho realidad mi sueño”.

Hace más o menos un año, Miguel y Rodrigo, y Andrés y Javier, dos parejas homosexuales de Barcelona, decidieron que querían ser padres mediante un proceso de gestación subrogada, popularmente conocido como vientre de alquiler. Eran conscientes de que iban a tener que reunir todo el dinero posible y pedir un préstamo al banco para conseguir a sus bebés. También sabían que sus hijos nacerían en el extranjero, pues en España, como en la mayoría de países europeos, la gestación subrogada no está permitida.

Lo que quizá no intuían es que cada una de las decisiones que tomaran desde ese momento marcaría sus vidas, la de la mujer que gestara a sus hijos y la de los propios bebés. Ante ellos se desplegaba una confusa subasta de destinos y precios extremos —el coste puede variar hasta 100.000 euros según el país—. También había importantes diferencias sobre las garantías legales y el respeto a los derechos humanos.

Sin saberlo, las dos parejas contrataron a la misma compañía y ahora se han unido para demandarla. Aseguran haber presenciado todo tipo de irregularidades y haber sido víctimas del engaño más doloroso de sus vidas. Lo que sigue son algunas de las acusaciones que estos clientes mantienen contra Subrogalia.

2. “Se venden como un bufete de abogados. Te fías de ellos”

Cuando llegó el momento, las dos parejas se sintieron obligadas a buscar un punto intermedio entre su presupuesto y los riesgos que estaban dispuestos a asumir. Lo primero que hicieron fue buscar en Google, así dieron con Subrogalia, que siempre aparece en el primer puesto del buscador. Ambas llegaron a la misma conclusión:

Miguel y Rodrigo firmaron un día después de pedir un préstamo con el banco, y pagaron casi 50.000 euros de un total de 73.000

“Se venden como un bufete de abogados expertos en gestación subrogada. Son más caros que otros, pero dicen que te van a asesorar durante todo el proceso. Te fías. Piensas que has contratado a alguien para que te represente”, dice Andrés. Él y Javier firmaron el contrato en enero de 2015, un pack low cost para ser padres mediante un vientre de alquiler en México, en el que se incluía una implantación de embriones extra que habían ganado por sorteo en la feria Invitra de Madrid. Llegaron a pagar casi 42.000 euros de un total de 59.300 en tres tandas. Con eso, dicen, Subrogalia les garantizaba el precio cerrado durante el resto del año.


Por su parte, Miguel y Rodrigo contrataron un pack premium en marzo de 2015. Este paquete incluía el acompañamiento de un letrado durante el papeleo en México: “Nos iba a venir bien, somos de pueblo”. Firmaron un día después de pedir un préstamo con el banco, y pagaron casi 50.000 euros de un total de 73.000. “Nosotros les pedimos información sobre Estados Unidos, donde la gestación subrogada está regulada”, cuenta Miguel, “pero nos dijeron que el proceso podía encarecerse hasta 200.000 euros. Te abocan a ir a México”.

3. “Ninguno sabíamos que esto no es legal"

“¿Por qué tener un hijo morenito cuando podéis hacer los embriones en Barcelona y luego mandarlos a México?, nos dijeron”. Ambas parejas aceptaron la propuesta de Subrogalia: crear sus embriones en la Clínica Iegra y luego mandarlos a México con escala en Londres.

“Ninguno sabíamos que esto no es legal”, dice Javier. Según el Ministerio de Sanidad la exportación de embriones requiere su autorización (Art. 23 del Decreto Ley 9/2014), y es necesaria una justificación médica. Esto excluye los envíos de embriones para fecundar a mujeres extranjeras como parte del un proceso de gestación subrogada. Los nuevos clientes tampoco sabían que la Clínica Iegra no contaba con la autorización del Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña para funcionar, uno de los motivos por el que este mismo departamento ha abierto un expediente sancionador a la clínica de Subrogalia, que a día de hoy está cerrada.

Para crear los embriones utilizaron óvulos de donantes anónimas españolas y el material genético de uno de los dos miembros de la pareja

Para crear los embriones utilizaron óvulos de donantes anónimas españolas y el material genético de uno de los dos miembros de la pareja. Pero las supuestas irregularidades no terminaron ahí: “Nos dijeron en España, para crear embriones, es necesario poner el nombre de la mujer que ha donado el óvulo. Como nuestra donante era anónima, la agencia mexicana nos prestaba el nombre de una gestante para que Iegra pudiera expedir el documento. En el documento consta el óvulo de una mujer anónima vinculado a una tal Darcy”, explica Andrés.

Las dos parejas se quejan de que nunca han sabido si sus embriones llegaron a enviarse: “Nunca vimos ninguna factura”. Según Javier, uno de los varios asesores que tuvieron les recomendó la contratación de un seguro de 3.000 euros para evitar problemas con el transporte de embriones. Pagaron esa cantidad, pero nunca vieron la póliza.

4. “Allí no hubo ningún notario”

Además del contrato firmado con Subrogalia en Barcelona, las dos parejas tuvieron que viajar a México para sellar sendos contratos con la clínica Insemer —donde se realizaría la implantación de los embriones a la gestante— y la propia mujer que iba a gestar a sus hijos, a través de la agencia que la representara.

Andrés y Javier viajaron en junio de 2015. “Aquello era un sitio bien, un barrio rico de México. Cuando llegamos a la clínica nos hicieron bajar a un sótano. Aunque el contrato se tenía que firmar ante notario, allí solo estaban la gestante, una chica de 21 años, y la abogada de su agencia”, explica Javier. Firmaron. “La chica firmó y se marchó. Cuando salimos de allí, nos estaba esperando en la puerta con su marido. Nos hizo preguntas, nos dijo que no le habían explicado mucho. No tenía nada claro lo que acababa de firmar”, añade Andrés.

A Miguel y a Rodrigo también les ofrecieron un seguro de envío de embriones, pero no pudieron pagarlo: “Nos dijeron que no debíamos preocuparnos, los embriones estarían allí a su debido tiempo. Nos enseñaron el contrato que íbamos a firmar con la gestante mexicana: cada mes que pasara antes de la implantación, debíamos pagarle a ella 700 euros, por la espera”. 

“La chica firmó y se marchó. Cuando salimos de allí, nos estaba esperando en la puerta con su marido. No tenía nada claro lo que acababa de firmar”

Viajaron en septiembre de 2015. Por esas fechas, en México se estaba gestando un cambio legal. En el estado de Tabasco, el único donde la gestación subrogada había sido legal para extranjeros, iba a cerrar sus puertas a las parejas venidas de fuera y la práctica iba a ser regulada a nivel nacional.

Los cuatro barceloneses ignoraban que las parejas homosexuales nunca habían estado amparadas por la ley mexicana.

Miguel y Rodrigo pidieron conocer a la gestante. Además, su contrato premium les garantizaba el acompañamiento de un abogado. Sin embargo, cuando llegó el momento, aseguran que no hubo ni lo uno ni lo otro. “Sólo estaba la secretaria de la clínica y una becaria. Nuestro acompañante no era abogado, nos no dijo él mismo”. Después de firmar el contrato Miguel preguntó a una trabajadora de la clínica si sus embriones habían llegado: “La sorpresa fue que no sabía nada. Al llegar al hotel mandamos un correo a nuestro gestor. Nos dijo que esas cosas era mejor no hablarlas por mail, que acabáramos de pasar unos días felices en México”.

5. Un negocio con vientres frágiles

Dídac Sánchez.

Miguel, Rodrigo, Andrés y Javier se han unido para interponer una demanda conjunta contra Subrogalia por incumplimiento de contrato. Afirman que ni son padres, ni fueron bien asesorados por la compañía. Quieren denunciar las supuestas irregularidades y recuperar su dinero.

Unidos por el desconsuelo y la rabia, ahora también piensan en la parte más frágil de su aventura: las gestantes. “Estás convencido de que a la chica le van a dar un dinero y que para ella supondrá mucho. Cuando te das cuenta de que a ti te han engañado en el primer mundo, piensas qué no habrán hecho con alguien de un barrio pobre de México”, dice Andrés. 

No son pocas las voces mexicanas que alertan sobre la explotación y la desprotección de las mujeres ante el aumento del turismo reproductivo. Medios de comunicación y organizaciones señalan el escaso poder de las gestantes ante las compañías cuando aparecen problemas, como la escasez de fondos o la retirada de clientes. Aunque las leyes mexicanas establecen que el proceso debe de ser altruista y solo contempla “gastos de compensación”, generados por el mismo proceso médico y las molestias de la madre, muchas mujeres son atraídas por sumas que con suerte rondan los 13.000 dólares.

"Cuando te das cuenta de que a ti te han engañado en el primer mundo, piensas qué no habrán hecho con alguien de un barrio pobre de México"

El Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), asegura que a día de hoy el Estado no sabe cuántas mujeres llevan a cabo estos procesos en Tabasco ni en qué condiciones se dan. Tras una investigación, GIRE pudo comprobar que muchas clínicas y agencias ofrecen el uso de la cesárea para que el nacimiento de sus hijos ocurra cuando convenga a los padres intencionales: “Las mujeres gestantes enfrentan situaciones de discriminación adicionales que ponen en riesgo su vida y su salud”, afirman.

6. Factura dudosa y gastos presuntamente injustificados

“No quieres sospechar, no después de pagar 50.000 euros”, dice Miguel. En un momento del proceso, las dos parejas se dieron cuenta de que su sueño no se iba a cumplir.

Dos días después de volver de México, Subrogalia solicitó a Andrés y Javier el pago de 2.000 dólares por gastos de notaría y 1.000 en concepto de cambio de divisas. “Nosotros no firmamos nada ante notario, así que les pedimos una factura. Nos mandaron una nota hecha a mano donde pone que la clínica Insemer nos cobra 2.000 dólares por la firma de contrato ante notario. Sí, la clínica”.

En ese momento Andrés y Javier se plantaron, dejaron de pagar: “Entonces nos llamaron y nos dijeron que estaba embarazada. Nos pusimos contentísimos, pero supongo que lo hicieron para que picáramos”. La factura, dicen, seguía sin aparecer, de modo que siguieron sin pagar. A los diez días les comunicaron que el embarazo había sido un falso positivo: “Recibimos un mail de Salvador Obregón, jefe de seguros. Nos dijo que la gestante se había retirado por motivos personales y que tendríamos que ir a México e iniciar un proceso desde cero”.

"No quieres sospechar, no después de pagar 50.000 euros"

Algo parecido cuentan Miguel y Rodrigo. Después de pasar unos “días felices en México”, como su gestor les había recomendado, este desapareció y fue sustituido por otro. “Pagamos tres meses de carencia a la gestante (un total de 2.100 euros), hasta que en diciembre me negué. El gestor me dijo que lo perderíamos todo. ¿Hasta cuándo tendré que pagar?, pregunté. Me contestó que tanto podía ser un mes como veinte, y que la única solución era que contratáramos otro pack para crear embriones en México, un total de 54.000 euros extra”.

Indignado, Miguel quiso hablar con Dídac Sánchez, presidente de la compañía, quien trató de calmarlo y le dijo que intentaría solucionarlo: “En un mail me dijo que habían tenido problemas con los envíos de embriones. Estaban pensando en hacer ellos mismos el transporte, como hacían en Rusia: un trabajador de Subrogalia cogería un avión con una botella y nitrógeno líquido, asegurando en todo momento su verticalidad. Si no fuera terrible, sería de risa”.

7. ¿Un contrato diseñado para no ser cumplido?

“Cuesta mucho aceptar que te han tomado el pelo, que todo lo que has hecho no vale para nada, que no vas a poder tener el hijo que querías. Nos engañaron donde más duele”, dice Andrés.

Las dos parejas están en manos de la abogada Joana Marín, que declara que el contrato que firmaron con Subrogalia contiene cláusulas abusivas y que está diseñado para imposibilitar su propio fin: “Su cumplimiento es imposible. Si no sigues sus instrucciones, no te devuelven el dinero. Si te piden 2.000 dólares y no los pagas, significa que no quieres seguir con el procedimiento y haces una rescisión unilateral de contrato. Es así, cláusula tras cláusula, durante 35 páginas. Hace falta un conocimiento jurídico considerable para comprender”.

“¿Cómo íbamos a imaginarlo?”, se pregunta Rodrigo. “¿Teníamos que contratar a un abogado para que vigilara a otro abogado? Es de locos”

Marín asegura que otros afectados se están poniendo en contacto con su despacho: “El huevo se ha roto en Cataluña, pero hay casos por toda España”. Una pareja de la Rioja ha puesto una demanda, y otra de Alicante una querella criminal. Según la abogada, podría haber diez parejas afectadas por las mismas o similares circunstancias, y algunas están dispuestas a emprender acciones judiciales.

Pese a que la misma compañía lo niega en los estatutos de su web, para Marín parece evidente que Subrogalia no ofreció asesoramiento legal a sus clientes (“y si lo ofreció, no fue correcto”). En su opinión, la compañía actuó como una agencia o intermediario: “Se comprometen al nacimiento de al menos un hijo. No se trata de un contrato normal de servicios, sino de un contrato de resultado. No conozco a ningún abogado que venda packs y pueda prometer un resultado cierto”.

“¿Cómo íbamos a imaginarlo?”, se pregunta Rodrigo. “¿Teníamos que contratar a un abogado para que vigilara a otro abogado? Es de locos”. 

8. Vergüenza, deudas y depresión

Si Subrogalia comete irregularidades con sus clientes y empresas asociadas, si lo que ofrece es ilegal y tantas personas pueden haber tenido problemas, si, como dicen estos demandantes, “nadie conoce un caso de éxito en México”, ¿por qué ha habido silencio hasta ahora?

Javier explica que hay gente exprimida, completamente endeudada: "No pueden hacer frente a las costas judiciales"

Un motivo, cuenta Rodrigo, es la vergüenza: “Hay clientes que viven en pueblos, en ciudades pequeñas, y no quieren que se sepa que han intentado tener un hijo por vientre de alquiler”. Javier explica que hay gente exprimida, completamente endeudada: “No pueden hacer frente a las costas judiciales”. Andrés habla de las consecuencias psicológicas: “Hay gente muy deprimida, hasta con tratamiento psiquiátrico. No tienen fuerzas”.

Muchos se preguntan a qué se debe otro silencio, el de las autoridades. Nadie se explica por qué la fiscalía o la policía no actúan ante Subrogalia, si todas estas acusaciones son ciertas. Dídac Sánchez, presidente de la compañía, aseguró en una reciente entrevista con PlayGround que se mueve dentro de la legalidad y que su empresa sufre el boicot de las instituciones. A las acusaciones de sus demandantes, afirma, responderá en los tribunales. Andrés cree intuir la estrategia de Dídac Sánchez: “Cuando acorralas a un animal, ¿qué hace? Corre hacia delante”.


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