PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left
Artículo Sororidad: por qué hoy te odio Now

Now

Sororidad: por qué hoy te odio

H

 

Soy más feminista que yo

01 Octubre 2016 06:00

Al parecer, las feministas estamos hasta el coño de las feministas. Discrepamos entre nosotras sobre asuntos tan importantes como la prostitución, el porno, las cuotas, el trabajo doméstico, la participación de los hombres en el feminismo, los maltratos y asesinatos, la crianza. Hay que ver, cómo somos las feministas, con tantos problemas a resolver y nosotras tirándonos del pelo, ¿verdad?

Para algunos y algunas, esa discrepancia es un signo de debilidad, un rasgo tan ridiculizado como “una pelea de chicas”; una verdadera lástima. Para mí no lo es. Pues claro que nos discutimos. Somos seres pensantes.

De hecho, hoy quiero añadir otra discrepancia al caldero: odio la sororidad. Al menos, tal y como se interpreta últimamente en el internet español.

Para empezar, porque muchas feministas con posiciones distintas claman a la sororidad cuando otra que opina distinto actúa “en contra de las mujeres”. La de la sororidad es una bandera plasta que sirve para todo. La utilizan las prostitutas y también las abolicionistas.



En el feminismo ha habido la primera ola, la segunda, la tercera. Y cuanto mayores sean las conquistas, más complicado será moverse. Es lógico: si un movimiento amplía sus bases e incluye a mujeres de distinta ideología y las nuevas generaciones lo maquean, es que está vivo. El feminismo crece, muta, le salen remolinos y puede que hasta tsunamis.

Que discutamos es una buena señal. Significa que ningún tío nos ha matado, que el feminismo ya no suena a chino y que debates que antes eran académicos pasan a flames de Twitter.

No sé vosotras, pero yo necesito esta diversidad de opiniones, estas guerras internas. He cambiado de opinión sobre los “temas clásicos” del feminismo, y sobre otros no tengo una posición demasiado clara.

Vivimos, esto es una obviedad, en un período histórico concreto. A veces interpretamos las cosas desde marcos antiguos y otras, nos emocionamos demasiado con las novedades: hablo, por ejemplo, del sugar dating, la gestación subrogada o las estrellas del pop.

Hermana, me das sueño. Pero quiero que estés ahí

La mayoría de las veces, conocer de cerca realidades lejanas lo cambia todo. He estado con víctimas del tráfico y en cursillos de prostitución, y lo siento, todas tienen "razón".

Los asuntos que afectan a las mujeres son especialmente complejos. En primer lugar porque no podemos analizarlos desde la neutralidad (no existe ese País de las Maravillas igualitario o sin género). En segundo lugar, se trata de problemas que implican emociones, traumas e inercias que todas, en mayor o menor grado, arrastramos. El patriarcado es el sistema, igual que lo es el capitalismo. No es fácil pensarse y oponerse nada más suena el despertador.

Pero no escribo esto para poner paz y que seamos todas amigas. Lo que quiero es pegar un tiro al aire y que aceptemos de una vez que, como individuos, somos seres pensantes y debemos discutirlo todo. De lo contrario pareceríamos una secta ñoña, y no estamos aquí para tomar té. Representa que tenemos que cambiar el mundo mientras vamos viviendo. El feminismo es político y vital, no estético ni intelectual.

La sororidad no puede servir para callar bocas. No puede basarse en un apoyo ciego por simple el hecho de tener coño o decirse feminista. Eso, para mí, es violencia. No voy a obviar mis opiniones si antes nunca lo he hecho, no voy a retroceder. 

El feminismo no puede pedirme que deje de ser yo

El feminismo no puede pedirme que deje de ser yo. El feminismo no es uno, son muchos, y hay feministas idiotas.

Hermana, a veces me pareces lo más cursi que hay en este mundo.

Hermana, jamás trabajaría de lo tuyo.

Hermana, a veces me gustaría que se te rompiera Instagram.

Hermana, a veces me gustaría que abandonaras a tu marido y a tus hijos.

Hermana, nunca seré tu amiga.

Hermana, me das sueño.

Pero hermanas, quiero que estéis ahí.

La sororidad debería servir para entender que, desde flancos tan distintos como una guardería o el rodaje de una película porno, se lucha por la libertad. Explorar ámbitos prohibidos por el machismo y el feminismo forma parte de esa lucha. Puede costar, y tenemos derecho a que cueste. Pero apelar al apoyo sin fisuras es un autoengaño.


No solo limita nuestra libertad de expresión, también es un error estratégico.

Disentir no puede incomodarme en un entorno en el que todas deberíamos sentirnos libres de decir lo que pensamos sin miedo al linchamiento. Por aquello de diferenciarse de la caza de brujas. En la heterogeneidad (perdón por lo hetero) está nuestra fortaleza.

Ningún movimiento social de masas tan complejo, que abarca tantos ámbitos de la vida, generaciones, y del que deben participar la mitad de la población mundial —con sus propias herencias culturales y sociales—, puede ser un bloque sin fisuras. Es impensable y ridículo. Y es ridículo que no nos demos cuenta.

¿Qué esperabais? Construir el feminismo desde el falso consenso es crear un nuevo poder viejo, compuesto de falta de autocrítica, de pequeñas traiciones internas. Y la idea es crecer y durar.

Y cuando una madura, todo se complica.

La más abolicionista debería alegrarse un poquito de que haya mujeres que se apropien del erotismo y exploten su propia sexualidad de forma libre y consciente. La más pro-sex debería alegrarse un poquito de que haya mujeres que cuidan a las que sufren prostituyéndose, y que luchan para que el tráfico con fines de explotación sexual llegue a estar tan penado como el tráfico de drogas.

Grandes discusiones nos quedan por delante. Y serán apasionantes. Si la idea es que todas podamos sobrevivir y vivir en las mejores condiciones, todas —las mayorías y las minorías— tendremos que pensar y hablar. Y dar algunos portazos también, y mandarnos a la mierda.

Así se aprende. Al menos así aprendo yo.

No tenemos por qué ser amigas, ni falsas. Somos hermanas de lucha, pero distintas. Peleamos porque estamos creando poder, no lo estamos destruyendo. Cuando combatamos, hagámoslo sin utilizar el machismo, que está muy a mano. Solo imagina que tienes a tu adversaria delante, que internet es muy malo.


share