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Artículo Rajoy hasta arriba de anestesia: la entrevista que no emitirán en televisión Now

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Rajoy hasta arriba de anestesia: la entrevista que no emitirán en televisión

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Esto es lo que pasa cuando el presidente bebe accidentalmente pentotal sódico, también conocido como suero de la verdad

Antonio J. Rodríguez

14 Junio 2016 09:34

Ojo a esto:

«RAJOY: Me limitaré a decir que orquestar el sistema de financiación de un partido tan amplio y poderoso como es el nuestro lleva su tiempo. Roma no se construyó en un día. Para mantener un partido en marcha hace falta mucho dinero. Eso quien no tiene un partido no lo sabe. Con una pescadería o una tienda de comestibles todo es más sencillo. Pero nuestros tesoreros se pusieron en seguida manos a la obra y creo que ha quedado bastante claro que hicieron un gran trabajo. Otra cosa es que nos hayan pillado, con eso lo cierto es que no contábamos. Pero tampoco es tan grave. […]

»ESCARGOT: ¿A ti te parece bonito lo que estás haciendo con los periodistas? Me refiero a no responder a sus preguntas, no conceder entrevistas, plantear las ruedas de prensa como si fueran un predicador y no aceptar comentarios ni atender a las dudas […] ¿Por qué lo haces, Mariano?

»RAJOY: Pues mira. Es una de las primeras cosas que se nos ocurrieron cuando llegamos al poder. Resulta que si no lo hiciésemos, hemos comprobado que sus compañeros de usted se pasan la vida haciendo preguntas, y algunas son muy difíciles, o, peor, incluso incómodas […] Los citamos, ellos vienen, les preparamos unas pastas, a veces también café con leche que les llevamos en unos termos. Luego declamamos el discurso y tenemos a un muchacho que les pasa un folio con nuestro comunicado bien apuntadito y sin faltas de ortografía. Hay quien habla de déficit democrático. Yo prefiero verlo como un paso adelante en el ejercicio de la síntesis periodística en su comunicación con la democracia».

Al habla Rajoy, o casi, durante la que probablemente sea la única entrevista en campaña en la que leerán al presidente en funciones salirse del guión. Amordazado, mientras bebe zumo mezclado con suero de la verdad —pentotal sódico—, el candidato de los populares habla abiertamente sobre asuntos como:

a. su relación con Merkel: «A mí la señora Merkel siempre me ha tratado muy bien. Las primeras veces es cierto que me hacía quedarme al terminar las reuniones para recoger los vasos y las botellas de agua y barrer la sala con una escoba»,

b. la contabilidad B,

o

c. su presunto poder a la hora de tumbar a periodistas como Pedro J.: «Yo no los he destituido. Los han destituido las empresas editoras de los propios periódicos, que es muy distinto. Además, hay que tener en cuenta que la movilidad laboral es una de nuestras asignaturas pendientes si queremos subirnos al tren del progreso».

Hay quien habla de déficit democrático. Yo prefiero verlo como un paso adelante en el ejercicio de síntesis periodística en su comunicación con la democracia (¿Rajoy?)

La entrevista íntegra (un fake, en efecto) la encontrarán en La realidad (Crónicas canallas, ed. Malpaso), la colección de crónicas, sátiras y ensayos que acaba de publicar el periodista Robert Juan-Cantavella, colaborador de esta cabecera y uno de los escritores secretos más valiosos de nuestro país. A Cantavella lo reconocerán por un estilo libérrimo y un imaginario compuestos por referencias tan hipercastizas (Barricada, Curtis Garland, Perros callejeros…) como modernas (Bret Easton Ellis, DFW, Hunter S. Thompson…). Sin embargo, probablemente lo mejor de Cantavella sea su instinto como periodista a contracorriente.




Y si no, pregúntele a Trebor Escargot.

El hombre que anticipa las catástrofes

Trebor Escargot es, además del periodista que se esconde al otro lado de la supuesta entrevista a Rajoy arriba mencionada, el alter-ego de Cantavella; un personaje ficticio que se dedica al periodismo y que a lo largo de su carrera ha tumbado algunas cuantas torres.

Recapitulando.

Años 2007. Escargot publicaba en la revista Quimera su sonado artículo "La horda de los gestores", a propósito de la Sociedad General de Autores, entonces bastante más respetada que ahora. Allí leíamos esto:

«Un confuso vínculo une al pirata con el mundo del arte. Si hoy se dedica a chulearlo y chuparle la sangre en nombre de la gestión y la propiedad intelectual, en otros tiempos lo practicó, normalmente con escasa suerte y altas cotas de mediocridad. […] Lo cierto es que suelen iniciarse en la piratería cuando se les acaban las ideas, o más bien las ganas de trabajar para tratar de tenerlas). […] Sus métodos pueden despistarnos, pues no andan por la vida en barco, ni tienen el valor que requiere empuñar una espada. Han abandonado el ron, en favor del CD-Rom, y la bandera de la calavera por otras más discretas y actuales con las siglas de su banda: SGAE, VEGAP, etc […] Así que, de momento, dejemos que nos sigan extorsionando. Querrá decir que siguen vivos, que todavía tenemos tiempo para asistir a su hecatombe»

Efectivamente, Escargot apuntaba a la SGAE como poco más que un nido de chupópteros. También sugería que los piratas, en realidad, no eran los usuarios de Napster, sino los propios gestores de los derechos de autor.

La SGAE, eso sí, no se quedó de brazos cruzados al leer aquello. En su editorial de septiembre de 2007, Quimera anunciaba que la Sociedad General de Autores solicitaba la cantidad de 9.000 euros por supuestos daños contra el honor.

Sí, 9.000 euros.



Cantavella/ Escargot, autor de La realidad


Años después, los hechos daban la razón a Escargot. En 2011, la Audiencia Nacional iniciaba las investigaciones a la SGAE por desviación de fondos y lo que sigue ya lo conocen.

Pelotazos, orgías y autodestrucción en Valencia

Vamos con otra anécdota.

Año 2008, muy poquito antes de la quiebra de Lehman Brothers. De nuevo a través de Escargot, Cantavella publica El Dorado, una crónica de 352 páginas en la que el periodista cuenta su experiencia en Marina d’Or, hasta arriba de tripis.

Con aquel libro pasaron dos cosas.

La primera es que la prensa lo recogió inicialmente por sus habilidades formales. En aquel tiempo, la crítica cultural estaba mucho menos politizada que ahora y lo que llamó la atención del libro fue, por encima de todas las cosas, su virtuosismo estilístico. Razón tampoco les faltaba.




Sin embargo, lo mejor estaba por venir. Al cabo de poco tiempo la historia nos empezó a pasar por encima y aquel libro se convertiría en una de las primeras crónicas periodísticas en relatar al detalle nuestra precipitación al vacío económico, contada desde el mayor de sus símbolos. A saber: Marina d’Or, la ciudad de vacaciones, el parque temático castellonense, el sitio del pelotazo inmobiliario y las segundas residencias en ese bastión del PP más chungo y caloret que es la Comunidad Valenciana.

Tras las experiencias de SGAE y El Dorado, Escargot se convertiría en el singular canario de nuestra mina de actualidad: cuando el periodista empieza a oler el gas, mejor que eches a correr en dirección contraria. Así que, a la vista del olfato de Cantavella-Escargot, una pregunta queda en el aire:

¿Correrá la misma suerte Rajoy que Marina d’or y la SGAE?

Tic, tac.

Tic, tac.

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