Oh! Parece ser que estás usando adblocker y lo respetamos. Por eso podrás seguir disfrutando de nuestros contenidos sin problema pero quisiéramos pedirte que lo desactivaras para nuestro site. Ayúdanos a seguir adelante y a luchar por aquello en lo que creemos.
Now
Decisiones como la de premiar a Obama, a la UE, a Kissinger, a Arafat o al mismo Santos han generado controversia y dudas sobre la independencia del Comité Noruego del Nobel. ¿Qué tienen de cierto?
07 Octubre 2016 06:00
¿Está decidido de antemano el Premio Nobel de la Paz? ¿Es una parafernalia que, al final, obedece solo a intereses geopolíticos? ¿Es la manera que tiene la diplomacia noruega de ejecutar el 'soft power'?
Son preguntas que han surgido a lo largo de la historia del Premio Nobel de la Paz. Galardonados como el recientemente fallecido Shimon Peres, Yasser Arafat o Isaac Rabin, Henry Kissinger o Barack Obama son un ejemplo de controversia. Incluso el ganador de este año, el presidente colombiano Juan Manuel Santos. También instituciones como la Unión Europea o los cascos azules de Naciones Unidas.
Además, el Nobel de la Paz es un premio que otorga el Comité del Nobel Noruego. A diferencia de las instituciones que entregan los otros premios Nobel, este Comité está compuesto por políticos. Son miembros del parlamento noruego que representan a los principales partidos. Esto solo ha alimentado todavía más las sospechas de su falta de independencia y de los intereses que pudiera haber detrás.
El Departamento de Estado y el Comité del Nobel
El periodista francés Thierry Meyssan describe, por ejemplo, los lazos que el anterior presidente del Comité, Thorbjørn Jagland, tenía con Barack Obama.
Según el periodista, el inicio de este romance se remonta a 2007, en Kenia: el entonces presidente Mwai Kibaki había cerrado en los últimos años numerosos tratos comerciales con China, en prejuicio de compañías estadounidenses. EEUU lanzó una operación a través del National Endowment for Democracy (NED, una ONG con el apoyo del Departamento de Estado y dirigida en ese momento por Madeleine Albright) para crear un movimiento político que derrotara a Kibaki. El movimiento estaba liderado por Raila Odinga, cercano a EEUU. Obama, en su calidad de Senador, apoyó públicamente a Odinga durante la campaña electoral. Pero a pesar de los esfuerzos estadounidenses, Kibaki resultó reelegido.
En ese momento, el también senador John McCain, a través del NED, dijo que Kibaki había amañado el resultado. La guerra informativa desembocó en una fuerte violencia postelectoral que dejó miles de muertos. Ante esto, el NED dejó la mediación del conflicto al Oslo Center for Peace and Human Rights, dirigido en ese momento por Jagland. La prestigiosa ONG noruega logró un acuerdo de paz en el que Kibaki aceptaba a Odinga como primer ministro de Kenia.
Un periodista francés denunció los lazos políticos entre Obama y el presidente del Comité del Nobel que le concedió el galardón
Después de la crisis keniana, la organización que dirige Jagland firma un acuerdo de colaboración con el NED. Más tarde, en 2008, Obama es elegido presidente de EEUU. De manera paralela, en el tiempo entre la elección y la investidura, Jagland es nombrado presidente del Comité del Nobel. Con apenas 12 días de plazo, el 31 de enero de 2009, se presenta la candidatura de Obama al Nobel de la Paz.
En septiembre, Jagland es nombrado secretario del Consejo de Europa, lo cual levanta los recelos del comité por la independencia que pudiera tener el presidente. Meyssan atribuye este nombramiento a las gestiones de Washington en Bruselas. A cambio, Jagland habría decantado el Nobel para Obama en señal de agradecimiento.
La historia que cuenta Meyssan puede sonar a teoría de la conspiración. Pero todavía hay más: mientras Jagland era presidente del Comité, también recibió el galardón la Unión Europea. Jagland seguía siendo secretario del Consejo de Europa. En 2015, en una decisión sin precedentes, el Comité decidió apartar a Jagland de la presidencia, aunque todavía forma parte del grupo.
En las entrañas del Nobel
De lo que no cabe duda es que el Premio Nobel de la Paz es un galardón que le gustaría recibir a todos los líderes mundiales. Su valor simbólico es total. Mariano Aguirre, Director del Norwegian Centre for Conflict Resolution (NOREF), dice que hay “campañas en favor de a quién concederlo”. Según informes del Peace Research Institute Oslo (PRIO), este año se había presentado incluso una campaña que abogaba por premiar a Donald Trump.
Pero Aguirre descarta que exista lobbying o que el premio sea un mecanismo al servicio de intereses geopolíticos: “Es una tradición que fue iniciada por pedido y legado de Alfred Nobel. Él indicó que se diese en Noruega como una forma de mostrar que los conflictos entre Suecia y Noruega, y la secesión de este último país respecto del primero, se había hecho pacíficamente”.
El funcionario explica que el Comité cuenta con expertos a quienes pide asesoramiento. Sin embargo, reconoce que la decisión sí es política "en cuanto que la paz y la guerra son cuestiones políticas".
En ocasiones se premia a personalidades controvertidas como, creo, forma de alentar a otras a moverse en esa dirección —Mariano Aguirre, director del NOREF
Conociendo los criterios del propio Comité, es más fácil entender algunas decisiones controvertidas. En numerosos casos el Comité suele priorizar a los artífices de procesos de paz, con independencia de su historia pasada. Es el caso de Arafat, Rabin y Peres en torno al conflicto árabe-israelí. O el de Kissinger en la firma de la paz con Vietnam del Norte.
En esta línea, el ganador de la edición de 2016 ha sido Juan Manuel Santos, por su papel en los acuerdos de paz en Colombia. En un principio se especulaba también con que el premio fuese compartido con Timoleón Jiménez (alias Timochenko), líder de las FARC. La candidatura parecía que no tenía posibilidades después de que el acuerdo no fuera ratificado en plebiscito.
“En unos casos reconocen procesos llevados a cabo; en otros, alientan a personalidades, grupos o gobiernos a moverse en la dirección de la paz; y en otros premian a personalidades controvertidas como, creo, forma de alentar a otras a moverse en esa dirección”, concluye Aguirre.
share