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Si Alicia fuera un personaje real, se escondería en este lugar de México

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La utopía existe, lo que pasa es que solo dura una noche

Ignacio Pato

27 Octubre 2015 06:00

Llego a la puerta y veo a tres o cuatro personas mirando algo en el suelo. Hay una caja con una gallina muerta. No esperaba menos de mi sitio favorito de la ya de por si enajenada Ciudad de México.

El Multiforo Alicia emerge en mitad de una gigantesca ciudad a la que sus propios habitantes, haciendo un juego de palabras con las letras DF, llaman el DeFectuoso. Una ciudad en la que no hay casi espacios de ocio alejados de las dinámicas más previsibles.



1. El aborto es una decisión únicamente de las mujeres

Para unos es un antrazo, para otros un laboratorio de culturas subterráneas. Yo conocía el Alicia lleno, pero ahora mi cita con Nacho Pineda, fundador y cara más visible del lugar, es un pasaporte de confianza para entrar por la tarde, justo cuando acaban de abrirlo.

Un par de alicios de entre los 19 trabajadores de este espacio maquillan el lugar. Barren y pegan mil carteles. La ocasión lo merece: hoy se proyecta Alicia más allá del abismo, un documental que repasa las dos décadas que cumple este año el espacio.



Antrazo para los biempensantes, laboratorio de culturas subterráneas para los demás




"El aborto es una decisión únicamente de las mujeres", dice la pared. Esa frase, en un país tan conservador como México, deja de ser eslogan y pasa a ser una bomba.

En las paredes también están los presos vascos, los desaparecidos de las dictaduras, los dibujos zapatistas, la Virgen de Guadalupe con pasamontañas y un collage de cientos de pegatinas con algunas de las bandas que han tocado por aquí.



2. Todos los punks querían ser indígenas

Nacho Pineda aparece con su sombrero, blasfemando y riéndose. "Una gallina muerta en la puerta da mala suerte", me dice sin dejar de sonreír. Pinedo es el capo, si es que hay alguno, de este rincón de colores.

"El Alicia nació en diciembre del 95. Todos los que estábamos alrededor éramos unos perdedores, unos 'buenos para nada'", reconoce Pineda.

Que el Alicia naciera en el 95 no es casualidad. En aquel momento, la onda expansiva del zapatismo levantado un año antes convulsionaba DF. Todos los punks querían hacer algo, todos querían ser indígenas, todos querían ser el Subcomandante Marcos.



"Todos nos impregnamos con un poco de zapatismo aquí en DF", confirma Pineda. "Comenzamos con bandas de abajo, por una mezcla de gusto y necesidad. Los grupos que sonaban en la radio, tipo Caifanes o Café Tacuba, eran muy caros".

Poco a poco, en el Alicia fueron aprendiendo a organizar conciertos, albergando a la generación a la que nadie tomaba en cuenta: todos esos grupos de ska, punk, hip hop, surf, rockabilly, trash o reggae que no cerrarán mítines del PRI o de ningún otro partido.



El Alicia nació cuando todos los punks querían ser indígenas, todos querían ser el Subcomandante Marcos




El Alicia se convirtió en un lugar en el que, tras jornadas con más de diez bandas actuando el mismo día, han llegado a tocar, aunque Pineda haya perdido la cuenta, cerca de 30.000 grupos.

Al fin y al cabo, el Alicia se sostiene sobre un argumento incontestable: es necesario. "En una ciudad como esta, levantas una piedra y sale una banda", en palabras de Pineda.

Los alicios tenían muy claro lo que querían y lo que no: "un espacio libertario, no queríamos un bar de moda, de diseño. No queríamos un bar bonito", me cuenta Pineda.



No queríamos un bar bonito, sino un espacio libertario





3. Democracia en el antro

En ocasiones en DF todo parece esponsorizado. Es una ciudad tomada por las marcas. En el Alicia las únicas que he visto son dos: Victoria y Corona, ambas de cerveza. Pineda me ofrece una, mientras van entrando los primeros espectadores del documental. Veo chicas y chicos muy jóvenes con camisetas de Negu Gorriak, Los de Abajo o Rise Against.

Los alicios intentan que el funcionamiento sea todo lo transparente posible. Pagan el alquiler del inmueble. Los grupos cobran el 60% de las entradas vendidas, que no suelen subir de 70 pesos por noche. Cada persona que allí trabaja cobra su sueldo. Una vez cubiertos los salarios, el dinero extra puede servir para mejorar el equipamiento de sonido o barras.



La democracia también atañe a quienes se suben al escenario. Todos los grupos, sea cuál sea su nombre, piden una fecha y hacen cola para conseguir su día para tocar.



Cada alicio cobra su sueldo y las entradas no suelen subir de 70 pesos cada noche


A veces antes, durante y después de los conciertos podemos ver a una comunidad respetándose a si misma: componentes de los mismos grupos que tocan ayudan a limpiar o recoger botellas de cerveza vacías.

Hace tiempo que el Alicia ha trascendido a la música. "El espacio funciona como sala de conciertos de jueves a domingo. Los martes y miércoles hacemos otras actividades, como charlas, presentaciones de libros, conferencias, vídeos, grabamos discos...", enumera su fundador.



4. 167.000 veces molestos

Hay un hecho que ilustra a la perfección lo que representa el Multiforo Alicia en el DF. Cuando Manu Chao visitó la ciudad en el 2006 metió a 150.000 personas en el Zócalo, pero al día siguiente hizo un concierto memorable en el Alicia.

Curiosamente, casi las dos décadas de vida del Alicia han transcurrido bajo el gobierno municipal del PRD, el partido teóricamente de izquierdas. ¿Ventajas? Ninguna.

"El PRD ya no es ni de centro, es el equivalente al PSOE en España. Ha hecho acuerdos con la derecha, con el PRI. Hace veinte años quizá había una mínima esperanza con ellos, pero se volvieron una mafia, parte del negocio", asegura Pineda.



"Las instituciones de esta ciudad no se preocupan de la cultura", se queja. "No creo ni que seamos una piedra en el zapato, yo creo que ni siquiera saben lo que son los espacios culturales como este. Quizá no les caemos bien porque nos reivindicamos como anarquistas y de izquierdas.



Al gobierno municipal no le caemos bien porque nos reivindicamos anarquistas y de izquierdas




El Alicia no recibe subvenciones. Al revés, este verano lo que recibió fue un revés casi mortal por parte del ayuntamiento: clausura y una multa de 167.000 pesos por una suma de sanciones administrativas derivadas de falta de señalización o venta de tabaco.

Una campaña de solidaridad contribuyó a que reabriese dos meses después. El Alicia está devolviendo el apoyo con eventos gratis como en el que me encuentro. Las luces se apagan y comienza el documental.



5. Para esto sirve la utopía

"Creo que la juventud se va volviendo cada vez más conservadora en temas como feminismo, sexo, aborto o drogas". Las palabras que me ha dicho unos minutos antes Nacho Pineda retumban en mi cabeza. Miro alrededor y veo a los chavales sentándose en el suelo para ver la historia del Alicia.

Muchos deben venir del instituto. Les delata la mochila y ese tonteo en grupo con los compañeros o con "esa chica".

Todas las veces que he estado en el Alicia he visto coreando a voz en cuello himnos a la amistad a jóvenes que quizá en el instituto son molestados. He visto comerse a besos a parejas que quizá no son aprobadas por sus padres. ¿Cuánta gente se ha besado allí por primera vez?



¿Cuántos primeros besos han tenido lugar en el Alicia?




He visto a oficinistas solitarios de traje, corbata y cerveza sonreír quizá por primera y única vez ese día.

Más o menos como en este momento, en el que veo a chavales y chavalas con la mirada fija en un punto, pensando que así es como tendría que ser su mundo de mierda.

La utopía existe. Es solo que dura apenas una noche.



Mucha gente pequeña en lugares pequeños haciendo cosas pequeñas...




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