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Miranda July: vida y obra de la musa hipster

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Con su primera novela, la autora nos muestra un mundo de pasiones desenfrenadas en mitad de una relación lésbica y tóxica entre sus dos protagonistas

Helena Moreno Mata

13 Octubre 2015 16:57

Hay muchos tipos de mujeres. Mujeres valientes, intempestivas y tradicionales. Mujeres que viven arraigadas al pasado anhelando siempre algo que no llega. Mujeres que se limitan a vivir el presente para sentirse satisfechas. Y mujeres que desbordan pasión en todo aquello que hacen. Miranda July es precisamente de ese tipo.

Cuando todavía estaba en la etapa de la vida en que cuestionarse la existencia es prácticamente una necesidad, se unió al colectivo feminista y punk Riot Grrrls. Bajo el lema do it yourself, inició un proyecto donde preguntaba a mujeres qué película harían si pudieran.

Poco más tarde se mudó a Portland; con la juventud a flor de piel, empezó a desarrollar un carácter que eclipsaba a algunos y sorprendía a una inmensa mayoría. Sincera, transgresora y a veces críptica, Miranda July no sólo no tenía miedo de enfrentarse a la realidad: la retaba.



July creció enamorada de Sophie Calle, Patti Smith o Kathleen Hanna. De esta última, perteneciente también del movimiento Riot Grrrls, aprendió que a veces está bien mentir para conseguir lo que uno quiere. “Me pasé mucho tiempo mintiendo sin parar. Una década después pensé que quizá ya era momento de acabar con aquello”.

Y así, poco a poco fue desprendiéndose de esos años de rebeldía y transgresión y convirtiéndose en la musa hipster de hoy.

Una musa que conserva la esencia de ese carácter arrollador y que en El primer hombre malo (Literatura Random House), su primera novela publicada recientemente, refleja la madurez de todo ese tiempo. Y es que ese libro muestra la locura, la pasión y la fuerza que siempre han marcado su vida.

La primera novela de Miranda July es precisamente un reflejo de la locura, la pasión y la fuerza que siempre han marcado su vida


Con una voluntad por dejar rastro de todo lo que un día la marcó, Miranda July transforma a cada uno de sus personajes en alguien real; a quien puedes palpar, sentir de cerca y quizás más tarde rechazar. Como la protagonista de El primer hombre malo; Cheryl Glickman, que es vulnerable y valiente al mismo tiempo.

Glickman trabaja en una organización que hace vídeos de mujeres que se autodefienden de un mundo que busca estereotiparlas cada vez más. Pero su neurosis -se siente perseguida por un bebé que conoció cuando tenía seis años– la distancia de todo aquello a lo que ella en realidad querría acercarse.

Por si fuera poco, su vida amorosa es algo así como un obillo de enredos; está obsesionada con Phillip Bettelheim, compañero de trabajo. Siempre ha soñado que en otra vida han tenido una conexión especial. Onírica e incapaz de estrechar sus vínculos afetivos, Cheryl sólo intenta convencerse de que todo va bien.

De que sus manías no son más que pequeños trastornos sin importancia.


Aquí la perversión sexual se convierte en salvavidas



Sin embargo, la realidad es distinta: su vida está llena de inseguridades. Y con ellas la ansiedad, la angustia y el dolor. Hasta que Clee irrumpe en su vida con la misma fuerza que un ciclón, arrasando con todo, haciendo del sexo un arma de doble filo en la que ambas hallarán su refugio.

Clee es grosera y provocativa. Tiene veinte años y es la hija del jefe. Con ella iniciará una serie de aventuras donde el sexo, la pasión y, no nos engañemos, la diferencia de edad, jugarán a su favor. Cheryl redescubrirá su interior y dejará por fin sus inveciones como mecanismo engañoso de autodefensa.

Y se abrirá en todos los sentidos a esa joven que apenas está descubriéndose a sí misma. Su obsesión por crear fantasías sexuales gráficas e incluso perversas hará que se deje seducir de tal forma que arrastrará al lector a la sexualidad y le hará despertar de todo aquello que lo mantiene adormecido.   

Igual que la protagonista de El primer hombre malo, Miranda July tiene mucho de valiente y nada de conformista. Su voluntad por ir siempre más allá, por descubrir los límites de todo hasta acariciar el peligro y ver el terror frente a sus ojos.

Y es que la autora se baña en la posmodernidad; tan polifacética como capaz de arroparse a la vida en cualquiera de sus circunstancias, también hace performances, lecturas radiadas y juegos con los lectores mediante sus páginas en la red.

"?Hace muchos años que tomé la decisión de elegir no elegir, de que no iba a escoger, mucho antes de la película o del libro. Es algo que no tiene nada que ver con el éxito. Es una elección en el sentido de que creo que todas estas cosas están muy relacionadas y no quiero sentirme atrapada en una sola.", explica la autora hablando de su propia obra.

Porque Miranda lo único que quiere es dejarse llevar por todos esos impulsos que mueven sus pasiones, que la hacen sentir viva y capaz de seguir recreando su imaginario mundo, a veces fantástico, pero donde lo real siempre está ahí, ligado a la sociedad.

Si hay algo que tiene July es esa capacidad por mantener una imagen fresca, actual, pero abrazada en todo momento a una crisis existencial que nos golpea constantemente.

Que nos hace frágiles y nos recostruye con lecciones de moral.

Para seguir aprendiendo que la vida no es dos más dos; y que el futuro no es ni la mitad de previsible de lo que imaginábamos. 




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