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Hablamos con los economistas Juan Ramón Rallo y Alfredo Serrano, las dos visiones enfrentadas sobre la crisis griega
30 Junio 2015 18:50
La crisis entre la troika y Grecia han convertido a Bruselas en unas nuevas Termópilas. Grecia aguanta frente a un enemigo mucho más poderoso sin saber cuál será el desenlace. Como los resultados del combate son inciertos y tienen a media Europa alerta, hemos hablado con dos economistas de signo totalmente opuesto: Juan Ramón Rallo y Alfredo Serrano nos cuentan sus impresiones sobre esta crisis y sobre quién dará el gancho final, en la que, posiblemente, sea la pelea política más importante de Europa en lo que vamos de siglo.
Antes de comience la lucha entre nuestros dos economistas, si oyes hablar de Grecia en la tele pero no te enteras de nada, la respuesta es sencilla:
¿Qué ha pasado en Grecia hasta ahora?

Alfredo Serrano: por qué tiene razón Tsipras
En este punto estamos ahora: Tsipras se ha negado a aceptar las condiciones de austeridad para un nuevo rescate. Y ha dicho que someterá a referéndum del pueblo la propuesta de la troika. Que sean los griegos los que decidan. Si Grecia no obtiene ese rescate, lo podría obtener de bancos asiáticos o de países como Rusia o China, al mismo tipo de interés que le ofrecía la troika, pero sin la imposición de la austeridad, como nos comenta Alfredo Serrano.
Entonces ¿por qué Grecia no le da la espalda a la troika y se va?
“A Grecia le interesa seguir en la Unión Europea por su modelo de integración y fortaleza como actor internacional. También por la transferencia de tecnología y otras ventajas del espacio común. Y sabe también que a la UE le interesa que Grecia no se vaya: porque si uno de sus miembros se va, la UE pierde toda credibilidad como plaza para inversiones. Se rompe todo el modelo de integración”, nos dice Serrano.
Para el economista, es cierto que Grecia está en un apuro. Pero la UE está en uno mayor: Serrano cree casi imposible que la UE deje que uno de sus miembros esté en una situación de corralito (en la que se controlan los flujos de capitales) y que salga del euro.
Por tanto, aunque ha tensado mucho la cuerda, según esta visión, Tsipras juega con ventaja.
Es cierto que Grecia está en un apuro, pero la UE está en uno mayor
Lo que quiere Tsipras es que la troika le perdone hasta un 50% de la deuda, y el otro 50% lo pagará en 40 años. Pero la troika no quiere perder el dinero, ni tener un problema con países como España, que sí han pagado y han aplicado la austeridad.
Así que para Serrano, la encrucijada de la UE es difícil, pero solo es la encrucijada de la UE: el coste político de debilitar al euro por perder un miembro sería mucho mayor que el coste de que los países que han cumplido se opongan y que el coste económico de no recibir todo el dinero prestado.
Juan Ramón Rallo: por qué tiene razón Merkel
Para Juan Ramón Rallo, la perspectiva es totalmente diferente: en las diferentes negociaciones hasta llegar a la ruptura de este fin de semana, la troika ha rebajado sus condiciones. Por ejemplo, ha establecido mayor flexibilidad y una reducción de los objetivos de déficit. Esto significa que Grecia no tendrá que pagar tanto. Según Rallo, la troika ha hecho una oferta generosa para que acepte el rescate y no rompa la UE.
El economista tampoco entiende qué condicionantes más tendrían que darse para que Tsipras aceptara la ayuda de la troika. Asumiendo que la troika no permitirá quitar la deuda a Grecia, Tsipras no da alternativas para que las negociaciones sigan adelante, sino que solo propone seguir endeudándose más, manteniendo los servicios sociales, a los que no quiere renunciar.
Según el punto de vista de Rallo, Tsipras tiene que aceptar la austeridad como única vía para disminuir el endeudamiento progresivamente. Por otro lado, prevé que las condiciones de financiación de otros agentes que no sean la UE o el FMI no están garantizadas. Por esto, asegura que se prolongaría el corralito y los griegos no lo aguantarían.
Entonces, ¿qué ocurrirá al final?
Es cierto que en este combate, la UE parece mucho más tranquila que Grecia. Pero Grecia no ha dado su brazo a torcer y ha forzado el pulso con la seguridad de que la UE no se permitirá generar esa incertidumbre sobre ella.
Tsipras se la está jugando, está claro. Y eso ha irritado a la troika, que jamás hubiera pensado que Grecia pudiera llegar tan lejos. Cuando la situación es desesperada, pegar puñetazos a mansalva es la única opción: exigir a Alemania el mismo trato que recibió ella después de la Segunda Guerra Mundial, y no aceptar el que recibió después de la Primera y que provocara la Segunda.
En este combate, la troika no esperaba que Tsipras golpeara tan fuerte
Nadie sabe qué ocurrirá al final: si Tsipras se sentará de nuevo en la mesa de negociación o si se celebrará el referéndum el próximo 5 de julio en que los griegos tendrán que decidir.
Y, si sale el no, la troika se verá forzada a elegir entre el dinero y un conflicto político interno o en la incertidumbre que implicaría que uno de sus socios abandone la zona euro.
O la dignidad y caer en el abismo; o la estabilidad y la dictadura de la troika
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