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La adicción al embarazo y otras formas subversivas de ser madre

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María Llopis acaba de publicar 'Maternidades subversivas', un conjunto de entrevistas sobre la maternidad y la paternidad que pretenden derribar tabúes y crear debate

Luna Miguel

30 Octubre 2015 08:08

-Retrato e imágenes de interior de César Segarra en HfS

“No es casual que los órganos que dan vida y los que producen placer sean los mismos”, dice María Llopis cuando le pregunto por qué cree que a nuestra sociedad le da tanto miedo asumir la maternidad como una experiencia que puede llegar a ser erótica.

Llopis acaba de publicar el libro Maternidades subversivas en la editorial Txalaparta, un conjunto de entrevistas a varios personajes que han afrontado lo maternal de maneras muy distintas. Desde la propia portada, sabemos que este libro va a ser incómodo, incendiario, diferente.


Cuando un biberón se convierte en una bomba



En la cubierta no hay espacio para las metáforas, y el mensaje es muy directo: en ella vemos un biberón ardiendo, como si fuera un cóctel molotov preparado para dinamitar ciertos tabúes sobre lo que significa engendrar, dar a luz y criar en nuestros días.

Llopis habla de mujeres que redescubrieron su sexualidad gracias al parto, padres trans que dejaron de hormonarse para poder engendrar a un bebé, madres solteras, activistas, defensoras de la lactancia compartida, o del parto natural, o del estudio de la sexualidad en los niños.

Su propósito es dar visibilidad a sus luchas, y también de demostrar que muchos de sus casos, aunque hoy parezcan excepcionales, quizá hoy sean sólo el inicio de un camino hacia una maternidad más plural, natural, salvaje y respetuosa.

La adicción a la maternidad



A pesar de las molestias, cuando estás embarazada te sientes “de puta madre”. Redescubres tu cuerpo. Redescubres tu sexualidad. Disfrutas del baile de hormonas que te hace sentir tranquila, o especial, o extasiada, o simplemente distinta a como te sentías antes de quedar encinta.

María Llopis describe esta sensación como algo precisamente indescriptible. De hecho, en las primeras páginas de sus Maternidades subversivas, lo primero con lo que nos encontramos es con una entrevista a Sarri, quien reconoce que sus dos embarazos han sido lo mejor que ha experimentado en su vida.

“Yo estoy hecha para estar preñada”, dice Sarri, y reconoce que no le extraña que en el pasado a muchas mujeres no les importara estar continuamente embarazadas, pues esa sensación puede llegar casi a convertirse en una especie de adicción para quienes logran disfrutar al máximo sus embarazos.


Ser madre cambió mi sexualidad



Sarri cuenta que antes de parir a su primer bebé, ella era muy fría en sus relaciones sexuales y en su vida en pareja. Sin embargo, lo que sintió tras su primer parto le hizo despertar, y descubrir que su cuerpo podía dar más de sí, y eso, definitivamente, le cambió su manera de mirar el mundo.

“Ha cambiado toda mi sexualidad, porque sin darme cuenta yo tenía un peso cristiano muy grande que se disolvió […] He aprendido a ser fiel a mí, no fiel a las personas.”

Ser madre y ser padre a la vez



Otra de las entrevistas más interesantes de Maternidades subversivas es la que María Llopis realiza a su amigo Erik Huma, un joven transexual de Barcelona que hace años había empezado a hormonarse para su transformación en hombre.

En un momento de su vida, Erik decidió que quería ser padre. Para ello, con el apoyo de sus amigos y compañeros, emprendió un viaje a la paternidad desde su propio cuerpo, siendo él quien pariera a la que ahora es su hija Zoeh.

Zoeh le llama papá, aunque sabe de sobra que fue gestada dentro de él. El propio Erik reconoce haber sentido dudas cuando ella decidió llamarle así, porque en cierto sentido él es mucho más que su padre.


Erik es un hombre, pero él fue quien gestó a su hija Zoeh en su propio cuerpo



El caso de Erik, como él mismo cuenta, no es para nada una excepción. Conoce a otros padres trans en Barcelona, y de hecho su embarazo llegó a buen término gracias al gran trato que recibió en la única clínica de la ciudad especializada en personas intersexuales.

Cuando el proceso comenzó, él tenía miedo de que sus años de tomar hormonas pudieran afectar al feto, pero al final todo salió correctamente, tuvo un embarazo muy especial, y un parto con epidural en el hospital.

Ahora la vida con su hija le está ayudando a aprender de sí mismo y de su cuerpo, quizá porque los niños logran comprender mejor cosas que a nosotros nos ha llevado toda la vida entender o aceptar.

Hablar, para reconocerse y aceptarse



Cuando escribes sobre un tema que te preocupa y que está considerado como un tabú, lo más emocionante que puede ocurrirte es que tu bandeja de entrada se llene de emails y comentarios de otras personas que, al leerte, se han sentido no sólo identificadas sino también liberadas.

Eso es lo que María Llopis cuenta a propósito de uno de los temas centrales de Maternidades subversivas, que es el de asumir la maternidad como un estado sexual más de nuestro cuerpo, que nos puede llegar a producir un placer infinito, al que a menudo nos han negado.

“Cuando hablamos de experiencia sexual en seguida pensamos en penetración heterosexual, y lo cierto es que nos estamos equivocando. Lo sexual va más allá, lo sexual empieza cuando somos niños, y crece con nosotros, porque no tiene límites”.

Dice Llopis que recibe muchísimos emails de madres que se sentían mal o extrañas por haber sentido placer al parir, al dar de mamar, o al tener una conexión especial con sus pequeños.


Una verdadera relación amorosa es aquella que se establece entre una madre y su bebé



El hecho de verse reconocidas en algunos de los testimonios que ella recoge en su libro, les ha producido gran alivio. No están solas. No es raro. No es malo. Lo que les ocurre es completamente normal.

A este respecto, una de las conversaciones más interesantes es la que Llopis mantiene con la escritora Helena Torres, donde la autora afirma que su mejor relación sexual e íntima la había mantenido con su propio bebé cuando le daba de mamar. “Estaba enamorada. Me quedaba horas extasiada, mirándolo”.

Para ella, este tema no debería ser tabú, sino que debería explicarse y comprenderse bien. Y es que el amor que una siente hacia su bebé cuando este es aún muy pequeño, es el que sentará las bases de todo lo que vendrá en adelante —la confianza, la comprensión, el cariño—.

“No vas a estar toda la vida así. Eso sería dañino para todos. Pero esa conexión inicial tan fuerte no se diluye, sino que se trasforma. Aprendes a soltar. Y ahí deberíamos aprender que ese amor es verdadero porque ya no necesitas estar con la otra persona: ya estás con ella”.




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