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¡Al carajo Sendero Luminoso, yo quiero una novia punk!

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Una paseo entre apagones y bombas con Martín Roldán que, como no tuvo una novia punk en los 80, tuvo que inventársela

Ignacio Pato

30 Octubre 2015 06:00

Capítulo 1 - Los perros de Sendero

Una mañana cualquiera. A clase. Sales a la calle y ves decenas de perros ahorcados en las farolas del centro.

¿Qué carajo significa esto? Pues, más o menos, que han empezado la muerte y tu propia vida a la vez.

Sendero Luminoso se presentó exactamente así en Lima en diciembre de 1980. Mientras todo el país se preguntaba qué coño tenía que ver Mao Tse-Tung con un genocidio canino, una generación de adolescentes sentía ese ansia irrefrenable de sudor ajeno en forma de sexo, pogos o peleas.

Era la generación coche-bomba que ha retratado Martín Roldán en el libro del mismo nombre. Él lo vivió todo y ahí lo cuenta a través de un alter ego.



Decenas de perros ahorcados, ¿qué carajo significa esta locura?



Capítulo 2 - Quiero una novia punk

Solo ha mentido en una cosa. "Nunca tuve la novia punk que alguna vez deseé, y como no la tuve me la inventé para Generación cochebomba. Aparte de que no había muchas punkis, las que había iban con los de la new wave o los dark... y yo me movía en ambientes más lacras", nos cuenta Roldán desde Lima.

Roldán es hijo de esa clase media empequeñecida a base de despidos paternos que ante el "no futuro" hizo lo que mejor les pareció: abrazarlo como una fe. O sea, hacerse punks.



Nunca tuve la novia punk que deseé, así que me la inventé



Cualquiera que haya estado en Lima los ha visto. Chavales imberbes de unos 15 años, con crestas de medio metro como las de hace 30 años, que llevan camisetas de grupos vascos de la época: Kortatu, RIP, Cicatriz, Eskorbuto o La Polla Records. En la capital peruana, como en otras partes de Latinoamérica, se sigue apreciando aquella basura-en-tu-idioma.   



Kortatu, RIP, Cicatriz, Eskorbuto, La Polla Records... banda sonora de la Generación Cochebomba



"Eskorbuto me cambiaron la vida. Su disco Eskizofrenia me descomputó. Eso fue en el 85, con 15 años. Decía Cavafis que en algún momento a todos los hombres le llega el día en que tendrán que decidirse por un 'Gran Sí' o por un 'Gran No'. Mi día llegó cuando me prestaron un cassette de Eskorbuto y decidí decir 'no' a muchas cosas", cuenta Roldán. Luego vendrían bandas peruanas como Leusemia, Narcosis o Autopsia. Todos nombres optimistas.

El problema es que en la Lima de los ochenta ni había futuro para los jóvenes ni el país entero parecía tenerlo. La inflación disparaba los precios y se vivía bajo toque de queda mientras Sendero Luminoso rodeaba espectacularmente la capital.

Capítulo 3 - Antorchas de fuego contra el Papa

Sendero Luminoso no podía haber elegido un adjetivo mejor. Iluminado parecía estar su líder supremo, Abimael Guzmán, un catedrático de Filosofía que un buen día decidió que había que instaurar un régimen campesino de inspiración maoísta en Perú de la única manera en la que la realidad lo permitía: a las bravas.

Tras un sangriento avance desde los Andes, Sendero estaba a punto de conquistar Lima en la segunda mitad de los ochenta. Dos acciones definen la propuesta de Sendero hacia los limeños, incluidos los punks como Roldán, de aquella época.



Sendero Luminoso desafió brutalmente al estado peruano y a punto estuvo de tomar Lima


Uno: dinamitar torres de alta tensión para provocar apagones absolutos en la ciudad. "Cuando te agarraban en casa, vivíamos los apagones románticamente bajo la luz de las velas" afirma con cierta ironía Roldán. "Todo era caos si estabas en la calle. La atmósfera era aterradora. Un apagón era el preludio de un atentado. Había que evitar locales públicos, bancos o embajadas. Eran los blancos predilectos. También evitar un auto mal estacionado o paquetes sospechosos en las veredas".

En febrero del 85 Juan Pablo II visitó Lima. Sendero Luminoso quiso celebrar la última noche del Papa en la ciudad con un espectáculo de luz. Dejaron a oscuras el 90% de Lima mientras en una montaña cercana encendían varias hogueras que formaban una hoz y un martillo de fuego gigantes. Este era el ambiente.



Sendero forzó un apagón masivo mientras estaba Juan Pablo II en Lima. En una montaña cercana, varias hogueras formaban una hoz y martillo de fuego gigantes



La otra acción favorita de Sendero era, por supuesto, las bombas en coches o paquetes. "Estaba sentado con amigos y escuchamos una explosión a lo lejos. Estábamos acostumbrados y continuamos conversando, hasta que sonó otra más cercana. Vi a nuestro lado un paquete envuelto en una bolsa plástica de color negro. Les dije a mis amigos que saliéramos de ahí, que habían puesto una bomba". Corrieron.

Roldán tenía razón, el paquete explotó.


Capítulo 4 - La forma de la vieja guardia

Hace tiempo que en Lima ya no hay coches-bomba. Eso sí, tres características siguen definiendo a la ciudad igual que hace tres décadas: el smog o niebla de contaminación que la cubre, el olor a comida de los chifas —restaurantes chinos, los hay a centenares— y la cantidad de niños que merodean por sus calles.

"Aún hay petizos, pirañitas  —niños de la calle — que siguen inhalando Terokal, la marca del pegamento que usaban ya en los ochenta. Los pastrulos siguen con la pasta base. Y la coca, que en esos años era droga para pitucos  —pijos —, ahora está por todas partes", dice Roldán sobre la trayectoria de tres sustancias recurrentes en su novela.



En Lima sigue habiendo smog, chifas, niños inhalando Terokal... y punks



La generación coche-bomba acabó haciéndose adulta en un Perú al que al votante le daban elegir entre Fujimori y Vargas Llosa. Mantener el espíritu punk que hoy en día mantiene Roldán ha sido casi cuestión de supervivencia ante tanto gris feo.

Roldán no recuerda aquel tiempo con nostalgia. Hoy es un escritor valorado por la crítica, pero su pasión literaria comparte su corazón con su guitarra — ha tocado con diversos grupos— y con Alianza de Lima, equipo del que es barrista militante.

Y sobre todo, conserva a sus amigos.

"Sigo viéndome con los protagonistas de la novela, que son amigos míos", cuenta Roldán. "Uno es skinhead y trabaja de chef. Tiene el cerebro medio quemado, pero sigue siendo un buen amigo. Otro tiene una banda de crust. Otro es un padre de familia que vive en Nueva York".

"Están también Erick y Fredy. Uno es un publicista autodidacta que sigue haciendo la mismas locuras de entonces. El segundo es otro loco que sigue yendo a discotecas dark de Lima", cuenta Roldán sobre sus amigos. Los de entonces, que son los de ahora. Los de los apagones y las bombas.


Con trabajo o sin pelo, un verdadero punk nunca deja de serlo







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