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Artículo La insoportable sensación de no oír jamás el silencio Now

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La insoportable sensación de no oír jamás el silencio

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Zumbidos, pitidos o una caótica orquesta de grillos: una de cada cinco personas escucha un ruido constante que solo está en su propia cabeza

silvia laboreo

02 Febrero 2018 06:00

Ramón Martín llevaba varias semanas estresado por la desaparición de su madre, una mujer anciana con problemas de demencia senil. Él vivía en Barcelona y ella en un pueblecito de Extremadura a más de 800 kilómetros de distancia. La angustia de no saber su paradero, unido a la imposibilidad de estar allí para seguir de forma exhaustiva el operativo de búsqueda, fueron los desencadenantes de la orquesta desorganizada que este hombre escucha desde hace 25 años en su cabeza. “¿Tú sabes lo que son los grillos? Yo tengo algo así, varios pitidos que hacen piriiii piribuuuu”, intenta describir Ramón.

Padece acúfenos, una condición que afecta a más del 20% de la población mundial. Un zumbido, un siseo, un pitido constante con diversas frecuencias e intensidades que solo puede ser escuchado por el propio paciente. Un sshhzhzzh, bip-bip-bip, un bisbiseo que hace que nunca haya silencio en su vida. ¿Cómo escapar de él? ¿Cómo es vivir sabiendo que el silencio no existe?

El infierno de no escuchar el silencio

“Realmente es un infierno cuando aparece”, se lamenta Cristina, una fotógrafa de Barcelona que tiene acúfenos desde hace aproximadamente 6 años. Un verano en la playa cogió una infección en el oído izquierdo, luego fue a un concierto y al salir de la sala llegó el zumbido que a día de hoy le acompaña. “Te crees que te vas a volver loco, es un momento muy potente y te rompes”, cuenta por su parte David Arratibel. A él, el acúfeno le coincidió con una crisis personal a todos los niveles. Sentía que había tirado su vida por la borda y a raíz de eso aparecieron los ataques de ansiedad, los de pánico y un sonido como de cigarras que se repetía en bucle en su cabeza. “Fui al otorrino y la enfermera de la audiometría me dijo ¿acúfenos? que sepas que no se cura. ¿sabes cómo funciona el alma? pues el oído tampoco. Hay mucha gente que se tira por la ventana”, recuerda David, autor de una película documental sobre los acúfenos, Oirse, en la que relata la experiencia de aquellos que conviven diariamente con un “sonido inexistente”.

Precisamente así es como se ha definido el acúfeno durante muchos años, “la percepción de un sonido donde no existe fuente sonora externa que lo provoque”. “Eso ha variado y las últimas definiciones del acúfeno dicen que realmente se trata de un sonido real”. Habla Isabel Diges, audióloga experta en tinnitus y miembro del grupo de trabajo del proyecto TINNET, el más importante a nivel europeo sobre este trastorno. “El paciente lo que escucha en la gran mayoría de los casos es el funcionamiento de la actividad cerebral”, explica la especialista. Estos sonidos normalmente no se perciben gracias a la existencia de filtros neuronales en el sistema cognitivo que impiden que esa actividad cerebral, eléctrica o vascular llegue a la consciencia. “Cuando hay una alteración en algunos de estos sistemas, el filtro se altera y empezamos a ser conscientes de este tipo de sonidos”, resume Diges.

De problemas emocionales a la edad, las causas del acúfeno

¿Y qué es lo que produce esta alteración? “A día de hoy seguimos sin poder objetivar la causa del acúfeno y dónde se origina. En la gran mayoría de casos el acúfeno está relacionado con problemas acústicos pero hay pacientes que tienen audiometrías normales que también perciben acúfenos. E incluso pacientes sordos que también los tienen”, explica Isabel. Al igual que cada persona siente una frecuencia, un volumen y un tipo de sonido distinto, también las posibles causas son muy personales. Por ejemplo, una de las causas es la pérdida de audición por la edad. Este “achaque” ha afectado a Maurina Ruesga, una mujer de Barcelona a la que el acúfeno llegó un domingo por la mañana. “Estaba leyendo con mi café y de repente sentí un ruido dentro de mí”, recuerda. “Como cuando desinflas un globo y sale aire...ssshhhh. Fui al médico y me dijo lo que había. Tengo la suerte de que no me produce dolores de cabeza, ni insomnio. Lo escucho desde hace 3 o 4 años y ya me he acostumbrado”, explica Maurina.

Otras veces el tinnitus (otro de los nombres con el que se conoce este fenómeno) llega tras someterse continuamente a ruidos intensos. También por traumatismos, otitis mal curadas, alteraciones de la mandíbula, problemas cervicales o la prescripción de fármacos ototóxicos. Esto es lo que le ocurrió a Josep Boronat, presidente de la Asociación de Personas Afectadas por Tinnitus (APAT).

Desde hacía tiempo, Josep sentía un acúfeno de baja intensidad, casi imperceptible y por el que ni siquiera había ido al médico. Hace 12 años le prescribieron una variante de la aspirina para tratar sus problemas circulatorios. “El médico me lo prescribió diciéndome que no había ningún problema. Obviamente no me preguntó si yo tenía acúfenos y yo tampoco se lo dije. Al cabo de 15 días el problema circulatorio estaba resuelto pero el acúfeno se agravó”, cuenta. Así es como ese sonido casi anecdótico que le había acompañado durante años pasó a ser una de las cosas más importantes de su vida. “Sentía como si cayera agua al lado de mi oído. Como si viviera al lado de las cataratas del Niágara”, recuerda el presidente de APAT.

En la gran mayoría de casos el acúfeno está relacionado con problemas acústicos pero hay pacientes que tienen audiometrías normales que también perciben acúfenos. E incluso pacientes sordos que también los tienen”

Isabel Diges, experta en acúfenos

A veces, el acúfeno llega sin saber por qué. Ese es el caso de Joaquim Pérez, que escucha un ruido como “de ventilador viejo, de freidora o similar al de una sartén al fuego” desde hace aproximadamente 10 años. “No sé muy bien cómo llegué a esto, nunca he llegado averiguar el porqué de mi acúfeno”, mantiene Joaquim.

En otras ocasiones la causa no hay que buscarla en lo físico, sino en los problemas emocionales. “Los procesos cognitivos, aquellos que hacen que la percepción del acúfeno se incremente, pueden alterarse por estrés mental, inadecuada gestión de las emociones, emociones muy negativas, problemas sociales, a nivel personal y laboral, todo lo que nos pueda provocar trastornos de comportamiento. Y añade: “estos procesos emocionales pueden ser también el desencadenante de la percepción de un acúfeno”.



La vida con un pitido constante: ansiedad, depresión, insomnio… y falsos mitos

El principal problema con el acúfeno es la falta de un equipo de diagnóstico. “No hay un protocolo a nivel público para diagnosticar los acúfenos a pesar que más del 20% de la población se queja a nivel esporádico y un 4% lo tienen crónico”, denuncia Josep Ribas Fernández, psicólogo de la Asociación APAT. Diagnosticar este trastorno no es fácil y muchos pacientes peregrinan de médico en médico hasta saber lo que tienen.

Y es ahí cuando llega el golpe.

“No tiene cura”, dicen algunos médicos. “Yo pasé días malos por temor a que se agravara. Me ponía a trabajar y la mente se me iba al acúfeno. Al levantarme por la mañana lo primero que hacía era escuchar el sonido, era angustioso”, cuenta el presidente de APAT.

A otros, el acúfeno les da dolor de cabeza, ansiedad o pérdida de calidad de vida, sobre todo en los primeros meses. A algunos, como a Ramón, el zumbido de grillos les impide dormir. “La noche en la que duermo dos horas seguidas es una gran satisfacción”, se lamenta.

Fui al otorrino y la enfermera de la audiometría me dijo ¿acúfenos? que sepas que no se cura. ¿sabes cómo funciona el alma? pues el oído tampoco

David Arratibel

Muchos recurren a internet, a foros donde se proponen mil y un remedios y donde el fantasma del suicidio asusta y hunde ánimos. “Hay gente que se suicida por el acúfeno, ese el error más grande que circula por internet”, denuncia Isabel Diges. “Un paciente con acúfeno no se suicida por acúfeno, se suicida porque otros problemas que tiene hacen que el acúfeno incremente su percepción, pero no se suicida por el acúfeno”, remarca la especialista. “Es molesto tener un ruido de manera constante ahí, está claro. Pero hoy en día hay muchas posibilidades de tratarlo, no desde la causa sino de la percepción”, añade.

Es cierto que actualmente no hay una cura, pero con el tiempo y el tratamiento multidisciplinar correcto los pacientes más afectados por el acúfeno pueden reducir la percepción del sonido. En la asociación APAT ofrecen un grupo de ayuda mutua donde, con la ayuda de un psicólogo, los afectados por acúfenos se reúnen y se dan apoyo. “Sienten que no están locos, que es algo que también le pasa al vecino. Y eso es muy importante para los pacientes”, manifiesta Josep, psicólogo encargado de la terapia.

Josep, por ejemplo, hizo una terapia cognitivo conductual de habituación a los acúfenos que le ha servido para dejar de pensar en ellos. A David le ayudó meditar. "No fui a la meditación por los acúfenos pero allí encontré una absoluta relativización sobre el tema. Es como toda obsesión, si te cortas el pelo de una manera y no te gusta no te lo puedes quitar del pensamiento. Si estás muy atento al pitido pues lo oirás más, pero si le quitas importancia al tema te descubres de repente no escuchándolo", cuenta David.

Un paciente con acúfeno no se suicida por acúfeno, se suicida porque otros problemas que tiene hacen que el acúfeno incremente su percepción

Isabel Diges, experta en acúfenos

Pero, sobre todo, hay que huir de los "milagros". "Algunos de los tratamientos actuales no están contrastados y en otros es el efecto placebo el que causa la mejoría", explica Isabel. "Uno de los errores principales que cometen los pacientes de acúfenos es dar palos de ciego, hacer todos los tratamientos que encuentran en internet porque hay un grupo de personas que dicen que han mejorado. Eso genera frustración y rabia y un incremento en la percepción del acúfeno".

Hay pacientes que mejoran con vasodilatadores, otros con la aplicación correcta de terapias de sonido. Otros notan alivio con una dieta más sana pero eso no quiere decir que a otra persona le vaya a funcionar. "La única manera de saber si tenemos que retirar ciertas cosas de la dieta es comprobarlo, controlarlo y si vemos que no pasa nada por beber una copa de vino ¿por qué no hacerlo?", tranquiliza Isabel.

Joaquím han perdido concentración a la hora de leer un libro, Maurina se pone la radio o música cuando está sola en casa y Cristina ha dejado de acudir a tantos conciertos y cuando lo hace va armada con sus tapones especiales. "Me gustaría tener al menos media hora de silencio para recordar lo que es", resume Ramón al final de nuestra charla. "Es molesto escuchar una jaula de grillos, pero tengo que tirar para delante, vivir con ello y dar a la gente la información que a mí no me dieron cuando fui al médico".

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