PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

A siete semanas de las elecciones, ¿quién representará a los indígenas en México?

H

 

Sostienen que los proyectos extractivos, la presencia del Ejército en sus territorios y la izquierda institucional les ha traicionado. ¿Puede López Obrador volver a atraer a los indígenas?

astrid otal

09 Mayo 2018 06:00

Después de que candidata indígena nahua María de Jesús Patricio Martínez, más conocida como Marichuy, no alcanzara los apoyos suficientes para concurrir a las elecciones de México, la comunidad indígena se queda huérfana.

“No hay ningún partido que recoja las reivindicaciones indígenas. Nunca nos han escuchado”, resumen desde el Congreso Nacional Indígena (CNI).

Marichuy iba a ser un temblor: mujer, indígena y pobre, colándose en la fiesta de los arriba. La pretensión no era alcanzar el poder. El objetivo era meter en la campaña electoral temas que quedan relegados: que les están echando de sus tierras y que las minorías -conformadas por millones que representan el 9% de la población mexicana- viven en una situación de marginación en el país.

Lo más probable es que el próximo 1 de julio Andrés Manuel López Obrador, (AMLO) arrase con el 47% de los votos y se convierta en el nuevo presidente de México. A pesar de tener a grandes empresarios en contra -entre ellos al hombre más rico de México, Carlos Slim, por oponerse a la construcción del nuevo aeropuerto en Ciudad de México donde Slim tiene intereses-, existen dudas acerca de si AMLO, del partido de izquiedas Movimiento Regeneración Nacional (Morena), asumirá las demandas indígenas a su agenda.

En un país fuertemente militarizado, con desalojos constantes en nombre de inversiones extranjeras consentidas por la izquierda tradicional, las promesas valen poco.

Primer desencuentro: zapatistas y López Obrador

El desencanto de la comunidad indígena con el establishment político puede seguirse como migas de pan. Hartos de estar excluidos, los zapatistas pusieron encima de la mesa nacional sus demandas hace veinte años. Tomaron las armas.

En 1994, el mismo día en el que México entraba en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el Ejército Zapatista de Liberación Nacional se levantaba. Ante un país que abría sus puertas al capital extranjero, se globalizaba y ponía en peligro los territorios, unos campesinos ataviados de negro y con pasamontañas forzaban a México a paralizar el desenfreno. El subcomandante Marcos aparecía, con su pipa en la boca, para liderar la revolución.

Ejército Zapatista de Liberación Nacional

El conflicto apenas duró 12 días, pero los zapatistas ganaron poder suficiente para que la protección de los indígenas importara a las instituciones. En 1996, el EZNL negoció con el gobierno los Acuerdos de San Andrés, un documento que prometía una reforma constitucional para conceder cierta autonomía y capacidad de decisión sobre el territorio a las comunidades indígenas. Pero la puñalada llegó en 2001: los Acuerdos se aprobaron sin contemplar las reivindicaciones negociadas.

A partir de entonces, los rebeldes se debilitan y pierden presencia. Deciden en gran medida deponer las armas y construir: se esfuerzan en proveer a sus comunidades de escuelas y más oportunidades.

"Intentaron volver a recuperarse en 2006", recuerda a PlayGround Carlos Illades, uno de los mayores investigadores de la izquierda mexicana y autor de libros como El futuro es nuestro: Historia de la izquierda en México.

El 2006 es la explicación de un gran desencuentro entre izquierda institucional y los propios zapatistas. En esas elecciones también concurría AMLO, entonces del Partido de la Revolución Democrática (PRD). En plena campaña electoral, el subcomandante Marcos agarró su motocicleta y salió de Chiapas dispuesto a recorrer todo el país en lo que se conoció como 'la otra campaña'.

“El líder zapatista no encabezaba una postulación sino una postura”, apunta Illades. La lucha contra el neoliberalismo. La idea sin verbalizar de que la izquierda, corrompida, no cambiaría nada.

López Obrador perdió la presidencia ese año por menos de 250.000 votos. Ganó Felipe Calderón, del Partido Acción Nacional (PAN) por solo el 0’56% de diferencia. Parte de la derrota se debe a la disuasión del voto provocada por la otra campaña, la de Marcos y su moto.

Sobrevivir en Ciudad Juárez

En Ciudad Juárez queda evidente que la discriminación a las minorías indígenas no solo se da en territorios rurales. En la periferia, en la urbe que hace frontera con EEUU, se agolpan familias indígenas en barrios marginales. En total son 15.000, la mayor comunidad de personas indígenas del Estado mexicano de Chihuahua.

Mariela Vásquez, joven abogada perteneciente a la comunidad mixteca, llegó en los 90. Su padre quería cruzar la frontera, no pudieron y se quedaron. “Recuerdo que en las calles si hablábamos nuestra lengua materna se molestaban. Muchos padres no la han enseñado a sus hijos por miedo y los pequeños están en desventaja: pierden su identidad cultural, pero su dominio del español no es perfecto. Faltan políticas de apoyo en las escuelas”, relata en una conversación telefónica.

Fuente: Colectivo de Pueblos Indígenas en Ciudad Juárez

Su día a día es una demostración de que forman parte de los estratos más marginados del país. La gran parte de los que logran trabajo lo hacen en las maquiladoras, con condiciones precarias y jornadas de 11 horas. Otros se dedican al comercio ambulante y venden artesanía y dulces en la calle. Además, sigue predominando el desconocimiento de las autoridades sobre la historia y características de los pueblos. En el país existen cerca de 50 pueblos originarios distintos pero las instituciones los simplifican a dos o tres. “El juez en su lógica occidental piensa que todos los indígenas son rarámuris y solicita un intérprete así sin considerar que puede ser de otra comunidad. Hay gente a la que se le está declarando culpable porque se les quita el derecho a defenderse. No entienden qué se les imputa”, denuncia la abogada Vásquez que hizo de intérprete en un proceso penal para un miembro mixteco.

“En México, la izquierda socialista de los años 70 -pienso en el trotskismo mexicano o el comunismo- tenía postulados más abiertos hacia la cuestión indígena. Pero en general lo que se ha impuesto es un nacionalismo mestizo en el sentido de que el Estado mexicano es una sola nación unitaria. Incluso López Obrador también tiene esa idea”, señala Illades.

No se reconoce la plurinacionalidad. "Desde las instituciones, solo nos invitan para el folklore, pero no nos integran en la política. No hay acciones públicas a nuestro favor ni que salvaguarden nuestra identidad", critica Vásquez, que participa en el Colectivo de Pueblos Indígenas en Ciudad Juárez y va intentar que acepten en el metro una exposición fotográfica con rostros de las minorías.

"En México se ha impuesto es un nacionalismo en el que el Estado mexicano es una sola nación unitaria". No se reconoce la plurinacionalidad, a pesar de que hay 50 pueblos originarios

"Antes solo Chiapas estaba militarizado. Ahora el Ejército está en todo el país"

Al mes de comenzar su mandato en 2006, Felipe Calderón empezó la guerra contra el narcotráfico. Con la excusa de combatir a los narcos -apunta la académica-, Calderón propició un uso excesivo del Ejército. Doce años después, con una ola de violencia récord -80 asesinatos por día en 2017-, el actual Gobierno de Enrique Peña Nieto (PRI) aprobó una controvertida Ley de Seguridad Interior gracias a ciertos apoyos y abstenciones del PAN y PRD.

"Antes solo Chiapas estaba militarizado. El Gobierno inició un cercó militar en el 94 y nunca se marcharon, a pesar de que los zapatistas abandonaron las armas. Pero ahora el Ejército está en todo el país", subraya Fabiola Escárzaga, profesora investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (México).

"En los territorios indígenas y las ciudades, su presencia es una disuasión de manifestaciones", comenta Escárzaga.

Manifestaciones que en muchos casos no son más que una reivindicación por los derechos de los pueblos a la propiedad de la tierra. El Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) votaron, junto al partido de la derecha PAN, a favor de reformas energéticas que han permitido que por supuestas razones de utilidad pública se expropien territorios. La legislación se aprobó en 2013 y el expolio ha sido imparable.

"Las empresas, nacionales y extranjeras, ocasionan desplazamientos forzosos que ampararon por la ley esos partidos", expone Escárzaga.

Marichuy, ex candidata indígena a las elecciones de México

López Obrador podría salvarse de la mala fama. Su salida del PRD para apostar por Morena se debe en parte a su desacuerdo con la reforma energética y la Ley de Seguridad Interior. En el programa de su partido, asegura explicitamente que "lucha porque a los pueblos indígenas se reconozca el derecho a la no discriminación; el derecho a la integridad cultural; los derechos de propiedad, uso, control y acceso a las tierras y los recursos; el derecho al desarrollo y bienestar social, y los derechos de participación política, consentimiento libre, previo e informado". Un párrafo lleno de buenas intenciones pero que una vez más ha sido redactado sin establecer lazos ni diálogo con los propios indígenas.

Recientemente, el CNI reconocía que AMLO había intentado un acercamiento a la comunidad indígena a través del sacerdote defensor de derechos humanos Alejandro Solalinde.

Hubo el ofrecimiento específico para incorporar [a Marichuy] al posible gobierno que surgiera del posible triunfo de Andrés Manuel López Obrador”, expresó un portavoz del CNI.

Pero la respuesta de los indígenas ha sido clara: no les interesa. También anunciaron que no apoyarán a ningún candidato, aunque tampoco llamarán a la abstención.

"El neozapatista tiene esa contradicción de participar en el proceso electoral y a la vez desautorizarlo. Después de poder concurrir, quizá hubiera sido deseable que expresaran sus demandas con las fuerzas públicas existentes, en particular la izquierda", sugiere Illades.

"Pero esa es la lógica de los partidos tradicionales, no la indígena. Estas comunidades no pretenden negociar escaños ni abrazar el poder: su objetivo puramente es ser una autoridad moral", sigue Escárzaga.

No expulses. No nos metas al Ejército. Déjanos.

Si no se entiende su lógica, avisa la académica, el eterno desencuentro entre la izquierda oficial y extraoficial nunca acabará.

share