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"En internet no existe la culpa, por eso nos sentimos poderosos"

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Conversamos con Joana Moll, artista e investigadora de internet

17 Noviembre 2016 06:00

En 2011, una anciana de Georgia se encontraba cortando leña en el bosque. Entre los arbustos encontró un cable extraño y decidió cortarlo con su serrucho. Era un cable de internet. La campesina acababa de dejar a todo un país —Armenia— sin conexión.

"Las consecuencias económicas y políticas de una desconexión así son brutales. A la pobre mujer la metieron en prisión, como si ella supiera lo que es internet". La dimensión física lo online, ese lugar en el que pasamos tantas horas y en el que nunca pensamos, es una de las especialidades de la investigadora Joana Moll.

Esta catalana es una de las artistas emergentes que más arriesgan a la hora de exhibir las entrañas de internet y las consecuencias de la vida digital. Moll se dedica a mostrar todos los procesos invisibles que hay detrás de cada clic, y a visibilizar las cañerías del universo digital.

Su trayectoria empezó cuando aprendió a programar y después de vivir 5 años en Israel: "Estuve trabajando con artistas políticos que utilizan la tecnología. Los israelíes son una sociedad muy profunda, para lo bueno y para lo malo. En su técnica y su discurso crítico vi materializado lo que siempre había querido hacer".

Joana, de 34 años, ha expuesto su obra por todo el mundo y acaba de volver de Berlín. Viene directamente del aeropuerto y nos propone tomar una cerveza una bodega antigua de Barcelona.

Uno de tus últimos proyectos es sobre el impacto medioambiental de internet. ¿Cómo contamina?

Los datos son electricidad. Cualquier dispositivo conectado a internet consume electricidad. Emite CO2, que es el gas responsable del efecto invernadero. Enviar datos no solo requiere mucha electricidad, también mucha agua.

¿Agua?

Se utiliza muchísima para enfriar los servidores, como la industria cárnica, como cualquier otra industria. Internet es una industria, eso es lo que nos cuesta ver. En 2008 internet provocaba más emisiones que la industria de la aviación, más del 2% global. Es una realidad que no vemos, no está instaurada en el imaginario social.

"En 2008, internet ya provocaba más emisiones que la industria de la aviación"

Uno de tus proyectos más impresionantes es The Virtual Watchers, sobre la frontera de Texas.

En 2006, el gobernador de Texas Rick Perry lanzó un programa de vigilancia colectiva. Instaló cámaras públicas en la frontera con México con la idea de hacer un crowdsourcing de la seguridad nacional. Cualquier internauta en cualquier país del mundo podía conectarse a esas cámaras en directo y trabajar como guardia de seguridad mandando informes si veía actividad sospechosa.

¿Aún está activo?

En 2013 se detuvo por falta de financiación, pero la infraestructura está allí y en cualquier momento puede activarse si hace falta. Con Trump es muy probable que estas prácticas se incentiven.


Imagen de la web de The Virtual Watchers.

Es un ejemplo muy claro de cómo la tecnología, que a menudo percibimos como una herramienta neutra, puede estar cargada de ideología. Muchos dirán que la tecnología no tiene ideología, que es solo una herramienta y lo que cuenta es el uso que se le da.

En cualquier tecnología actuamos bajo los parámetros de la persona o grupo que ha diseñado esa aplicación, es decir, actuamos de acuerdo con la mente de otro.

Como si nos sentamos en una silla diseñada por alguien, ¿no?

La tecnología es muy parcial. Se basa en los valores éticos, morales y los intereses de un colectivo social muy concreto: occidentales, blancos y hombres. La tecnología no transmite la ideología capitalista, sino que la encarna. En sí misma es una representación del capitalismo más salvaje, sin regulación.

"La tecnología no transmite la ideología capitalista, sino que la encarna"

¿Crees que la tecnología nos impone una visión muy concreta y mercantil de la vida?

Estamos en plena gobernanza tecnológica. La tecnología nos gobierna hasta los niveles más íntimos. Lo primero que miro cuando me despierto es Facebook. Y si no tienes notificaciones, te sientes mal. Hay una satisfacción y una insatisfacción asociada a esas notificaciones.

También tiene unas consecuencias físicas. Tengo lesiones en la mano en mi espalda… y cognitivas. La forma en la que pensamos, las estrategias que utilizamos para tener más notificaciones o notoriedad. Y el tiempo que le dedicamos. Yo misma paso más horas mirando un dispositivo que mirando mi entorno físico o hablando con alguien. Cada vez miramos menos alrededor, nos nutrimos de lo que hay en la red.   

La personalización de internet parece algo positivo, pero también limita nuestra visión del mundo y nuestro conocimiento.

Cuando exploras música en Spotify te encuentras con una oferta diseñada según tu perfil. El mundo musical de mucha gente se reduce a eso. Lo mismo pasa con Facebook. Todo el feed que ves está filtrado, no es neutral.

Lo que tú verás y pensarás hoy lo decide Facebook al diseñar tu feed de noticias. Por una parte es muy cómodo, pero por otra es una forma muy pasiva de vivir.

Se almacenan todos los datos que millones de personas en todo el mundo generan cada segundo. ¿No son demasiados datos irrelevantes? ¿Se pueden procesar? 

Nos vigilan cada vez que interactuamos con algo: ordenador, tarjeta de crédito, móvil. Todo está almacenado y cuantificado. Existen muchísimos métodos de categorización de esa información. Los data brokers se encargan de esto, de comerciar con los datos. Utilizan herramientas de data mining, una tecnología que ayuda a dar sentido a los datos aparentemente irrelevantes de millones de personas.

Además, empiezan a involucrarse empresas de seguros, bancos, farmacéuticas… se están asociando con empresas de Silicon Valley precisamente para rentabilizar estos datos.

"La tecnología nos gobierna hasta los niveles más íntimos. Lo primero que miro cuando me despierto es Facebook"

¿Qué empresas?

Por ejemplo, Google posee parte de una empresa de genética, 23andme, y ahora se han asociado con Pfizer para realizar un estudio en 450.000 personas. Están estudiando sus marcadores para detectar la depresión y para crear medicación súper personalizada. Solo con que hayas utilizado Google o Gmail alguna vez, ya eres su cliente.

¿Qué otras empresas?

Las pulseritas Fitbit. Las grandes corporaciones las utilizan cada vez más y las dan a sus empleados para poder cuantificar —vigilar al fin y al cabo— la eficiencia de cada trabajador. Dicen que la finalidad es salud.

Delante de un portátil conectado a internet te sientes poderoso y no lo eres. Crees que estás frente a herramientas neutrales que podrás utilizar como te convenga, y eso es falso. ¿Cómo han conseguido que nos sintamos tan libres utilizando herramientas que nos someten?

Cuando interactuamos con un dispositivo electrónico, la acción y la consecuencia están tan separadas que es imposible medir o entender los efectos de tus actos. En internet nada de lo que hacemos tiene consecuencias. Pero en realidad enviar un mail, navegar, tiene un impacto ecológico, económico, político, incluso emocional.



¿Es la automatización de cada acción, la rapidez con la que sucede, lo que nos hace no pensar en ella?

No solo eso. Yo creo que la tecnología digital se basa en la ausencia de culpa, genera espacios donde puedes hacer y ser lo que quieras si ningún impacto ni consecuencia directa. Uno se siente poderoso porque no tiene que lidiar con las consecuencias de sus actos. Al final es una falsa idea de poder.

De hecho, somos mucho más vulnerables utilizando internet que no usándolo.

Detrás de la tecnología, ¿siempre hay un poder que trata de controlarnos?

No siempre. Silicon Valley empezó como un grupo de utópicos que querían ser libres y no estar sometidos al poder político. Al final ha resultado ser una industria súper capitalista que nos está llevando a la debacle. Es decir, no surgió como tal, pero luego la NSA es quien utiliza más sus productos.

También es cierto que mucha de la tecnología que utilizamos fue creada inicialmente por la inteligencia militar. Quien tenga una visión holística, externa, de la tecnología, tendrá el poder.

"En internet uno se siente poderoso porque no tiene que lidiar con las consecuencias de sus actos"

¿Qué puede pasar entre Silicon Valley y el presidente Donald Trump? ¿Fricción o amistad?

Amistad total. Silicon Valley no promueve valores demasiado liberales, al contrario, son bastante conservadores y van a lo que van. Los grandes gigantes tecnológicos instalados allí han desarrollado la tecnología que se está utilizando para vigilarnos de forma masiva. Trump quiere bajar los impuestos a las grandes empresas, promueve el hiper individualismo, las fronteras… Silicon Valley se adaptará totalmente.

¿Qué procesos invisibles ocurren cuando accedemos una web?

Tu ordenador se conecta con otro, donde está la web. Digamos que es una web de Google y que el servidor está en Estados Unidos. Para ello pasa por varios ordenadores y cables submarinos.

Todos esos ordenadores intermedios son nodos de distintas compañías ubicados en distintos territorios. Solo por acceder a la web, por hacer esta petición, mucha información tuya se vuelve vulnerable. Cada dispositivo electrónico tiene un ID único y te pueden identificar fácilmente. Los data brokers acceden a esos datos con previo permiso de Google. 

Así, los datos sobre tu identidad y sobre todas las interacciones que puedas hacer con la web se ponen a la venta. 

Cuando navegas, estás descubriéndote y convirtiéndote en mercancía.

Sí. Hay muchas compañías que firman contratos con data brokers para que chupen los datos de los usuarios que se conectan a sus webs. Una paradigmática es Ryanair.

"Desconectarse de la naturaleza es peligroso. Es la que nos da la vida"

¿Qué ha hecho esta vez?

Ryanair tiene trackers de muchas compañías que le pagan para poner cookies en su web y así poder chupar información.

Si busco un billete a Islandia, me encontraré con anuncios de Islandia en mis redes sociales, y me meterán en la sección "viajeros".

Exacto.

La tecnología nos aleja físicamente los unos de los otros, nos aleja de la naturaleza también. Tópico pero cierto, ¿no?

Yo hablo mucho por Whatsapp con mis amigos y cuando nos vemos, es extraño: puede que haga tres meses que no nos hemos visto. Hemos hablado mucho, sabemos los unos de los otros, pero no hemos interactuado. Sabemos lo que ocurre pero no lo experimentamos de forma física.

Cada vez más, estamos nutriendo nuestras relaciones con la tecnología en vez de nuestros canales biológicos diseñados para ello. Esto tendrá consecuncias, buenas y malas, pero es hacia donde vamos sin ninguna duda.

En mi opinión, desconectarse de la naturaleza es peligroso. Es la que nos da la vida.



Además, todas nuestras acciones electrónicas dejan rastro. La conversación que estamos teniendo tú y yo en este bar tiene unos pocos testigos.

Tengo algunas ideas distópicas de lo que puede llegar a pasar.

¿Cuáles?

Hay cosas que ya están pasando o que pasarán dentro de muy poco. Por ejemplo: si los datos dicen que no estás actuando según unos determinados parámetros, un algoritmo decidirá que no eres apto para recibir un crédito bancario. A nivel policial ya se utilizan algoritmos que informan de nuestra propensión a determinados delitos.

En el futuro, creo que la información que se está almacenando determinará quién tiene derecho a una educación y quién no, quién está destinado a ser soldado o ingeniero, por ejemplo. Probablemente en algunos años se decidirá quién tiene acceso a unos recursos y quién no en función de estos datos.

"En el futuro, la información que se está almacenando determinará quién tiene derecho a una educación y quién no, quién está destinado a ser soldado o ingeniero"

¿Encriptación, Deep Web, sirve para algo ocultarse?

Sí sirve, es una resistencia, una militancia. Pero…

¿Pero?

Puede que no sepan ni quién eres ni qué haces en cada momento, pero sí que encriptas tu correo. Eso puede tener consecuencias en tu futuro.

¿Qué quieres decir?

Si te defiendes, si te ocultas, puedes pasar a ser sospechoso. En un futuro podríamos tener problemas para acceder a ciertos servicios o prestciones sociales.

Defenderse también tiene consecuencias.

Hay que trabajar en estrategias militantes que no nos aíslen, y no porque eso esté mal. Pero si no participas en el juego, no estarás en el juego.

¿Crees habrá fugitivos de internet?

Probablemente, me imagino que huirán de la tecnología en general, de las ciudades. Pero de nuevo: es legítimo, válido, pero esto te aísla. El cambio climático está llegando, tu campo estará seco igual. Los procesos que conducen a estas realidades que nos generan rechazo se están produciendo ahora. Si te aíslas solo por aislarte, no haces nada. El compromiso es importante.

"Si no participas en el juego, no estarás en el juego. Es un sistema totalitario y da mucho miedo"

¿Cómo se cambia esta tendencia a la huida?

Con educación, y no solo la oficial. Hay que hackear y no solo delante de un ordenador. Hay que intervenir, re-significar el mundo que nos rodea para que sea más coherente con nuestra condición humana y la de nuestro entorno.

Impartes talleres en los que enseñas a hackear el diseño de una web, que parece algo imposible. 

Parece imposible pero se puede, y es fácil. La grandeza del hacking es que la gente se reapropia de su propia subjetividad. Ves que lo puedes hacer, que puedes repensarlo. Ves que podría estar hecho de una forma y no lo está.

Hackear permite recodificar el cerebro, el pensamiento y la imaginación. Las tenemos violadas. Estamos demasiado condicionados y no nos damos cuenta.

Joana Moll.

Hablas de recuperar la confianza y el pensamiento crítico.

El secreto es que se puede habitar el mundo de otra forma. Franco Berardi dice: "El poder en la era digital es hacer las cosas fáciles". Pues bien, yo creo que hay que luchar mucho contra esa comodidad y esa facilidad.

Resistirse al confort...¿hay algo más contrario a la naturaleza humana?

Lo sé, pero mira cómo estamos. Todo está cambiando, nuestro sistema cognitivo está cambiando. Yo antes era capaz de concentrarme mucho más. Berardi, de nuevo, dijo: "Tenemos mucha más información, pero mucho menos significado".


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