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'Que os follen a todos': así son los ultras rusos a la conquista de Europa

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La Eurocopa nos ha descubierto a un hooligan con el que pocos parecían contar

Ignacio Pato

13 Junio 2016 19:12

1. LA BATALLA DE MARSELLA VERSIÓN 2016

Europa está en shock. No se recuerda una violencia ultra como la que se ha desencadenado al comienzo de la Eurocopa de Francia.

En Marsella jugaron Inglaterra y Rusia y alrededor de este partido se han vivido 3 días consecutivos de peleas a sillazos, botellazos, palos, puñetazos y patadas. ¿Balance? Un inglés de unos 50 años en muerte cerebral, 35 detenidos y un montón de imágenes más propias de Mad Max que de un torneo inaugurado el viernes con actuación de David Guetta.

La violencia comenzó el jueves, la primera noche que muchos hinchas ingleses pasaban en Marsella. Faltaban dos días para el partido con Rusia, pero ya entonces hubo provocaciones mutuas entre ellos y los marselleses. Entre insultos a personas de origen árabe y gritos irónicos sobre el Estado Islámico, volaron sillas a las afueras de los pubs del Puerto Viejo de la ciudad.



A muchos no se les escapó que era la vuelta de los hooligans a la ciudad casi 20 años después de la infame 'Batalla de Marsella': 3 días de disturbios entre ingleses y tunecinos con más de 100 detenidos y quema de banderas del país africano incluida en el mundial del 98.

Aunque parezca imposible, este sábado la cosa fue a peor. Horas antes del partido el puerto de Marsella fue testigo de cómo aparecían ultras rusos que se llevaron por delante a varios ingleses.



2. CUERPO A CUERPO. EUROPA DESCUBRE AL ULTRA RUSO

Las hostias han cogido con el pie cambiado a una Europa occidental que ha descubierto un nuevo tipo de ultra. La gran mayoría de ultras implicados en los eventos de Marsella son de grupos como Gladiator Firm 96, Music Hall, Orel Butchers o Shady Horse, del Spartak de Moscú, Zenit San Petersburgo, Lokomotiv de Moscú y CSKA, respectivamente.



Como vemos, Gladiator Firm 96 están presentes en la ciudad francesa. Esta misma mañana, se fotografiaban con "trofeos" como una bandera robada a hinchas ingleses



Estos grupos, rivales en su país, están habituados a las peleas como ya no lo están los hooligans británicos y en general los de Europa occidental. Sin embargo, en Rusia las peleas de hinchas no son el cromo que nos viene a la cabeza a este lado de los Urales.

Los "encuentros" entre ultras rusos son peleas organizadas en el campo, en bosques o a orillas de alguna carretera. Nunca en las ciudades. Se alejan así del control policial y de cámaras de seguridad. De hecho, las peleas se graban por los organizadores y se fijan una serie de reglas: la más importante que la lucha sea cuerpo a cuerpo.



Algunos testigos hablan de que algunos rusos llevaban protectores bucales. Como nos confirma Pierre Vuillemot, especialista de fútbol eslavo en Footballski, "tienen un verdadero entrenamiento físico, por ejemplo en artes marciales mixtas, y están mejor preparados físicamente que el mítico hooligan inglés".

Es precisamente el desprecio al tradicional hooligan británico alcoholizado y armado el gran distintivo de estos hichas. Algunos medios recogen testimonios como este de ultras rusos: "somos verdaderos luchadores, no putos bebedores de Guinness".


Las peleas del sábado no fueron un todos contra todos. Los ingleses llevaban ya dos días liándola en Marsella; los rusos, en cambio, no. Los ingleses bebían y los rusos no. Los ingleses acabaron en el suelo arrasados por unos 300 rusos en grupos que no estaban muy lejos de ser comandos paramilitares con un objetivo en mente: tumbar, acabe como acabe su salud, a un inglés. A un débil y enfermizo hooligan "original".

El jefe de la policía británica enviada a Francia se ha referido a la agresividad rusa con estas palabras: "nunca habíamos visto nada así". Las autoridades francesas también parecen haber estado en fuera de juego. La prohibición de desplazamiento de ultras franceses dentro del país ha hecho desaparecer el fenómeno ultra en Francia. Y con ello el entrenamiento policial, como escribe el sociólogo Nicolas Hourcade en L''Equipe.



3. QUE OS FOLLEN A TODOS

En Rusia, la permisividad con los ultras nos lleva hasta 2010, a la muerte de Egor Sviridov, un hincha del Spartak de Moscú de 28 años, a manos de jóvenes originarios del norte del Cáucaso. En protesta, 5.000 ultras moscovitas llegaron a las puertas del Kremlin en un clima de xenofobia ante el que ni las autoridades políticas ni la federación de fútbol se han mostrado firmes, más bien al contrario.

En esta misma publicación ya nos hicimos eco de la sanción de la federación a Guelor Kanga, futbolista gabonés, por responder a insultos racistas. El futbolista brasileño del Zenit Hulk ha denunciado que sufre racismo en casi cada partido. Entre ultras del Spartak han aparecido esvásticas. En 2015 la organización antidiscriminación FARE denunciaba los "trenes blancos": acciones de caza a personas "de aspecto no eslavo", también por parte de fanáticos del Spartak.



El artículo 213 del Código Penal introduce el delito de "hooliganismo" en Rusia; de manera laxa, eso sí. "Se refiere a maleantes, no a hooligans como se entienden en Francia. Hacer pintadas en una iglesia es hooliganismo, por eso Pussy Riot son consideradas hooligans", nos cuenta Vuillemot. "Rusia ha creado una comisión para luchar contra la violencia ante el próximo mundial de 2018, pero de momento no sirve para nada. Es un problema que no se combate, se esconde".

Para el diputado y directivo de la federación, Igor Lebedev, los rusos estaban "defendiendo su honor". "Bien hecho, chicos, seguid así", tuiteó. La prensa rusa cierra filas. La agencia estatal Vesti presenta los hechos de Marsella como la defensa de 250 rusos ante un ataque de mil ingleses borrachos. Faltando cada vez menos tiempo para Rusia 2018, el ministro de deportes Vitaly Mutko sí ha condenado los hechos.

El fiscal de Marsella, Brice Robin, ha dicho hoy mismo que juzgará inmediatamente a 9 de los detenidos. Aunque ninguno de ellos es ruso, Robin ha atribuido la violencia del fin de semana a "150 rusos entrenados, ultrarrápidos y ultraviolentos", de entre 12.000 llegados al país en tren.

Para esos 150 "luchadores" pesaron mucho menos sus diferentes colores de club que el fervor patriótico compartido. Ese fervor en el que cabe por igual el neonazismo y la nostalgia soviética. En Marsella, algunos entonaban Katyusha, la vieja canción de la muchacha que echa de menos a su amado mientras este está en el frente en la IIGM.



"Que él defienda la patria, que ella defenderá el amor". Un buen resumen del estado en que los ultras rusos afrontan una Eurocopa convertida en un escaparate de símbolos políticos, una especie de guerra en pantalón corto, de Eurovisión ultra en el que demostrar a la vieja Europa quién manda aquí.

En brutalidad, de momento, Rusia. Y para el que no le guste, aquí va el mensaje de este pequeño espectador del partido de Marsella: vsem pizdets.

"Que os follen a todos".






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