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Hillary Clinton: ni la mejor alternativa a Trump, ni la gonorrea

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Los medios solo hablamos de Trump. ¿Pero sabemos algo más de Hillary aparte de que es un lobo con piel de cordero?

Rafa Martí

16 Agosto 2016 06:00

“Elegir entre Trump o Clinton es como elegir entre el cólera o la gonorrea”. Las palabras de Julian Assange, fundador de Wikileaks, no podrían ser más elocuentes para describir el sentimiento generalizado hacia Hillary Clinton. La alternativa a Donald Trump es igual o incluso peor que él.

Pero, ¿por qué?

Antes de entrar a analizar el personaje, revisemos algunas de las propuestas y posiciones políticas de Hillary Clinton en su campaña:

Impuestos: Quiere mantener los impuestos bajos en las clases medias y subirlos a quienes ganen más de 5 millones de dólares al año. Apoyará el emprendimiento de las startups y de empresas innovadoras al mismo tiempo que perseguirá a las compañías que se instalen en paraísos fiscales para evadir impuestos.

Empleo: Se opone a las cláusulas en las que ha quedado el Acuerdo Transpacífico de Libre Comercio (TTP) porque tendrán un efecto negativo en el empleo de EEUU. Destinará parte del presupuesto a erradicar la pobreza estructural de las comunidades más afectadas de EEUU. Invertirá miles de millones en infraestructuras y en relanzar la industria para reactivar el empleo. Otorgará beneficios de seguridad social a los colectivos más vulnerables como, por ejemplo, las madres solteras. Subirá el salario mínimo.

Economía: Se ha comprometido a una reforma profunda de Wall Street. El objetivo es que el sector financiero no pueda arrastrarnos a una nueva crisis. “No existe ningún banco tan importante como para ser rescatado, como tampoco existe un personaje tan poderoso como para ser juzgado”, dijo al respecto.

Política exterior: Continuará las negociaciones del pacto nuclear con Irán, aunque con estricta vigilancia. Pretende terminar con el ISIS a través de una estrategia integral que extinga sus vías de financiación y reclutamiento. Su estrategia pasa por reforzar las alianzas con los países árabes y, en última instancia, con una intervención militar. No se opone a la acogida de refugiados sirios.



Derechos sociales: Se opone a las actas de libertad religiosa que han lesionado derechos del colectivo LGTBI. Acepta la pena de muerte en algunos casos concretos. Propone alternativas al encarcelamiento masivo a través de tratamientos para la reinserción. Quiere terminar con los prejuicios raciales de los cuerpos de policía.

Medio ambiente: Quiere que en 2030 EEUU sea el país líder en el uso de energías renovables. Invertirá miles de millones en su desarrollo. Apoyó las resoluciones contra el calentamiento global de la COP21 de París. Se opone a la exploración petrolera y minera del Ártico. También al fracking.

Sanidad pública: Propone que los mayores de 50 años tengan acceso al Medicare. También desarrollar, definitivamente, un plan de sanidad pública.

Inmigración: Apoya la acogida de inmigrantes con garantías para que obtengan la ciudadanía. Se opone a la deportación de cualquier persona que esté en suelo estadounidense (que no sea un criminal).

Educación: Invertirá 350.000 millones de dólares en la reforma de la financiación de la educación superior. Ofrecerá el acceso gratuito a universidades estatales para las familias de pocos ingresos...

Sí, has leído bien. Si al comienzo de este artículo no hubiésemos hablado de Hillary Clinton, las propuestas —a excepción de dos o tres— podrían haber pasado por ser de Bernie Sanders. En todo caso, tampoco se aleja mucho de la línea política que ha mantenido Barack Obama en los últimos años y que tanta simpatía ha despertado.

¿Por qué, entonces?, ¿por qué Hillary es la gonorrea?

Trumpdependencia



La atención masiva que ha acaparado Donald Trump ha dejado el discurso y las ideas de Hillary en un segundo plano. Los medios hemos dejado nuestras —lamentables— reglas claras: la trumpada vende. Todo lo demás, estorba. Basta con hacer un simple búsqueda en Google y ver que Donald Trump devuelve 450 millones de resultados, mientras que Hillary Clinton devuelve 251 millones.

Ante esto, la propia campaña de Hillary se ha adaptado a las reglas. Para ello ha desviado la atención desde sus propuestas hasta centrarse en el adversario. Es como si sus asesores le hubieran recomendado que solo aparecería en las portadas si hablaba de Donald Trump. Y eso ha hecho: de los tres vídeos de campaña que han lanzado hasta ahora los demócratas, los tres hablan (mal) de Donald Trump.

Así, de Hillary solo hemos sabido que ante el muro de México, ella dice que quiere “romper las barreras”. O que es la alternativa responsable o moderada a Trump. O que tiene la experiencia política que Trump no tiene. De todas sus propuestas, que también han estado presente en los discursos, apenas se ha conocido nada. Y lo poco que se ha conocido ha sido por las críticas de la propia izquierda a su pasado político.

La experiencia como losa

Aparte de las obvias críticas de sus adversarios por la derecha, Hillary ha recibido una fuerte oposición por parte de los afines a Bernie Sanders, y de los sectores intelectuales que le apoyan. Sus ataques a la candidata demócrata pivotan sobre cuatro puntos de su biografía que desacreditarían todo su programa:

1. Su fracaso en el diseño de un plan de sanidad en los años 90.

2. Su apoyo a la intervención militar estadounidense en Irak en 2003.

3. Los errores de la política exterior mientras ella era Secretaria de Estado, y que han ocasionado el caos actual de Oriente Medio.

4. Sus lazos directos con el sector financiero.

Diana Johnstone, autora de Hillary, la reina del caos, dijo cosas como estas en una entrevista el pasado abril en La Marea:

“En enero de 1993, pocos días después de asumir la presidencia, Bill Clinton mostró su intención de promocionar la carrera política de su esposa nombrándola presidenta de una comisión especial para la reforma del sistema nacional de sanidad. El objetivo era llevar a cabo un plan de cobertura sanitaria basado en lo que se denominó “competitividad gestionada” entre compañías privadas. El director de esa comisión, Ira Magaziner, un asesor muy próximo a Clinton, fue quien diseñó el plan. El papel de Hillary era vender políticamente el plan, especialmente al Congreso. Y en eso fracasó por completo. El “plan Clinton”, de unas 1.342 páginas, fue considerado demasiado complicado de entender y a mediados de 1994 perdió prácticamente todo el apoyo político. Finalmente se extinguió en el Congreso”.


En la misma entrevista, Johnstone subraya su connivencia con la guerra de Irak y el desastre de su política exterior cuando ella era Secretaria de Estado. Para la autora, estos precedentes solo pueden conducir a un EEUU más beligerante en la política internacional:

“Ella es el principal motivo de preocupación. Clinton promete apoyar más a Israel contra los palestinos. Está totalmente comprometida con la alianza de facto entre Arabia Saudí e Israel que tiene como objetivo derrocar a Assad, fragmentar Siria y destruir la alianza chií entre Irán, Assad y Hezbolá. Esto aumenta el riesgo de confrontación militar con Rusia y Oriente Medio. Al mismo tiempo, Hillary Clinton defiende una política beligerante hacia Rusia en su frontera con Ucrania”.

Johnstone y los críticos por la izquierda también han subrayado sus lazos con el sector financiero. Especialmente, cuando los Clinton salieron de la Casa Blanca, importantes banqueros les compraron una mansión y les lanzaron al circuito de las conferencias, por las que cobraban millones.

Un halcón en la Casa Blanca

Ante las críticas, Clinton no se ha escondido. Ha dicho que se arrepiente de la decisión de Irak. Ha dicho que sus lazos con Wall Street la convierten, precisamente, en alguien con conocimiento de ese mundo y con las herramientas necesarias para controlarlo. Y, finalmente, sus errores de la política exterior los ha justificado como que las alternativas que tenía EEUU en esos momentos no eran mucho mejores. Ha usado esa imagen de halcón de altos vuelos en Washington para mostrarse como una mujer fuerte que sabe llevar las riendas de una potencia mundial.

Sus propias memorias se titulan Hard choices (Decisiones difíciles). Es una clara declaración de intenciones. Algo así como: “No todo lo hecho bien, pero en la vida hay que escoger entre lo malo y lo menos malo”.

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