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Artículo "La vigilancia genética, en 2016, ha dejado de ser ciencia ficción. Los riesgos son evidentes" Now

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"La vigilancia genética, en 2016, ha dejado de ser ciencia ficción. Los riesgos son evidentes"

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Heather Dewey-Hagborg recolecta muestras de ADN que deja la gente insconscientemente en espacios públicos para ponerles rostro a las personas con una tecnología muy real. La artista alerta sobre los sesgos racistas y el margen de error de unas técnicas que cada vez más amenazan nuestra privacidad

astrid otal

20 Noviembre 2016 06:25

Observa con atención la siguiente imagen:

Sí, un solar guarro abierto a la calle. Con sus vallas pintarrajeadas, sus vías elevadas al fondo y un gato que parece estar guardando el recinto. En definitiva, una escena urbana de lo más anodina.

Vale. ¿Y si te dijéramos que esa escena encierra información suficiente para que cualquiera con unos mínimos conocimientos en genética pudiera saber quién ha pasado por allí y qué pinta tiene esa persona? 

Bastaría con rastrear el suelo en busca de, por ejemplo, una colilla. Como esta:



A eso se dedicó durante varias semanas de 2013 la artista Heather Dewey-Hagborg. A pasear por las calles de Nueva York y recoger culos de cigarros, pelos, chicles mascados o cualquier otra pista que pudiera contener material genético.

A Heather le perseguía la curiosidad de averiguar cuánto podía saber de alguien al que nunca había visto a partir de los rastros biológicos que cada día dejamos a nuestro paso sin ser conscientes de ello. Y descubrió que, analizando el ADN dejado en esos restos encontrados en la calle, es relativamente sencillo conocer rasgos de una persona como su sexo, el color de ojos, el tono de piel, ciertas características del rostro o detectar su ascendencia étnica para determinar su origen e incluso ciertas claves sobre su aspecto.

Heather, artista interesada en la esfera de la biopolítica, usó aquellas muestras para generar representaciones faciales en 3D para aquellas personas que ella conocía solo gracias a restos encontrados en la calle. Aquellas caras circularon por exposiciones de todo el mundo con una clara intención: provocar para que la gente se cuestionara sobre su privacidad y se preguntara si en un futuro existirá alguna clase de vigilancia genética por la que debamos empezar a preocuparnos.

Han pasado un par de años desde la materialización de aquel proyecto, y Dewey-Hagborg advierte: en 2016, la vigilancia ha dejado de ser ciencia ficción.


Sample 3
MtDNA Haplogroup: L2a1 (African)
SRY Gene: present
Gender: Male
rs12913832: AA
Eye Color: Brown
rs4648379: CC
Typical nose size
rs6548238: CC
Typical odds for obesity


I. Cualquiera puede saber cosas de ti

Los trabajos de Dewey-Hagborg pertenecen al terreno del arte pero poseen una base científica. Pasa más horas en un laboratorio que en un estudio convencional para poner relieve a sus ideas.

Así lo hizo para sacar adelante Stranger Visions, el título con el que encapsuló el proyecto que ponía cara a desconocidos a partir de material genético encontrado en plena calle. Antes de comenzarlo, la artista cuenta que no poseía excesivos conocimientos de genética. Fue durante el trabajo de estudio y documentación para el proyecto que empezó a familiarizarse con las nuevas tecnologías y los nuevos servicios enfocados a brindar información genética de cualquiera que lo solicite.

"Esta tecnología no está disponible para todo el mundo, son unas pocas compañías las que trabajan con ella. Sin embargo, es totalmente legal en muchos estados de EEUU enviar muestras de ADN para obtener resultados cada vez más detallados. Cualquier persona puede recoger los rastros que diariamente dejamos y mandarlos a analizar sin que exista ninguna restricción. El chicle que tiras al suelo, una piruleta que abandonas sin acabar, alguno de los 50 pelos que de media cada día se te caen o las uñas que te cortas...".

Ella, mandando al laboratorio una colilla que encontró en la calle Himrod de Brooklyn, supo que la persona que había fumado el cigarrillo era una mujer europea, de ojos marrones y nariz pequeña. La artista nos explica que las muestras de ADN permiten conocer con bastante fiabilidad algunos rasgos físicos de la persona. Heather matiza, sin embargo, que otros rasgos resulta imposible conocerlos con total precisión. El análisis de ADN solo arroja un conjunto de probabilidades sin que se pueda determinar con exactitud cuál es el que se corresponde con la realidad.

Aquella mujer que apagó su pitillo en Himrod y continuó su camino probablemente era delgada, porque tenía una baja tendencia a la obesidad.



"El objetivo de este proyecto pretendía que todos los que se ponían delante de los rostros pensaran: ese podría haber sido yo. Yo pude haber paseado por aquella avenida", explica la artista.

"Surgen entonces preguntas incómodas como si alguna vez alguien accederá a nuestra información genética, que es muy personal. Nuestro ADN no solo ofrece una imagen de cómo podemos ser físicamente sino que también puede revelar si tenemos predisposición a padecer diabetes, cáncer u otras enfermedades. Y esa es una información que puede ser muy valiosa en manos de ciertas personas, o en ciertos contextos".


II. Ya no quiero tener un hijo contigo

Al más puro estilo de Black Mirror, la artista comenzó a plantearse cómo podrían cambiar las relaciones que tenemos cuando el uso de estas tecnologías crezca, se popularice. Y uno de los entornos sobre el que invita a reflexionar es el de las parejas.

Ella imagina a unos novios felices que se han ido a vivir juntos y hablan de formar una familia. Desean que a ese hogar llegue un bebé sano que sea el centro de una vida familiar de postal. Pero esa imagen que se origina de las conversaciones que mantienen poco a poco se borra. Heather Dewey-Hagborg apunta un posible porqué.

"Ese sentirnos vigilados o controlados no tiene por qué originarse por culpa de desconocidos que han recogido nuestros restos de material genético en espacios públicos. La vigilancia puede venir desde dentro de nuestras casas. Una tecnología que permite ahondar en la información genética puede desencadenar locuras a pequeña escala, como que uno se empiece a preocupar por cuál es la genética de su pareja. Por si portará alguna enfermedad, aunque no sea problemática, y se la transmitirá al niño. Por si es mejor que no herede algunos rasgos físicos de la otra persona. Por si el amor deja de importar porque desciende de una rama con la que no se quiere cruzar".

Pero mientras estas situaciones son especulaciones proyectadas contra el telón de fondo de futuro hipotético, su Stranger Visions particular ya es muy real en otro ámbito: el policial.



III. Mira a este criminal: es negro

En diciembre de 2014 la empresa estadounidense Parabon Nanolabs, experta en desarrollar productos para análisis forenses, anunció un nuevo servicio a disposición de la policía. Gracias a los avances en tecnologías de secuenciación de ADN, la compañía había creado Snapshot, una herramienta ideada para cazar más rápido a criminales al poder generar "un descriptivo perfil de cualquier muestra de ADN humano prediciendo características físicas que incluyen la pigmentación de la piel, el color de los ojos y del pelo, la morfología de la cara, el sexo o el ascendencia genómica", según la descripción de la propia empresa.

La tecnología de la compañía venía a prometer algo fascinante: poner rostro a los que habían estado en la escena de un crimen sin la necesidad de testigos que pudieran facilitar información visual para esbozar un retrato robot.

Las facilidades para buscar delincuentes serían mayores. Pero Heather Dewey-Hagborg, conocedora de los programas informáticos que producen representaciones faciales a partir de material genético, no tardó en cuestionar la validez científica de esos retratos.

Heather se puso a investigar y descubrió una desviación preocupante: el big data y los algoritmos que maneja esa tecnología demuestran un claro sesgo racista.



"La imagen de arriba es un perfil creado por Parabon para la policía en Columbia, Carolina del Sur. Fue uno de los primeros retratos policiales que se produjeron para dar captura al presunto responsable de un sangriento doble homicidio cometido en 2011. Aunque este perfil fue lanzado públicamente en enero de 2015, el caso sigue sin resolverse", escribe la artista dentro de su trabajo.

La bio-hacker dirige la atención a qué información aporta y destaca ese perfil: un hombre de piel, ojos y cabello oscuros. 92% africano occidental. 8% del norte de Europa occidental. "No hay aquí descriptores de rasgos faciales específicos. Este es un retrato genérico de un varón afroamericano que sirve para difundir públicamente la visualización de un estereotipo", destaca. Heather señala que la imagen únicamente sirve para hacer una sutil y peligrosa asociación: la de negro-asesino.

"Esta tecnología clasifica a las personas en grupos basándose en su origen, raza o sexo. Suelo comparar este programa con lo que hacía hace dos siglos un eugesnista llamado Francis Galton. Galton creía que podía crear la imagen de un 'violento', un 'criminal', un 'ladrón' o un 'enfermo' estableciendo identificaciones. De la misma forma, retrató 'ideales' a partir de los cuales juzgar cualquier desviación".


Snapshot no ofrece descriptores de rasgos faciales específicos, solo una visualización para estereotipar


La artista, consciente de que lo fácil que puede ser propagar estereotipos simplistas, se esfuerza por señalar algunos fallos intrínsecos de esta tecnología y su posible ineficacia para buscar a criminales.

"Estos escáneres faciales se rellenan en parte por defecto. Las muestras de ADN no ofrecen una imagen exacta de todos los rasgos y es el programa informático el que se encarga de ultimar los espacios de la cara que quedan vacíos. Además de esto, se debe tener en cuenta que esta tecnología no puede revelar la edad, ni reflejar el aspecto actual del que ha decidido cambiar su color de pelo, maquillarse, ponerse lentes de contacto o aplicarse cirugía plástica en su cara".

La tecnología que solo mira a nuestro ADN no puede reflejar la influencia del medio en la expresión genética ni la transformación de un individuo que ha adoptado una identidad no determinada biológicamente. ¿Quién nos dice que el asesino no tiene ahora la piel más clara, la nariz más fina o el pelo azul?

¿Cuántos ciudadanos se habrán visto hostigados por las fuerzas de seguridad por culpa de una imagen generada por una máquina que no muestra más un retrato genérico de un varón afroamericano?


III. Un amor radical y el pecado en los estereotipos de la identidad de género

El año pasado, Heather Dewey-Hagborg siguió ahondando en las imperfecciones de esta tecnología con un objetivo claro: poner en duda su fiabilidad, para que no creamos que todo lo que vemos, o todo lo que se deduce de cierto tipo de pruebas y análisis, es cierto.

En su nuevo trabajo explora los estereotipos de la identidad de género producidos por el polémico programa de ADN forense. Para ejemplificarlo, imprimió a tamaño real retratos generados a partir de muestras genéticas de Chelsea Manning, antes Bradley Manning, el soldado que envió a WikiLeaks documentos con los peores abusos cometidos por el Gobierno de Estados Unidos.

Chelsea cumple una condena de 35 años acusada de espionaje por estas filtraciones y, desde que se cambió de sexo, nadie salvo su familia, abogados y viejos amigos la ha vuelto a ver.

Con su nuevo proyecto, Dewey-Hagborg aspiraba a dos cosas. Una era alertarnos sobre cómo a Chelsea se la había borrado del ojo público para que la olvidáramos. La otra, "destacar la confusión forense entre el género y el sexo asignados al nacer".

Esta vez el foco estaba en que la tecnología carece de una precisión impecable porque deja en manos de un algoritmo rellenar facciones de la cara en base a la pertenencia a un "sexo".

"A Chelsea le pedí que me enviara muestras de saliva y pelo por correo. Con ellas, cree dos retratos: uno con un algoritmo "de género neutro" y otro con un algoritmo asignado a lo que el programa cree que representa a una "mujer". Cuando para perfilar un rostro uno añade un sexo determinado, el programa presupone determinados rasgos. A las mujeres las tiende a representar con la cara angulosa o las cejas delgadas, y comete errores. El aspecto de Chelsea Manning no lo pueden determinar sus cromosomas".


A las mujeres, el programa las tiende a representar con la cara angulosa o las cejas delgadas, y comete evidentes errores. El aspecto de una persona que ha modificado su sexo no lo pueden determinar sus cromosomas


Heather Dewey-Hagborg llamó a este trabajo Radical Love como homenaje a Chelsea. La exsoldado dijo una vez: "¿Es radical buscar justicia? ¿Es radical ser rescatada por amor? ¿Es subversivo ser dulce? ¿Es radical ser fiel a uno mismo?".

Heather cuenta que Chelsea se resiste a creer que sus ideas son radicales, porque radical se refiere a algo extremo que polariza las cosas. Ella en cambio resalta cuán común es el amor y el deseo de todo ser humano de querer ser uno mismo, aunque la prisión la desdibuje.

"Desafortunadamente, las cárceles tratan de hacernos inhumanos e irreales negando nuestra imagen, y por tanto nuestra existencia, al resto del mundo. Basta con considerar el refrán que dice "o está fotografiado o no existe", concluyó Chelsea en una entrevista.

Heather Dewey-Hagborg se quedó con esas palabras. Por una razón. ¿Podemos dejar de existir voluntariamente para el mundo?

¿Podemos ser invisibles cuando una tecnología nos está poniendo un rostro sin nuestro permiso?

¿Podemos confiar a partir de ahora en que estamos a salvo cuando tiremos un chicle al suelo sin darnos cuenta?


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