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Cuando nos sobraba polvo blanco

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8 pasos para comprender el auge y caída de la cocaínalandia gallega

Ignacio Pato

20 Octubre 2015 06:00

1. Tiros gratis

Te estás lavando las manos en el baño de un pub y sin querer empapas de agua un montón de rayas de farlopa, que están puestas ahí, sin nadie alrededor, como si hubiesen sido olvidadas, como si alguien fuese por ahí derramando cocaína libremente porque le sobra.

En un chiringuito pides un bocadillo de calamares y la señora que te lo sirve lleva puesto un Rólex. Los jugadores del equipo de tu pueblo, en 3ª División, cobran más que los de los clubes de Primera. El chaval que ayuda en la frutería conduce un BMW.

A tope.

Todos son casos reales de la Galicia de finales de los 80, donde la cocaína y el dinero eran una sola cosa. El 80% del perico que entraba a Europa en esa época lo hacía por las rías gallegas. Allí un gramo costaba 6.000 pesetas —unos 35 euros—, prácticamente la mitad que en Madrid.



El 80% de la cocaína que entraba a Europa a finales de los 80 lo hacía por las rías gallegas. Un gramo costaba 6.000 pesetas—unos 35 euros—, prácticamente la mitad que en Madrid.



Una pequeña y apartada región en la esquina del continente se había convertido en una mezcla entre utopía proletaria y cocaínalandia. ¿Por qué?



En marzo de 2013 los medios nacionales se volvieron locos con esta foto del presidente de la Xunta Alberto Núñez Feijóo junto al contrabandista Marcial Dorado. Hacía dos décadas que toda Galicia conocía las actividades de Dorado


2. Invasión de perico a 100 por hora

El periodista Nacho Carretero acaba de publicar Fariña (Libros del K.O.), un documentado estudio social del narcotráfico gallego. "Aquí hay una orografía enrevesada, casi esquizofrénica", nos dice el coruñés. "Ese laberíntico perfil costó miles de naufragios, pero también ofrece otro tipo de posibilidades".

Dominar las sinuosas Rías Baixas era un camino hacia el éxito. Lo sabían los pioneros contrabandistas de tabaco de mitad de siglo XX, herederos del estraperlo de café, telas y hasta del trapicheo de wolframio gallego con los nazis. Llegados a los 80, pilotar una lancha planeadora entre la niebla atlántica a más de 100 kms por hora era el máster en dirección de empresas de la época.



Del estraperlo se pasó al tabaco. Y de ahí a la cocaína. Comenzaba la invasión



Los que pasaban tabaco vieron en la coca un material más fácil de transportar y sobre todo mucho más rentable. Comenzaba la invasión de perico en Galicia.


3. Farlopa para todos


Los narcos gallegos trabajaban con el cártel de Cali colombiano, sinónimo de profesionalidad, que vieron el mercado europeo abierto en aquellos contrabandistas natos y su dominio de la costa.

Acabaron rozando la excelencia empresarial. En Galicia se descargaban 2.000 kilos de cocaína en la orilla. En media hora. En Madrid el kilo eran 10 millones de pesetas y los gallegos iban al 30%. Hagan cuentas.



Nunca se comercializó con tanto éxito un producto. Ni siquiera el marisco



La permisividad social era lógica. "Los contrabandistas ya eran benefactores que traían riqueza y daban empleo a unos vecinos abandonados por el Estado. Cuando se dio el salto al narcotráfico, nadie quería estropear el negocio", explica Carretero.

La farlopa sobraba.

"Se llegó a normalizar la cocaína", apunta Carretero. "Nunca se comercializó un producto con tanto éxito, ni siquiera el marisco. Una zona como Galicia, no demasiado grande, con no mucha población, algo aislada geográficamente y con una de las mayores organizaciones de narcotransportistas de Europa... el resultado fue una invasión".


4. Locurón en la ría

Sito Miñanco, Laureano Oubiña o el clan de los Charlines se hicieron estrellas. Miñanco, al que llegó a llamársele "el Escobar de la Ría", se compró un día el equipo de su pueblo, el Juventud de Cambados, y pagaba a los jugadores un salario mayor que el que cobraban los del Celta o el Deportivo.

El Cambados llegaba a su estadio a bordo de un yate de 13 metros de eslora. Se quedó, seguramente, a una detención policial de hacer que la Primera División española tuviera su narco-club de un pueblo de 10.000 habitantes.



El capo Sito Miñanco compró el equipo de su pueblo, el Cambados. Les pagaba a los jugadores salarios más altos que los de Celta o Deportivo



Es una pena que no podamos detenernos demasiado en la biografía de Miñanco. Se paseaba por su pueblo con despampanantes caribeñas a bordo de un Ferrari Testarossa, pagaba operaciones quirúrgicas a vecinos que no podían costeárselas y hasta intentó patentar una vacuna contra el cáncer.



Sito Miñanco aplaudido por los jugadores de su propio club, el Juventud de Cambados

Sito llegó a jurar por sus hijas que nunca había puesto una mano en la droga. En 1989 el Partido Popular lo nombró hijo predilecto de Cambados.

Los delirios de Miñanco no fueron los únicos. El embrutecido Oubiña se auto-regaló el gigantesco pazo de Baión. 287 hectáreas de un excelente Albariño, de cuya cosecha, la más grande de esta apreciada uva, pasaba olímpicamente. La gente en Vilagarcía de Arousa lo llamaba Falcon Crest.



Las rayas de aquellos 'pailanes' marcaban un ritmo frenético y que parecía interminable



Entre putas, Porsches, conciertos de la Pantoja, neveras de piedra, dinero escondido en vigas de cemento, collares de oro y horteradas de similar nivel, las rayas de aquellos pailanes marcaban un ritmo frenético y que parecía interminable.

Alrededor, un entramado social desconfiado y cerrado del que participa casi todo el mundo y que podría resumirse, como recuerda Carretero en Fariña, en la famosa frase de Mark Twain: "una vez mandé a una docena de amigos un telegrama: 'Huye de la ciudad inmediatamente. Se ha descubierto todo'. Y todos huyeron".


6. Esto no es Sicilia (pero se le parece)

"Todavía hoy en Galicia hay mucha gente que se enfada al leer esto, pero es innegable que uno de los factores que ayudó al éxito del narco fue el silencio social", afirma Carretero.

"Galicia lleva camino de ser como Sicilia", decían las primeras y tímidas voces críticas. Lo cierto es que en cuanto a violencia no era así. A pesar de tener 30 muertos a sus espaldas, en el narco gallego nunca hubo guerra.



La violencia fue mínima: había negocio de sobra para todos



"La violencia del narcotráfico gallego es mínima comparada con la de otros fenómenos mafiosos. Había negocio de sobra para todos", razona Carretero.

No obstante, cuando los había, los episodios de violencia eran de película. Tiroteos dentro de un pub, cadáveres descuartizados en una fosa séptica o metidos en un congelador...



7. Hija de puta, asesina, ¿de dónde sacaste el dinero para vestirte así?

Y entonces aparecieron ellas. As nais, madres que veían cómo sus hijos iniciaban un camino a veces sin retorno. Su primer paso organizado fue un puñetazo encima de la mesa: la asociación Érguete (Levántate) se presentó ante los medios leyendo un listado con 38 bares de Vigo en los que se vendía droga.

 Ellas rompieron, con mucha valentía y quizá algo de inconsciencia, la omertà gallega. "Se enfrentaron cara a cara y sobre el terreno a los capos, en una época en la que hacer eso equivalía a arriesgar la vida. Estas madres y padres alzaron la voz e hicieron reaccionar al Estado. Galicia les debe mucho", opina Carretero.



Una imagen histórica: madres contra la droga protestan en el pazo de Baión, propiedad de Laureano Oubiña

As nais se presentaban en las mansiones de los narcos a señalarles. Entre el desprecio de los traficantes y la desorientada mirada de la Guardia Civil, que no sabía a quién proteger, ellas fueron las primeras en hacer escraches en el estado español. Y suyo fue el bofetón que despertó a políticos, jueces y parte de la sociedad gallega.



Las madres fueron las primeras en hacer escraches en el estado español. Y suyo fue el bofetón que despertó a políticos, jueces y parte de la sociedad gallega



Carmen Avendaño era una de esas madres. Una vez, en Vigo, coincidió con la mujer de Oubiña, vestida de leopardo. El saludo de Carmen sintetiza perfectamente el cambio de clima: "hija de puta, asesina, ¿de dónde sacaste el dinero para vestirte así?".



8. 2.000 cafés al día

La Operación Nécora, en 1990, fue hija de este ambiente. El lema era "trincar a los capos en pijama". Las condenas finales fueron pobres, pero los capos le vieron por primera vez las orejas al lobo. Para Carretero, Nécora "terminó con la impunidad y la ostentación. Hizo que se higienizara el paisaje. Se acabó eso de ver a Sito paseándose en descapotable por Cambados o a Oubiña entrando a sus anchas en su pazo".

Los capos se volvieron más discretos y reservados. Poco a poco, todo comenzó a parecerse demasiado a un bajón post-cocaínico. La paranoia fue haciéndose fuerte entre los narcos. Perdieron algunas preciadas posesiones. Por ejemplo, Oubiña su pazo, a partir de entonces propiedad del Estado. Casi todos acabaron desfilando hacia la cárcel.



Todo comenzó a parecerse demasiado a un bajón post-cocaínico



Sin embargo, la resaca social fue agridulce. El dinero de la droga impregnaba totalmente las economías de algunas localidades. Durante una inspección, y como recuerda Carretero, una cafetería llegó a explicar que facturaba 2.000 cafés al día... en Vilanova de Arousa, que tiene 10.500 habitantes.



Epílogo. Dejadnos vivir

Hoy el narco gallego continúa existiendo. Con mayor discreción pero con el mismo objetivo: prosperar individualmente sin atender a la ley. Hoy, la ley fija en 648 euros el Salario Mínimo Interprofesional mensual en España. 20 minutos de descarga de cocaína en una playa pueden ser pagados a 1.000 euros. 

Quizá se trate, al fin y al cabo, de algo tan simple y a la vez complejo como es vivir. Lo mismo que pedían aquellos chavales que en el verano de 1982 montaron un equipo de fútbol en Vilanova de Arousa.



Dejadnos vivir



En el pueblo les despreciaban. Les llamaban "los porreros". Hartos, le pusieron de nombre al equipo "Dejadnos Vivir". Jugaban con una "A" de anarquía en sus raídas camisetas negras.

Dejadnos Vivir se apuntó al torneo de las fiestas patronales. Nadie daba un duro por ellos. Lo ganaron.

Y lo celebraron como si fuera la última vez que ganaban. Lo era: hoy solo sobreviven tres.



'Mira a la cocaína: verás polvo. Mira a través de la cocaína: verás el mundo' (Roberto Saviano)









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