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EEUU quiere aprovechar la crisis de los opiáceos para ejecutar a los presos

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En la búsqueda de nuevos métodos de ejecución, se han fijado en el Fentanyl, 50 veces más fuerte que la heroína y que deja 140 muertos al día en el país

PlayGround

11 Diciembre 2017 13:39

Mientras Estados Unidos intenta paliar la mayor crisis de opiáceos de su historia, los estados de Nevada y Nebrasca quieren utilizar esta droga para las ejecuciones de los presos. El Fentanyl, 50 veces más potente que la heroína, está a punto de convertirse en el nuevo método utilizado para quitar la vida a los condenados a la pena de muerte.

Los dos estados están pendientes del visto bueno del Congreso para empezar a utilizar el opiáceo mezclado con otras dos drogas. Diazepam, para "adormecer" al preso y Cisatracurio, un componente similar al bromuro utilizado para la paralizar los músculos. El cóctel no convence ni a médicos ni a los contrarios a la pena de muerte.

En primer lugar, porque se trata de un uso experimental que no se ha probado anteriormente. Si bien el opiáceo está causando la muerte de miles de personas por sobredosis, más de 60.000 personas en 2016, no se han llevado a cabo estudios médicos reales que aseguren que la muerte no sea dolorosa.

Además, al inyectarles bromuro y paralizar así su cuerpo, la persona podría estar ahogándose y agonizando y nadie sería consciente debido a que el inviduo se encontraría paralizado.

La pena de muerte a debate

La pena de muerte en Estados Unidos sigue siendo un debate abierto. Pese a que el presidente Donald Trump ha mostrado su apoyo a la pena capital, cada vez son más los americanos que abogan por eliminarla.

El debate no se cierne solo en una cuestión moral. Se han documentado cientos de casos en los que han fallado los métodos de ejecución. Desde que se prohibiesen los ahorcamientos, Estados Unidos ha experimentado distintos procedimientos para ejecutar a los presos.

Primero se implementó, en 1890, la silla eléctrica. El "espectáculo" fue tan espeluznante que los testigos que la presenciaron tuvieron que abandonar la sala llorando y el propio guardia se negó a practicar más. El preso, después de recibir la descarga eléctrica, siguió convulsionando durante 20 minutos. Tuvieron que aplicarle otra descarga para que finalmente falleciera.

Pese a los múltiples casos similares, la silla eléctrica siiguió utilizándose hasta 1970. En esa década fue sustituida por la inyección letal y las cámaras de gas. La primera respondía a un combinado de drogas para adormecer, paralizar y ahogar hasta la muerte al preso. Las sustancias utilizadas cambiaban depiendo de la oferta de las drogas y no en base a los múltiples errores en las ejecuciones.

Las farmaceúticas se niegan a las ejecuciones

Otro de los motivos que ha llevado a algunos estados a elegir Fentanyl para las ejecuciones reside en la facilidad para conseguir el opiáceo. Muchos médicos lo preescriben para operaciones o dolores crónicos- e incluso molestias leves-.

En los últimos años las farmacéuticas se están negando a vender a los estados los fármacos destinados a las ejecuciones. Pfizer, una de las farmacéuticas más poderosas del mercado, ha prohibido la venta y ha reforzado sus medidas de seguridad para evitar que las drogas lleguen a los estados que todavía permiten la pena capital.

El portavoz de la compañía asegura que Pfizer fabrica sus productos exclusivamente para mejorar y salvar la vida de nuestros pacientes y no para acabar con ellas.

La ironía, en ambos casos, podría reabrir en el Congreso americano la prohibición de la pena de muerte en todos los estados.

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