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La muerte de un buey en los 'correbous' reabre el debate sobre la tradición

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En Catalunya prohibieron las corridas de toros apelando al maltrato animal, pero los 'correbous' continúan celebrándose anualmente. Hablamos defensores y detractores de la tradición para entender por qué.

11 Agosto 2016 16:24

27 de julio, una gradería aclama impaciente el inicio del primer día de correbous en Sant Carles de Ràpita, provincia de Tarragona. Cuatro bueyes se preparan para salir a la arena, y varios valientes les esperan en la plaza.

Sin embargo, durante el transcurso del espectáculo algo se tuerce: un chico se lleva una cornada del primer buey de la jornada. Aunque no es herido de gravedad, le trasladadan al hospital.

La celebración continúa, y aquel joven no es el único herido del día.

Llega el turno del último y cuarto animal. Mientras es toreado por aquellos que aún se atreven a permanecer en la arena, se golpea accidentalmente contra un obstáculo de madera y cae fulminado. Intentan reanimarlo, pero no hay nada que hacer. El buey cerril ha muerto.

Es el primer buey en morir en la nueva temporada de los 'correbous', que se celebran anualmente en algunos pueblos de la Comunidad Valenciana y Catalunya, sobre todo en las Terres de l'Ebre. Una muerte que ha reabierto el debate en torno a esta práctica. Para algunos, es una tradición. Para otros, maltrato animal.

Hemos hablado con la presidenta de AnimalNaturalis de España, Aïda Gascón, y con el presidente de la Agrupación de Peñas y Comisiones Taurinas de las Terres de l'Ebre, Joaquim Martí, para saber cuál es la postura de dos posiciones opuestas.

El 27 de julio murió el primer buey de la temporada de correbous que se celebra anualmente en algunos pueblos de Catalunya, sobre todo en las Terres de l'Ebre

 

Aunque los correbous se diferencian de las corridas de toros por no resolverse con la muerte del animal, lo sucedido en Sant Carles de Ràpita demuestra que el riesgo para el animal está ahí. Martí asegura que esto solo sucede puntualmente, como máximo una vez al año.

Los grupos activistas luchan desde años atrás para cambiar esta realidad. Para que los animales no se vean envueltos en una tradición que lo expone al riesgo de morir.

Gascón es una de las personas que participa activamente en esta causa. Para ella, el sufrimiento de los animales no se cuantifica con el número de muertes, sino con cada una de las veces en las que es protagonista de la tradición. Además, añade que por un lado están las 'vaquillas', que son alquiladas y tras el espectáculo vuelven a la granja. Y por el otro, están los bueyes salvajes, que son comprados. En este último caso, la tradición también incluye sacrificarlos para el consumo humano.

Muertes al margen, lo que suscita más polémica es si la práctica le comporta un sufrimiento gratuito al animal. Y si es lícito justificarlo desde una perspectiva cultural.

"No veo al buey asustado, ni sufriendo, sino yo no participaría", comenta Martí, que además, achaca que ni taurinos, ni antiturinos tienen potestad para determinarlo, sino que tendría que hacerlo un veterinario.

"No veo al buey asustado, ni sufriendo, sino yo no participaría en esta tradición"

Tampoco considera que el animal sea maltratado, ya que "únicamente trabaja un máximo de 3 horas al año y el resto de su vida consiste en estar en la galería con sus compañeros de camada. Llega un punto en el que a todo se le llama maltrato".

La tradición de los correbous tiene 3 modalidades: 'el toro embolat', en el que los animales sujetan un soporte en llamas a sus cuernos. 'El capllaçat', cuando se ata una cuerda a sus cuernos y se le pasea por la calle mientras los participantes corren detrás de él. Y 'bous al carrer', los conocidos encierros en los que los participantes corren delante de suyo.

¿Supone esto un maltrato animal?

Gascón tiene muy claro que sí, ya que el conjunto de prácticas les provoca confusión y sufrimiento. En cuanto a los embolados, "no solo se trata del fuego que ya de por sí asusta a todos los animales, sino que para ello han de inmovilizarlo y colocarle el soporte de forma muy agresiva". A pesar de no saber con certeza las horas que trabajan, asegura haber visto al mismo animal en una fiesta y, al día siguiente, en otra. Y, así, sucesivamente.

En las Terres del Ebre, donde es más popular, ha aumentado el número de votos del partido animalista PACMA


Este es uno de los factores que ha provocado que el número de votos del partido animalista PACMA creciera el pasado 26J en las Terres de l'Ebre, donde la tradición es más popular.

Factores como el crecimiento del partido animalista PACMA en las últimas elecciones pueden interpretarse como signos de un creciente rechazo de los correbous en las Terres de l'Ebre. Sin embargo, según Martí, los correbous son, para muchos de sus vecinos, un movimiento social y cultural arraigado a la identidad popular e integrado en su vida cotidiana. Además, justifica que permite la existencia del animal en las tierras, ya que de no ser por ésta no tendría utilidad alguna y estaría condenado a desaparecer en la zona. Aunque si los ayuntamientos invirtieran en reservas naturales los recursos destinados en subvencionar la tradición, no habría ningún problema.

En muchas tradiciones estrechamente vinculadas a la cultura popular de un pueblo, las normas morales se tienden a relativizar. A menudo también se utiliza su antiguedad como justificación. Por esta razón, AnimalNaturalis ha intentado llevar el asunto al Parlament catalán. Sin embargo, la inestabilidad política actual, marcada por la voluntad independentista de parte de la cámara, les ha conducido a decantarse por otra práctica: el equipo de investigación. Consiste en grabar los 'correbous' de distintos pueblos de Catalunya para sacar a la luz esta práctica, áun desconocida para muchos.

En 2012 Catalunya se convirtió en la única comunidad autónoma española que ha prohibido las corridas de toros, pero después blindó los tradicionales correbous con un resultado de 114 votos a favor y 14 en contra.

Esta resolución ya suscitó en su momento indignación en algunos grupos y también ha inducido a pensar: ¿por qué una tradición sí y la otra no?

Parte de la respuesta está en que el rechazo social que hay hacia los toros es muy generalizado, pero los 'correbous' generan un fuerte sentimiento identitario en los pueblos que se celebra. Para Martí no hay comparación alguna a hacer con las corridas de toros o el recientemente prohibido Toro de la Vega, "no es un debate en el que quiero participar".

En 2012 Catalunya se convirtió en la única comunidad autónoma que ha prohibido las corridas de toros apelando al maltrato animal, para después blindar los tradicionales correbous

Aunque varias agrupaciones políticas criticaron la postura del Govern, por aquel momento de Convergència i Unió (CiU), por mantener una tradición y prohibir la otra cuando las dos atentan contra la salud del animal. En su defensa, desde CiU argumentaron que la legitimidad de los 'correbous' se debe a que no termina con la muerte del animal.

Sin embargo, se trata de un argumento que, para muchos, refleja una actitud hipócrita de parte de la clase política catalana, ya que la ausencia muerte no significa ausencia de sufrimiento.

Las diferencias entre taurinos y activistas provocan que actualmente su relación esté cargada de tensión, con varios los incidentes entre ambas partes. Un ejemplo es el que protagonizó Gascón el pasado mayo en Mas de Barberans. Ella y una compañera fueron agredidas por 4 personas del público al percatarse que estaban grabando el espectáculo.

"Nos increparon, nos dieron puñetazos y nos estiraron del pelo con el objetivo de tirarnos la cámara al suelo. Si no hubiesen llegado los Mossos nos hubiesen echado a patadas". Mientras, el resto de la plaza permaneció inmóvil, sin socorrerlas y animando a los agresores, hasta que miembros de la Agrupación de Peñas y Comisiones Taurinas de las Terres de l'Ebre intervinieron para evitar malos mayores.

"Nos increparon, nos dieron puñetazos y nos estiraron del pelo con el objetivo de tirarnos la cámara al suelo. Si no hubiesen llegado los Mossos nos hubiesen echado a patadas"

Martí también estaba presente aquel desafortunado día y condena las agresiones: "por 4 personas no se ha de generalizar en el colectivo. Aún se habla del tema y no sabes el daño que ha hecho a la fiesta".

Algunas localidades han dado el paso de prohibir este tipo de espectáculos. Es el caso de Olot, que lo hizo el mes pasado. Para algunos, se trata de un indicio de cambio. Para otros, es solo un caso aislado.

Gascón y los animalistas están convencidos que con su activismo algún día lograrán su abolición. En cambio, Martí ve el futuro con optimismo: "continuará y aún mejor, ya que este año se ha celebrado más que nunca y ahora la gente está más concenciada y activa".

Pase lo que pase, por ahora los bueyes continuarán en la arena y éste es un debate que seguirá latente.

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