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Una conversación sobre el proceso de paz en Colombia con Clara Rojas, secuestrada por las FARC
16 Septiembre 2016 06:00
La historia de Clara Rojas (Bogotá, 1964) es de las que merecen ser contadas. Lo hizo ella misma a través de Cautiva, un libro autobiográfico en el que relata sus 6 años de cautiverio en manos de las FARC en la selva colombiana. Era febrero de 2002 cuando el Gobierno de Andrés Pastrana rompió las negociaciones con la guerrilla. El presidente viajó entonces a San Vicente del Caguán, sede de las negociaciones. Betancourt y Rojas se desplazaron también a la ciudad. En el trayecto por tierra, las FARC las secuestró.
Durante los años de cautiverio, su madre, Clara González de Rojas, intentó su liberación por todos los medios, pero no sucedió hasta 2008, con la colaboración del Gobierno de Venezuela. Rojas quedó embarazada durante su secuestro y dio a luz a Emmanuel, que fue abandonado a su suerte por la guerrilla. El niño terminó en manos de los servicios sociales del Estado. Finalmente pudo reunirse con su madre cuando fue liberada. En esta historia se inspiró también la película Operación E.
Tras escribir sus memorias, Rojas participó activamente en la fundación País Libre, con el objetivo de trabajar para la paz y por las víctimas del conflicto. Años más tarde, entró en política como diputada del Partido Liberal de Colombia. Su madre, el rostro visible de los familiares de los secuestrados durante años, falleció recientemente, pocos días después de la firma histórica de un acuerdo de paz en La Habana.
Usted fue secuestrada en el momento en el que se rompió uno de los enésimos intentos de lograr la paz en Colombia. ¿Cómo valora ahora el acuerdo de paz actual?
Estamos delante de un proceso relevante, valioso y ambicioso. En el proceso del Caguán ni siquiera llegaron a alcanzar una agenda sustantiva de trabajo. Creo que en La Habana, después de 4 años y medio, lograron producir un resultado. No es perfecto, por supuesto, pero por lo menos lograron lo más importante: que las FARC entreguen las armas y que se desmovilicen.
Una sociedad no puede ir por el despeñadero de la guerra sin producir resultados. El proceso de La Habana es una alternativa que fue creada por los colombianos
Aún no se han desarmado... ¿No queda mucho por hacer?
Hemos comenzado a ver pasos en esa dirección, como que la guerrilla se ha comprometido el pasado fin de semana a dar información sobre los cultivos de narcotráfico en el país. Con esto van a abandonar su principal mecanismo de financiación. Comparándolo con los procesos que se hicieron en Colombia con los paramilitares, este es el primero que logra una jurisdicción especial transicional y hay un compromiso fuerte en presentar la verdad.
Sin embargo, no todo el mundo está de acuerdo...
A mucha gente le hubiera gustado haber visto a los guerrilleros 80 ó 100 años en la cárcel o en cadena perpetua. Pero las negociaciones tienen eso. Como víctima creo que lo más valioso es que ya no han hecho que 1.000 ó 20.000 personas vivan al servicio del conflicto y de la muerte. Creo que vamos a tener una Colombia diferente si ya no tenemos en circulación todo ese material bélico que causaba tanto daño. Ahora tenemos la oportunidad de dignificar el campo y de participar en un espacio político en el que dependerá de ellos (las FARC) ganarse la confianza del país y de la gente.
Que las FARC hayan pedido perdón es valioso pero no suficiente. Pero de lo que estoy convencida es de que hay que seguir por ese camino
Las FARC están teniendo gestos positivos. Esta semana, por ejemplo, han pedido perdón. Eso es muy valioso pero no es suficiente. Pero de lo que estoy convencida es de que hay que seguir por ese camino. Hay que reconocerle al presidente Santos su perseverancia. En medio de todas las críticas feroces que ha tenido de la oposición, sacar un proceso de paz de estas características es un reto difícil que requiere coraje.
Usted ve el proceso como esperanza, pero los partidarios de Álvaro Uribe se oponen al acuerdo
Me parece que es exagerado. Es lo que tiene una negociación que se ha hecho, además, de cara al país y con una información constante. Les correspondería involucrarse más. Creo que al uribismo le ha faltado un compromiso con la paz. Cuando yo estaba en la selva y hacían llamamientos a la unidad democrática todo el país estuvo de acuerdo, y yo misma decía: "Allá adonde haya que ir para lograr la paz, iremos". Ahora que se vio que los intentos pasados no lograron su cometido, correspondía buscar alternativas. Una sociedad no puede ir por el despeñadero de la guerra sin producir resultados.
Los recursos que ha generado el Estado para indemnizaciones solo han alcanzado a 600.000 personas de un total de 15 millones. ¡Imagínese la gente que falta por ser resarcida!
¿Podrán las víctimas ser resarcidas?
Hay más de 15 millones de víctimas de la guerra en Colombia y no todas pertenecen o son consecuencia de los actos delictivos de las FARC. Creo que resarcir a todas las víctimas es algo difícil. Tendría que haber un mayor compromiso por parte de la guerrilla para dejar sus bienes y que el Estado genere un fondo público para indemnizarlas. Los recursos que ha generado el Estado para indemnizaciones solo han alcanzado a 600.000 personas de un total de 15 millones. ¡Imagínese la gente que falta por ser resarcida!
Después de 6 años de cautiverio y otros tantos de actividad social y política, ¿cómo ve ahora a sus secuestradores?
Tuve oportunidad de reunirme con el hombre que fue el comandante carcelero que se encargaba de mí en la selva. Cuando le fui a ver a la cárcel el año pasado, percibí en él una actitud diferente en él. Me pidió perdón, y no solo a mí, si no también a mi madre y a toda la familia por habernos generado todo este daño. Creo que las FARC también pueden hacer un esfuerzo por pedir perdón a las personas que han sufrido secuestro. Y creo que, en el camino, eso se va dando.
Después de su secuestro, usted se ha dedicado a trabajar por otras personas secuestradas. Tras la firma del acuerdo, ¿cómo queda la situación de esas personas?
Como en todo lo que le he comentado, las FARC están dando pasos en ese sentido. El fin de semana pasado liberaron a 20 niños y esa tendencia tiene que seguir hacia la totalidad de personas a quienes han privado de libertad. Insisto en que estos gestos tienen que seguir, algo que llegue diariamente a la gente. Son muchas víctimas y hay que hacer un esfuerzo importante en este punto.
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