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Sueño cumplido: comprar entre colegas el equipo del barrio y que todo el mundo se enamore de él

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La del Ceares, el equipo de un barrio obrero de Gijón, es una historia de amor con fútbol de fondo

Ignacio Pato

20 Junio 2016 06:00

Estamos viendo un partido de fútbol y en el estadio suenan los Specials, Siniestro, los Jam, Parálisis, los Buzzcocks.

La cerveza corre. En el aparcamiento de este campo no hay Audis. Hay Lambrettas. A la mayoría, eso sí, no les hace falta moto. Han venido andando. Estamos en La Cruz, viendo al equipo del barrio.


?The Specials, Parálisis Permanente, cervezas, Lambrettas. ¿En serio esto es un campo de fútbol?


"Baja, que te voy a comentar una frikada"

El Ceares es todo lo contrario a lo que entendemos por un equipo de fútbol moderno. O sea, es todo lo que un club de fútbol debería ser.  

El Ceares, un club de barrio obrero de Gijón de 3ª División, es propiedad de sus socios. Un equipo que ahora será protagonista del documental El equipo de mi barrio.


?El Ceares, un club de barrio obrero de Gijón en 3ª, es propiedad de sus socios


Todo nace, como muchas grandes ideas, en un bar. A una distancia no muy larga de Ceares en Lambretta o bus urbano, en el céntrico barrio gijonés de Cimadevilla, está el Folixa. En 2010, entre botellines y discos mods y jamaicanos, al dueño Roberto Colunga le llegó una propuesta: comprar entre varios aficionados el equipo donde él mismo jugó y salvarlo de morir desangrado por la crisis.

Colunga llamó al telefonillo de un amigo y le dijo 'baja un momento que te tengo que comentar una frikada'. Entre quince, consiguieron juntar el dinero necesario. La precariedad en la que viven muchos de sus socios fue a la vez la dificultad y la ventaja. Íñigo Arza, auxiliar geriátrico y directivo, nos lo explica así: "Los directivos estamos en paro, somos autónomos o tenemos trabajos precarios. Son horarios flexibles. En otras épocas ese tiempo que le dedicamos al Ceares es tiempo que dedicaríamos a la familia pero ahora no se puede tener familia".


?Todo comenzó en el bar Folixa. Entre botellines y música británica surgió la pregunta: '¿por qué no comprar el equipo del barrio?'


Iñigo es un buen ejemplo del juego de suma cero entre tiempo que cotiza y tiempo de pasión. Ahora ha conseguido más horas en su centro de trabajo y puede dedicar menos tiempo al Ceares. "Hemos tenido directivos que llevaban en paro 3 o 4 años, en situación muy jodida", recuerda.

La cosa funcionó. Berto, vendedor de maquinaria agrícola, o Miguel, cartero, se convirtieron en directivos de su propio club de fútbol. Todo se decide de manera asamblearia. Muchas reuniones comienzan en el otro bar que Colunga tiene en Ceares. Cuando no hay demasiada gente, claro. Si tienen que interrumpirla es buena señal: han llegado los clientes  y el directivo tiene que volver a la barra a escanciar.

Dicen que sobreviven a base de milagros. "Lo pienso y es una locura", dice Arza. "Gestionamos un presupuesto de 90.000 euros. Si algo va mal, te encuentras con un pufo importante". La mayoría de esa cantidad viene de patrocinadores, especialmente bares del barrio. "En Gijón ya no hay otra industria y en Ceares menos. Es muy raro el comercio local que no aporta algo", apunta Arza. Los contratos de publicidad van desde los 50 a los 300 euros.


?Con un presupuesto de 90.000 euros, el Ceares sobrevive con las cuotas de 450 socios, el patrocinio de los comercios locales... y la cantina?


Tienen 450 socios. Las cuotas bajan desde los 80€ anuales por adulto hasta los 40 anuales para desempleados, pensionistas y menores de 30 años o los 10 euros para menores de 18.

"Y la cantina", agrega Arza. "Es una fuente clave de financiación. La gente que va al campo consume muchísimo".

En la cantina, marque o no el Ceares, corre la cerveza. Tirada por los propios directivos. Porque si nadie lo ha adivinado hasta ahora, el Ceares no solo es diferente en las formas.



Odio eterno al fútbol moderno

Si en el campo del Liverpool pone This is Anfield, en el del Ceares dice Esto ye La Cruz. No es la Premier. En la entrada se recoge dinero para la luz de un colegio del barrio o fondos para los refugiados, las aficiones están mezcladas. En un fondo se cultivan lechugas, ajos o puerros. Y la lista de anunciantes la puede leer ese día por megafonía un pensionista: "Mesón Tolena, desayunos, bocadillos, tapas y raciones, menú diario, menú para llevar".


?La Cruz no es un campo cualquiera. Huele a espíritu de fútbol antiguo. En un fondo se cultivan lechugas. En megafonía se anuncian los bares de raciones que patrocinan al club?


"Recuperamos el fútbol antiguo. Precios baratos, mucha pasión y partidos muy animados en la grada. Y por supuesto la participación del socio", resume Arza. La junta directiva va rotando para evitar "quemazones" y por salud democrática. El tercer club asturiano con más tirón en las redes sociales tras Sporting y Oviedo se define como "un club de clase obrera".

Apenas hay diferencia entre jugadores, afición y directivos. Los futbolistas se abrazan con los hinchas. Los cánticos son versiones de hits de AC/DC, Twisted Sister o Simon & Garfunkel. No hay racismo ni homofobia y el sexismo se combate con iniciativas como la escuela de fútbol mixta, desde la que se pide a los padres que "no hagan que sus hijos acaben odiando el fútbol".


?Los futbolistas se abrazan con los hinchas. No hay racismo ni homofobia y el sexismo se combate con una escuela de fútbol mixto?


"Es una alternativa a ese fútbol que permite que muchos estadios sean verdaderas escuelas de odio y fascismo. Una alternativa también al fútbol de mercado en el que los jugadores son mercancía antes que deportistas. Se puede hacer fútbol de barrio con conciencia social".

Nos lo dice Nacho Vegas, que incluso tiene en La Cruz una peña ciarista vegasiana.

"El secretario intenta poner Nacho Vegas en megafonía, pero no le dejamos", cuenta entre risas Arza. La Cruz es un estadio con banda sonora variada pero muy concreta: ska, reggae, northern soul y punk, sobre todo. "Hasta los jugadores se dan cuenta", comenta. "Una vez alguien puso música yeyé sesentera, la de Agujetas de color de rosa, y vino el capitán a preguntar qué pasaba".

Y música también, de Ana Curra, Lagartija Nick y Dixebra, tendrá el Encuentro de Fútbol Popular del último fin de semana de julio en el que habrá fiesta y charlas con otras iniciativas futboleras que toman al Ceares como ejemplo, de Logroño a Jerez y de Ourense a Murcia.


?Con banda sonora de ska, reggae, northern soul o punk, es una alternativa a estadios llenos de odio y un deporte profesional mercantilizado


Son "últimos en dinero y primeros en corazón", según uno de los lemas de un club que este año cumple 70. Este año, decimoprimeros en liga. Hace un par de temporadas, el equipo llegó a disputar el ascenso a 2ªB.

Saltaron algunas alarmas. "Algunos veíamos con pánico la posibilidad de subir", explica el directivo. "La 2ªB es un pozo sin fondo de perder dinero, con los desplazamientos largos. También miedo a salir de nuestra zona de confort, a aparecer en el radar de los medios. Habría seguridad en el campo, visitas de aficionados de fuera poco deseables y no podríamos tener la cantina".

Justo al lado de ella, en un altillo, hay un lugar que resume perfectamente Ceares. El lavabo es un meadero de pie sin techo. El ladrillo de la pared llega a la altura de los ojos. Puedes mear mientras ves el partido.

Cómo perderse algo tan extraordinario.



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