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A diferencia de otros países, no existe un compromiso político anti acoso. ¿Por qué?
21 Octubre 2016 06:00
Hace unas semanas, una niña de 8 años en un centro de Palma recibió una brutal paliza por parte de una docena de chicos de entre 12 y 14 años. La Consellería d'Educació de Baleares negó que se tratara de un caso de bullying. Redujo el suceso a una “disputa de patio de colegio”. Pero esto último contradice la versión de varios testimonios que indican que la niña era víctima de acoso escolar
Casos como este muestran que el bullying es una realidad con la que nadie quiere cargar. Lo cierto es que en España, 1 de cada 10 niños sufre o ha sufrido acoso escolar. De estos, un 30% señala que ha recibido golpes. Y uno de cada 3 escolares reconoce haber agredido a un compañero. Los datos son de un informe de la ONG Save The Children, publicado en febrero de este año.
Colegios libres de bullying
El miedo de los padres por que sus hijos puedan ser víctimas se junta con el de las administraciones y el de los centros a estar marcados por el problema. Por eso en España, han surgido iniciativas que pretenden placar al bullying o, al menos, dar la sensación de que el fenómeno está controlado. Una de ellas es la que lanzó recientemente la Comunidad de Madrid, que pretende que todos los centros tengan un “certificado antibullying”.
Hasta ahora, esto solo se ha aplicado de manera privada: Look School, una plataforma lanzada por el psicólogo Ramón Oria de Rueda, es la primera que ofrece este servicio. Por el momento, solo un colegio privado de Madrid tiene el certificado, el Highlands El Encinar de La Moraleja.
El certificado consiste en un mecanismo parecido al que un centro podría tener por impartir clases de inglés, o al que tienen los espacios libres de humo. Según Oria de Rueda, se trata de “una garantía de que se aplican actividades de sensibilización y un protocolo de actuación en casos de bullying”.
Que haya un certificado que diga que se cumple un protocolo te está adelantando que no se ha hecho nada para evitar el acoso. Es una actuación a posteriori
Para otros psicólogos, sin embargo, esto es solo una herramienta de marketing para colegios privados que no soluciona el problema. “Que haya un certificado que diga que se cumple un protocolo te está adelantando que no se ha hecho nada para evitar el acoso. Es una actuación a posteriori”, señala Javier Pérez, miembro de la Asociación No al Acoso Escolar (NACE). “Con esto creen que el bullying deja de existir, pero no es eficaz”, continúa.
Desde su plataforma, defiende la aplicación del programa Tutoría Entre Iguales (TEI), al que se han adscrito alrededor de 600 centros en toda España. Este programa va más allá del protocolo de actuación y contempla medidas de prevención que implican a los alumnos de esta manera: los chicos de cursos superiores monitorizan a los de cursos inferiores de forma que disuadan a los abusadores. “Se elimina también la figura del chivato porque no son niños de un mismo curso”, apunta Pérez.
Autoridad del profesor frente al matón
Pero tanto el certificado como programas como el TEI son iniciativas a las que se acogen los colegios que quieren. Es decir, hay centros que tienen los recursos para un certificado. U otros que tienen la voluntad (y también los recursos) para participar en programas como el TEI. Y este no es el único. Hay centros que siguen programas orientados a la mediación o a la figura del alumno ayudante. Esta última se aplica en países como Finlandia, donde hay un alumno que denuncia los casos de bullying a la dirección del centro y que despierta recelos, por ejemplo, de Pérez, impulsor del TEI.
Uno de los obstáculos que tiene la lucha contra el bullying todavía divide a la comunidad educativa. No todo el mundo está de acuerdo en qué método es el más eficaz para enfrentarse a este problema. El profesor de instituto y presidente del sindicato de profesores de la escuela pública AMES, Antonio Jimeno, recalca que “todos los programas e iniciativas están muy bien, pero son un negocio, una competición entre colegios para ver quién tiene los mejores métodos. No sirven para nada si no recuperan la figura del profesor como algo esencial”.
Jimeno continúa: “La autoridad del profesor ha quedado totalmente desterrada y desvirtuada por los alumnos y los propios padres. Ya no se puede echar a un alumno conflictivo de clase. Estamos desarmados ante el acoso que ocurre delante de nuestras narices. Lo que acaba sucediendo es que la víctima es quien termina yéndose del colegio”.
Además, ¿qué pasa con todos los centros que no aplican ninguno de estos programas?
"Hay centros en los que simplemente se oculta el problema, porque no quieren cargar con la mala fama que implica un caso de bullying", asegura José Luis Pazos, presidente del Confederación Estatal de Asociaciones de Padres de Alumnos (Ceapa).
Qué dice la administración, y qué dicen los padres
Ante la variedad de programas privados para hacer frente al bullying, las administraciones públicas han implantado protocolos de actuación obligatorios, aunque no una estrategia integral única. “Cada centro tiene sus propias necesidades, aunque esto no implica que no haya un control ni sanciones a los colegios que no hagan nada frente al bullying”, asegura Gener Gordó, Subdirectora del Departament de Ensenyament de la Generalitat de Catalunya. “Los protocolos obligatorios también contemplan medidas preventivas y se apoyan aquellos programas válidos que el centro quiera aplicar”, añade.
Gordó también apunta que los alumnos que cometen el bullying también tienen carencias socioemocionales y que hay que ayudarlos. “No se soluciona todo con una expulsión. Tenemos que atender a todos” dice, en respuesta a quienes abogan por una mayor presencia de la autoridad del profesor. Por otro lado, subraya que hay que “devolver un papel esencial a los profesores, pero sin olvidar al resto de protagonistas de la educación”, que son las familias y los propios niños.
En la escuela se ha dado prioridad a lo curricular y a la competitividad y eso potencia que el acoso ocurra. Ahora solo se intenta poner parches
Pazos, de Ceapa, incide también en la necesidad de una estrategia transversal que “fomente la convivencia”.
“El bullying es sobre todo un problema de educación. No sirve de nada trabajar en protocolos o en prevención si estamos permitiendo que haya escolares con tendencia a agredir a otros. En la escuela se ha dado prioridad a lo curricular y a la competitividad y eso potencia que el acoso ocurra. Ahora solo se intenta poner parches”, concluye Pazos.
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