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Artículo 'Just Me and Allah', un retrato a la comunidad 'queer' musulmana Historias

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'Just Me and Allah', un retrato a la comunidad 'queer' musulmana

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"El hecho es que, históricamente, la gente LGTB siempre había sido aceptada en las sociedades musulmanas. Hoy en día, las identidades de las personas musulmanas son negadas"

Pablo Rodríguez

16 Junio 2016 17:19

La fotógrafa Samra Habib ha viajado por el continente europeo y Estados Unidos retratando caras que representan la realidad de la comunidad musulmana queer en el mundo contemporáneo. Porque haberlos, haylos. El colectivo LGTB que ha retratado la artista ha sido marginado y pisoteado no sólo por la homofobia sino también por la islamofobia, especialmente en la sociedad post 11-S.

El resultado de su viaje ha confluido en Just Me and Allah. Estos son sus protagonistas y sus historias.



Leila es negro árabe. Su padre es caribeño y su madre del norte de África. Creció junto a sus cuatro hermanos en París y no se interesó por el Islam hasta los 16 años: su familia practicaba el budismo, aunque su madre ayunaba durante el Ramadán. Ese fue el primer contacto que tuvo con la religión musulmana en su niñez.

Leyó el Corán en 3 semanas. La joven devoró el libro cuando aún era una adolescente y tomó la decisión de convertirse al Islam a los 20. Unos años más tarde comenzó a utilizar el hijab. El nivel de islamofobia en ciertas partes de Francia rebasa los límites de la intolerancia, asegura Leila. Su vida en el país galo se convirtió en un infierno.

Su hijab pasó de ser un símbolo de fe a un símbolo de resistencia política y social. Cubrirse la cabeza es parte de ella y lo seguirá haciendo para molestar a los islamófobos.

Desde una edad temprana supo que era queer. "Ser queer y musulmana no es una enfermedad. Mi sueño es crear un espacio colorido para la gente como yo donde puedan ser ellos mismos y donde crezcan con orgullo y sin sentirse culpables por ello".


El 11-S supuso un momento de impacto para Harry y su familia. Tras los atentados terroristas en Nueva York su familia intentó actuar de la forma más "americana" posible. El joven recuerda que ondeaban banderas estadounidenses y mentían cuando les preguntaban por su acento. En casa todo era distinto: practicaban el Islam y cumplían con las jornadas de ayuno durante el Ramadán.

Harry pidió a su madre que le comprase el collar de Allah para sentirse protegido días después de los ataques perpetrados por Al Qaed: sentía miedo cuando regresaba solo del colegio a casa. Salió del armario con 13 años y no recuerda casos de homofobia por parte de su familia ni de su entorno social más cercano. Lo que jamás olvidará es la islamofobia y el desprecio de la sociedad norteamericana hacia su comunidad religiosa.

Ha trabajado con el colectivo LGTB y en la actualidad presta servicios preventivos a familias árabes en Brooklyn. "Creo que uno de los mayores desafío al que deben enfrentarse los musulmanes queer en Estados Unidos es a descolonizar nuestra mentalidad".


Shima creció en Shiraz, Irán, con su familia. Recuerda su infancia como un contraste entre ansiedad y felicidad. Esas largas, coloridas y poéticas tardes con sus seres queridos chocaban con una sociedad que le imponía unos valores y una estética que no iba acorde a su manera de expresarse. Dice que el patinaje en línea es su pasatiempo favorito porque se aleja de la imagen queer sexualizada.

"Cuando era pequeña soñaba con vestirme y besar a mi mujer como hacían en la televisión los blancos. Me corté el pelo para parecer masculina porque asociaba la masculinidad con una imagen de poder y de atracción hacia las mujeres".

Shima cree que el islam está malinterpretado y el problema queer sólo es el principio; el rechazo puede venir tanto de musulmanes como de los propios queers. Espera poder volver a Irán y ayudar a una sociedad anclada a unos valores casi primitivos. Sueña con el olor de las flores naranjas y las colinas soledas de Shiraz.


Christelle se crió en una familia evangelista y musulmana. Sufrió el rechazo de parte de sus tíos, primos y abuelos que no compartían la ideología del Islam. Hace poco ha vuelto a entablar relaciones con familiares que no veía desde hacía 15 años y que la rechazaban por practicar una religión diferente. Aunque las dos partes de su familia son muy religiosas, la joven sólo se atrevió a confesar su homosexualidad a los musulmanes. Ellos la acogieron y la trataron sin distinción.

"No me siento parte de la comunidad LGTB de París porque es muy, muy blanca, mainstream y no acepta otros géneros y sexualidades del espectro BTQ1A+". Christelle sólo conoce un puñado de musulmanes queer en París con los que ha quedado recientemente.

La gente no para de preguntarle por qué no tiene un nombre árabe, por qué no se tapa la cabeza y el cuerpo y cómo se le ocurre convertirse al islam depués del trato que tuvieron los musulmanes con los esclavos negros africanos.


Troy se ha sentido musulmán desde 2007, aunque no lo hizo oficial hasta 2011. Lo que más le atrajo del Islam fue el concepto que maneja del pecado. Según esta ideología, los seres humanos no nacen pecadores sino con la capacidad para olvidar, esta es, sin duda, una manera más positiva de emprender tu camino en el mundo.

La oración del predicador le llamó. Para él, una recitación bonita del Corán suena a música celestial: la manera en al que vibra le agita el espíritu. "La otra ocasión en la que sentí lo mismo fue cuando estaba en un concierto de hip hop y el MC me llamó al escenario".

Troy quiere que la gente comprenda que el Islam no es un monolito. La religión que se practica en Egipto no es la misma que la se practica en la India.

El colectivo LGTB musulmán está desafiando el patriarcado del Islam. De hecho, están marcando el camino. "Reclamar que algo se practique como hace 1.400 años es absurdo mientras te tomas un selfie en Haiji".


Nació en Kiel en el seno de una familia musulmana. Hengameh se describe como gordita, sarcástica, feminista y empollona. No fue fácil para una niña como ella crecer en un entorno estrico y religioso donde debía mostrarse como un persona correcta, educada y servicial. En ocasiones mentía a sus padres; era desobediente y tenía miedo de ser castigada por ver demasiada televisión y comer muchas gominolas.

"No sabía que estaba permitido denominarme musulmana siendo queer al mismo tiempo". En Berlín, algunos de sus amigos más cercanos son musulmanes queer, aunque la mayoría no lo son. Esto le da esperanza para comenzar una vida en la capital donde se siente empoderada y apoyada por sus iguales. "Con todo, personas de izquierdas y antireligiosas constatan lo atrasada que está mi cultura".


El-Farouk Khaki es el fundador de SALAAM Canada y cofundador de Unity Mosque. Su padre fue un importante activista y humanista que le enseño el Islam como una religión basada en la justicia y el amor y que abraza la diversidad y la liberación. "El hecho es que, históricamente, la gente gay, lesbiana, bisexual y transexual siempre había sido aceptada en las sociedades musulmanas. La cuestión no era si esas personas eran musulmanas, sino si eran transgresivas. Hoy en día, las identidades de las personas musulmanas son negadas y robadas, apartadas del individuo".

Cuando fundó SALLAM, la comunidad musulmana queer de Canadá, lo hizo con el propósito de crear un espacio comunitario. Ahora sonríe al ver como ha construido un lugar donde no se juzga a los musulmanes y en el que todos son bienvenidos.  

"La gente es abrazada por su pureza y su autenticidad".



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