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Si creamos un soldado que no siente dolor, ¿es inhumano torturarle?

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Drogas, implantes y cuerpos que se autoreparan: una mirada a la carrera de DARPA por crear un 'supersoldado', y alterar el futuro de la guerra

Luis M. Rodríguez

13 Octubre 2015 06:00

El futuro ya está aquí;

simplemente no está uniformemente distribuido.

William Gibson


Un joven se encierra en una cabina en la que apenas hay espacio para una pantalla y una gran butaca. Sus manos sujetan dos joysticks con los que controla la trayectoria de un vehículo aéreo no tripulado. Cuando la pantalla le indica haber llegado a unas coordenadas concretas, hace zoom sobre el objetivo y dispara. ¡Que se jodan esos cabrones!, grita el chaval antes de echar mano a la Coca-Cola que cuelga del reposabrazos. Dos horas más tarde, el mismo joven estará tirado en el sofá de casa. Plan para la noche: pizza y televisión.

Cuando nos hablan de "guerras del futuro", la mayoría pensamos en eso: vehículos autónomos, drones no tripulados controlados de forma remota, incluso robots capaces de tomar decisiones sobre el terrero por sí mismos, sin mediación del hombre.

La idea parece clara: poder hacer la guerra desde el salón de casa.

Como si estuviéramos jugando a un videojuego, pero con armas —y bajas— reales.

Causar daño a miles de kilómetros sin exponernos a recibir ningún daño. Sin estar siquiera "a tiro".

La investigación tecnológica con fines militares lleva tres décadas volcada en esa idea. Los primeros diseños de "armas autónomas" fueron financiados por DARPA, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa de Estados Unidos, como parte de su programa de armas inteligentes en 1983. El proyecto fue bautizado sin ambages, como Robots asesinos, y su motto ofrecía palabras proféticas: "El campo de batalla no es lugar para el ser humano".




Leída sin contexto, la frase puede sonar a reflexión humanista. Pero DARPA no nació para cavilar sobre la condición humana, sino para desafiarla. Su único estatuto es la innovación radical. Y ahí no queda fuera ni el hombre.

El campo de batalla no es lugar para el humano, decían. Precisamente por eso, tocaba crear superhombres.

Reforzar el eslabón más débil

Como explica la periodista Annie Jacobsen en su nuevo libro, The Pentagon's Brain, DARPA empezó a insistir en la fragilidad del hombre con el cambio de siglo.

"El humano se está convirtiendo en el eslabón más débil de los sistemas de defensa", decía un informe de 2002. Fortalecer esa cadena implicaba "sostener y aumentar el rendimiento humano", pero también "habilitar nuevas capacidades".

Capacidades que van más allá de lo que consideramos humanamente posible.

Imagina poder aguantar sin dormir y sin apenas comer durante una semana, manteniendo tus sentidos frescos, afilados. Imagina poder tomar una droga que borrara tus recuerdos para evitar los posibles síntomas de un trastorno por estrés postraumático. Imagina hacer un sprint durante 20 minutos sin bajar nunca de tu velocidad máxima. O permanecer sumergido en el agua durante más de dos horas sin ayuda de bombonas de oxígeno.




Todos esos escenarios son proyectos militares reales en distintas fases de desarrollo. Ejemplos de lo que en el entorno de DARPA se conoce como la Human Enhancement Revolution, el perfeccionamiento del hombre más allá del hombre.

Durante casi 50 años, DARPA centró su trabajo en la ingeniería, dejando de la lado las ciencias de la vida. Impulsó avances tecnológicos que van desde internet a los "aviones furtivos" indetectables por radar. Pero a principios de los 90, a medida que crecía la preocupación por las armas bacteriológicas, la agencia empezó a interesarse por la biología.

"El futuro era un lugar escalofriante. Queríamos aprender sobre las capacidades de la naturaleza antes que otros nos las enseñaran a la fuerza", comentaba Michael Goldblatt, jefe de la Oficina de Ciencias de la Defensa (DSO), en una vieja entrevista con Wired.

A principios de los dosmil, bajo la dirección de Tony Tether, la agencia multiplicó y expandió el alcance de sus esfuerzos biológicos. Las investigaciones en biodefensa llevaron a investigar sobre el sistema inmune. Pronto, el objetivo era poder hackear las capacidades naturales del cuerpo humano.




DARPA empezó a soñar con un soldado nuevo. Se trataba de mejorar radicalmente el rendimiento físico, la capacidad mental y la resistencia de las tropas. Hacer que una persona pudiera correr más rápido y durante más tiempo, ser inmune al cansancio y al sueño, recuperarse en cuestión de minutos de heridas mortales. Y eso no se logra simplemente entrenando.

Superpoderes

Cuando uno se sumerge en los proyectos de DARPA es difícil evitar la sensación de estar asistiendo a la materialización de mil y una ideas con las que soñamos primero gracias a la ciencia ficción.

Las conexiones espirituales de la "la ciencia del mañana" de la DSO con el mundo del cine fantástico, los comics y los videojuegos son constantes. La relación quedó explicitada el año pasado cuando el presidente Obama recurrió a la metáfora comiquera durante un evento sobre innovación. "Estoy aquí para anunciar que estamos construyendo a Iron Man. Ha sido un proyecto secreto en el que hemos estado trabajando mucho tiempo".

En realidad, no tan secreto.




Los proyectos desclasificados que ha manejado Jacobsen como documentación de The Pentagon's Brain hablan de investigaciones sobre biomímesis y miembros que se autoregeneran, de implantes químicos que permiten pasar días sin comer, de sistemas de estimulación magnética trascraneal para combatir la fatiga y drogas capaces de multiplicar la fuerza muscular por diez.

DARPA y sus socios científicos han trabajado en vacunas capaces de bloquear la sensación de dolor durante un mes, en botas biónicas capaces de hacernos correr más rápidos que cualquier humano, sistemas de cognición aumentada para la comunicación telepática y exoesqueletos a los Starship Troopers que convierten a los soldados en máquinas capaces de cargar más de 100 kilos a la espalda o trepar por cualquier tipo de pared vertical sin ninguna ayuda externa.

Ya en 2008, los implicados en el programa Future Force Warrior afirmaban sin ningún tipo de ironía que su plan era dotar a los soldados de superpoderes.

Parte de los programas de DOS en beneficio del "humano aumentado" se han centrado en el desarrollo de dispositivos externos. Es el caso de TALOS, un traje-exoesqueleto inteligente —protección antibalas para todo el cuerpo, sistemas de calefacción y refrigeración integrados, audio tridimensional para conocer la posición físicas de los compañeros, sensores, antenas, ordenador incorporado...— que se espera esté funcional para 2018. O uniformes tejidos a partir de nanopartículas inteligentes que pueden cambiar de forma y color para adaptarse al medio, dotando al soldado de algo parecido a la invisibilidad, como el alien de Predator. O las distintas fases de The Glove, un proyecto que busca ampliar los límites de la resistencia física a través de un sistema que extrae el calor del cuerpo a través de las palmas de las manos, eliminando en cuestión de pocos minutos el cansancio más extremo.




Más peliagudas resultan las experiencias encaminadas a la animación suspendida o a la autoregeneración de tejidos y miembros amputados.

El bioquímico Mark Roth lleva años investigando en el primero de esos campos gracias, en parte, al dinero de DARPA. Inspirado por la capacidad de algunos animales de hibernar, Roth ha llevado a cabo experimentos que buscan ralentizar el metabolismo humano hasta dejarlo al borde de la muerte. O en sus propias palabras: "Podemos desvivificar a la gente". Para mantenerla con vida.

El objetivo es provocar un estado de animación suspendida para prolongar lo que en medicina se conoce como la "hora de oro", el periodo de tiempo durante el cual se considera que una intervención médica puede prevenir la muerte de una persona que ha sido víctima de un daño traumático serio.

Según explica Jacobsen, la agencia ha estado buscando métodos para que un humano puede sobrevivir durante horas tras haber perdido hasta un 60% de su sangre. ¿Cómo justificar ensayos clínicos semejantes en humanos?



Ideas como esa llevaron al Consejo de Bioética que asesora al presidente de EEUU a emitir informes contra las prácticas de hacking corporal a mediados de la década pasada. Había gente en el Congreso preocupada por estar financiando una especie de ejército de Frankensteins. ¿Cómo respondió DARPA? Siguió con sus investigaciones de manera clandestina, cambiando el nombre a sus programas para que no llamaran tanto la atención.

Hacia una ética transhumanista

Tony Tether, director de DARPA hasta 2009, siempre ha negado que la intención de la agencia tenga una agenda transhumanista. "La DSO no está intentando crear tropas post-humanas. ¿Conoces ese viejo dicho de la Armada que dice, 'Se todo lo que puedas ser'? Bueno, eso es lo que estamos haciendo".

Otros no piensan lo mismo.

Programas como Soldado Metabólicamente Dominante buscan usar la tecnología y la biología para trascender los límites del cuerpo humano. En última instancia eso llevaría a la unión de hombre y máquina. Crear una especie de biorrobot capaz de funcionar a pleno rendimiento los 7 días de la semana. Y, como escribe P.W. Singer en Wired for War, la guerra se convierte en un animal diferente cuando Master Chief de Halo se hace realidad.




El debate sobre las implicaciones éticas e incluso la posible ilegalidad de los proyectos de DARPA dirigidos a crear un "supersoldado" lleva tiempo en el aire.

¿Pueden estas tecnologías interferir en los sistemas neuronales hasta "anestesiar la moral" del soldado? Si podemos crear un soldado que no siente dolor, ¿seguiría siendo inhumano torturarle con métodos que hoy están prohibidos, o lo antes prohibido pasaría a ser moralmente permisible? ¿La "ciborización" del humano nos obligaría a considerar al soldado como un arma en sí misma? ¿Afectarían estas modificaciones al Derecho internacional humanitario y a las leyes de la guerra vigentes?




Lo que parece claro es que el futuro del hombre será el híbrido humano-tecnológico o no será. Y la motivación última de esa carrera no es otra que sobrevivir. En este caso, hacer soldados a "prueba de muerte".

Como comenta en el libro el doctor David M. Gardiner, uno de los especialistas implicados en los programas de DARPA para la autoregeneración de miembros amputados: "Estamos conduciendo nuestra biología hacia la inmortalidad. O al menos hacia la fuente de la juventud".

Aspirar a lograr la inmortalidad. Para perfeccionar las capacidades del humano como máquina de matar.

Bendita paradoja.


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