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La razón por la que la corrupción le da lo mismo a 7.900.000 votantes del PP

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Spoiler: es poco probable que los 7,9 millones que han votado al PP sean estúpidos

Rafa Martí

28 Junio 2016 06:00

Después de conocer los resultados de las elecciones del domingo, muchos se han hecho esta pregunta: ¿tiene España el electorado más estúpido e ignorante del mundo?

Si tienes menos de 40 años, en las horas posteriores a los resultados tu muro de Facebook se habrá inundado de análisis como este:



Los inesperados resultados han conseguido que un montón de votantes de izquierdas informados y concienciados con cuestiones políticas disparen ahora toda clase de argumentos epidérmicos:

“Seguro que ha habido tongo electoral”.

“Cómo puede ser tan estúpida la gente”.

“Tenemos que hacer tests de inteligencia antes de votar”.

“Tendría que haber carnet de votante”.

“España es un país de borregos”.

“España es un país de pandereta”.

Y así.

En definitiva, la conclusión para mucha gente es que nos encontramos en un país donde el periódico más leído es el Marca, el programa de televisión más visto es Sálvame y el partido más votado es el Partido Popular... Que en una España donde el 25% de la población cree que el Sol gira alrededor de la Tierra, es normal que gane el PP.

De alguna manera, el análisis tiene sentido lógico: ¿Cómo puede ser que no hayan importado nada los casos de corrupción? ¿Cómo puede ser que en Granada, donde el alcalde del PP está detenido, el partido haya ganado 5.000 votos con respecto a diciembre? ¿Cómo puede ser que el partido de un ministro que ha conspirado contra otras formaciones haya subido 14 escaños? ¿Cómo puede ser que gane votos un gobierno que ha mutilado el Estado del bienestar?

¿Son idiotas los votantes del PP?

Alguno, en efecto, habrá. Pero culpar a los resultados electorales de que en España haya 7'9 millones de idiotas parece atrevido. Aunque sea solo por estadística.

¿Qué dicen los votantes del PP de la corrupción?

La pescadera que decía a Susanna Griso que su hijo había tenido que emigrar por la crisis votó a Rajoy. Su respuesta es que el PP ha terminado con la crisis económica en una legislatura.

Lo mismo dice Silvia Valmaño, diputada del PP por Guadalajara desde el pasado diciembre. Hasta entonces —y todavía ahora— es profesora universitaria:

—¿Por qué votas al PP conociendo los casos de corrupción que tiene?

—Soy jurista de formación y por ello sé que los delitos los cometen las personas, no los partidos. Los del PP no han sido los únicos corruptos que ha habido en España. Yo he votado al PP porque me ha parecido la opción más razonable y que nos ha sacado de la crisis en muy poco tiempo.

O Beatriz, votante del PP en Valladolid:

—¿Qué te parecen los resultados obtenidos por Podemos?

—Me dan una gran tranquilidad.

—¿Por qué?

Podemos es un dislate, representa la mayor falta de valores y de principios y nos devolvería a la peor parte de nuestra historia.

—Pero en el partido al que votas ha habido muchos casos de corrupción, ¿no le faltan principios entonces al PP?

—Los casos de corrupción son bochornosos, pero que haya unos pocos corruptos no significa que todos los demás lo sean, ni eso afecta a la visión general que tiene un partido.



Ignacio, de 28 años, de Barcelona y autónomo:

—¿Por qué al PP?

—Siempre les he votado. En las de diciembre voté a Ciudadanos porque estaba desencantado. Pero ahora he vuelto al PP porque me da más confianza. La gente como yo, que tiene una empresa, quiere estabilidad y una gestión fiable y eso es lo que me convence del PP. Lo que necesitamos ahora no son historias raras.

—¿Y los corruptos?

—Me cabrea mucho, pero los partidos no son corruptos. Lo son las personas. Un mafioso que hoy está en el PP y que mañana se va a Ciudadanos sigue siendo un mafioso, pero no lo son los partidos en los que esté.

—Tienes 28 años, la mayoría de la gente de tu generación ha votado a Unidos Podemos. ¿Qué emociones te producen sus resultados?

—Me producen alivio. Con todo el respeto a los votantes de Podemos, creo que son personas idealistas que pueden haber pasando por malas experiencias personales como estar en el paro y que se creen a vendedores de humo, pero yo prefiero a un partido que no promete tanto y que hace las cosas. Al final los resultados lo han demostrado y me reconforta que España tenga esta madurez a la hora de votar.

Nuevamente, una enseñanza de estas elecciones es que España no es solo Twitter, donde opinan los periodistas, o el muro de Facebook donde habla el electorado más joven. España también es Valladolid, Guadalajara y el autónomo. Es 13 televisión. Es el campo de alcachofas en el que Rajoy hizo campaña electoral y desde donde ha ganado a tres urbanitas, cargándose la nueva política, como dice Lucía Méndez en El Mundo. Y lo que una generación considera ignorancia, allí se ve como madurez.

Alternativas

A pesar de que el CIS dice que la segunda preocupación de los españoles es la corrupción, la postura de los votantes del PP tiene una justificación psicológica. Un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona concluye que los casos de corrupción influyen poco o nada en los resultados electorales. El estudio apunta a que el político corrupto se beneficia del pragmatismo. Es decir, el votante permisivo prefiere al gángster que mantiene la paz del barrio que al recién llegado que promete darle la vuelta a todo. De alguna manera, se le perdona el desliz si lo demás va bien.

Lo que se concluye de esto y de los testimonios es que al votante del PP solo le importan dos cosas: que la economía vaya bien y que no gane Podemos. O lo que para ellos es lo mismo: que la economía vaya bien. En esas, el PP ha sabido ganar esa batalla: han jugado la carta de que el país está mejor que hace 4 años y ha colado. Todo lo demás ha resultado negociable.

Jordi Évole comparte en una columna que la victoria del PP no implica que haya mucha gente que se haya equivocado. Para que haya crecido el apoyo al PP, con miles de casos de corrupción, ministros que juegan a House of Cards y patadas a los más desfavorecidos por la crisis, algo se ha tenido que hacer mal. Del otro lado. No es momento de pararse a pensar de que los casi 8 millones que han votado al PP son idiotas. Porque no lo son. Achacar a eso la victoria de la derecha es solo una excusa.


De alguna forma, la imagen de los votantes del PP cantando el Sí se puede en Génova ha dado por concluido el ciclo del 15-M: el movimiento y las iniciativas que empezaron entonces han llegado lejos, pero aún son insuficientes para tener el poder. Mientras, en Génova no han dudado en restregarle la victoria al oponente. Los simpatizantes concentrados delante de la sede del partido solo repetían una cosa a los micrófonos de algunos periodistas: "Que se joda Pablo Iglesias". Para un enemigo que ha sabido arrasar con duro pragmatismo, es posible que a la izquierda solo le quede contestar de la misma manera, sin ambigüedades y (también) en el campo de alcachofas. Le queda salir a ganar el partido.

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