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Las chicas: retrato de una generación literaria que pilló a todos por sorpresa

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Emma Cline, Paulina Flores, Lucía Baskaran, Cécile Coulon, Luisa Geisler, Viola di Grado... y lo que está por venir

Luna Miguel

16 Septiembre 2016 11:24

Uno de los temas que en los últimos Juegos Olímpicos se discutieron más fue el modo en que los medios de comunicación trataban a las deportistas. Condescendencias. Paternalismos. Mirar por encima del hombro…

Pero ocurre que las mujeres que hacen deporte no son las únicas en recibir este tipo de comentarios cuando se habla de su trabajo: basta darse un paseo por la prensa cultural para descubrir que artistas, músicas o escritoras a menudo corren una suerte parecida.

Esta semana, en medio del torbellino creado por Emma Cline en su visita a España para promocionar su novela Las chicas, llamaron la atención estas palabras escritas sobre ella en El País: “Es, además, lo que se dice guapa. Una belleza casi botticelliana de rostro ovalado y unos ojos azules que parecen detener el tiempo cuando los miras de cerca”.

Si la descripción resulta extraña es porque nos cuesta imaginarla en otras direcciones. Por ejemplo: “Hoy se celebran 8 años de la muerte de David Foster Wallace, el fofisano más interesante de la literatura”, “Ben Brooks saca nuevo libro, y además es un jovencito guapísimo”, o “Coetzee, un madurito de Nobel”.

La revancha de las chicas

Lo que sí que imaginamos a veces es un mundo en el que a una profesional se le juzgue menos por su apariencia, y más por lo que hace. En este caso, un mundo en el que llamarse Emma Cline y haber escrito una muy buena primera novela sea motivo suficiente para que se te celebre como autora.

Más allá de tus ojos azules.

Más allá de que seas joven y bonita.

Las chicas de Emma Cline acaba de colarse en las portadas de los suplementos literarios más importantes de Estados Unidos, España y el resto de los 30 países en los que está siendo traducido.

Su narrativa aparta paternalismos a manotazos. Quizá porque de eso va también Las chicas: de cómo las mujeres tienen que aprender a decir basta. Sin embargo, la genialidad del fenómeno Cline no se queda ahí.

No es sólo una cuestión de género; también lo es generacional.

Nacida en 1989, Emma Cline es una de las primeras autoras nacidas alrededor de 1990 que pega un petardazo en la narrativa anglosajona.

Lo mejor de todo es que Emma Cline no está sola. Aunque su nombre aparezca ahora en todos los medios literarios del mundo, sólo es la punta del iceberg de un canto furioso que poco a poco emerge, un canto coral y femenino.

Si fueran hombres, ya hablaríamos de una generación poderosísima

Subida a un descapotable y adelantando con elegancia por la derecha por una carretera soleada también me imagino a dos escritoras que este 2016 han llegado a las librerías de nuestro país.

La primera es Lucía Baskaran, donostiarra nacida en 1988 que con su primera novela ha hecho lo que muchos autores literarios de primera línea no consiguen ni tras toda una vida publicando: despachar más de 1.000 ejemplares —según su propio sello—, agotar edición, y hacerlo en una editorial minúscula.

Partir es el título que Baskaran escogió para estrenarse en el mundo editorial, para probar suerte en todo tipo de premios —fue finalista del Herralde— y para acabar cosechando reseñas muy entusiastas en la prensa. Su historia, una autoficción sobre la juventud y el fracaso, ha llamado además la atención de editoriales extranjeras.

Baskaran, que no rinde cuentas a nadie porque trabaja en lo que le gusta y para ella misma, no ha necesitado de prescriptor alguno para lograr su éxito. Y así es como su bomba ha estallado en la cara de muchos, mientras que otros esperan su próxima novela con ansia.

Algo parecido ha sido el recorrido de Paulina Flores, también de 1988 pero original de Chile. Su nombre apareció casi de la nada y en seguida recibió el prestigioso Premio Roberto Bolaño de narrativa, con un relato que también forma parte de ¡Qué vergüenza!, libro que Planeta acaba de traer a España en el sello de Seix Barral.

La ironía, la desvergüenza, la fortaleza de sus personajes femeninos y el cuestionamiento constante de la juventud son algunos de los rasgos que destila este libro: rasgos rabiosos, que inevitablemente unen su voz a la de Lucía Baskaran y Emma Cline, incluso si ninguna de las tres se parece en nada más que en su fortaleza.

Pero aún hay más.

Si cogiéramos un globo terráqueo y le diéramos vueltas, y posáramos el dedo al azar en cualquier país, es posible que en él encontráramos que la única voz joven de su narrativa es la de una chica.

Luisa Geisler, Brasil, 1991.

Cécile Coulon, Francia, 1990.

Viola di Grado, Italia, 1987…

Estos son algunos nombres que, como Cline, Baskaran o Flores no han esperado a que sea un hombre el que se proclame como voz de su generación, ni han tenido miedo de estar solas en ese mundo hostil y lleno de envidias que es el de los novelistas.

Qué interesante han puesto esto las chicas, ¿no?

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