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Artículo Lupita Nyong'o también fue acosada (y varias veces) por Harvey Weinstein Now

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Lupita Nyong'o también fue acosada (y varias veces) por Harvey Weinstein

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La actriz relata en primera persona varios encuentros incómodos con el depredador sexual de Hollywood. "No me sentía segura".

L.M.R.

20 Octubre 2017 15:27

Actriz con aspiraciones y con toneladas de talento, y además joven y exótica y escandalosamente bonita. No sorprende que Lupita Nyong'o también estuviera en la lista de “objetivos” del productor Harvey Weinstein. Y no hablamos de querer ofrecerle papeles... Claro que no. Hablamos del peaje para llegar hasta eso.

Ha tardado, pero Lupita, de 34 años, también ha terminado sumando su voz a la lista de mujeres que estos últimos días están relatando sus encuentros incómodos con Weinstein. Testimonios que superan ya las cinco decenas y que en algunos casos —hasta cuatro— le acusan directamente de violación.

En lo que respecta a la actriz mexicana-keniana, todo quedó en proposiciones extrañas que ella supo esquivar. Todo quedó en un par de sustos por acoso y en varios meses, si no años, de cuerpo revuelto. “Entonces no sabía que las cosas podían cambiar. No sabía que había gente que quería que las cosas cambiasen. Así que mi plan de supervivencia fue evitar a Harvey y a otros hombres como él a toda costa, y no sabía que tenía aliados en esto”, cuenta la actriz en un texto con su firma publicado en The New York Times. “Me he sentido sola desde que ocurrió y me he culpado a mí misma igual que las demás mujeres que han compartido sus historias”, dice en el inicio de su narración.


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Cuenta Lupita que su primer encuentro con Weinstein fue en el marco del festival de cine de Berlín. "Fue en el 2011 en la ceremonia de premios, mientras todavía estudiaba en la Escuela de Arte Dramático de Yale. Un intermediario me lo presentó como 'el productor más poderoso de Hollywood'", rememora.

"Como una actriz aspirante que era, estaba ansiosa por conocer a gente de la industria, pero el que me lo presentó me dijo: 'Él es un buen contacto en la industria, pero cuidado porque puede ser un abusador'". En aquella ocasión, otra mujer actriz con la que compartió momentos también advirtió a Nyong'o, sin entrar en detalles, de que debía tener cuidado para no acabar en “el lado equivocado” con él. Al final se conocieron, se saludaron, intercambiaron unas frases, poco más. Poco después, ella recibía una invitación del productor.


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"Harvey me escribió invitándome a asistir a la proyección de una película. Me dijo que la veríamos junto a su familia en su casa en Westport, Connecticut". Lupita aceptó. Antes de la proyección, quedaron en un restaurante para comer. Allí ya notó su primer exceso.

—Toma, bebe esto —le dijo Weistein acercándole un vaso.

—Mmmm... Gracias pero no —respondió ella educadamente.

—¿Por qué no?

—Porque no me gusta el vodka, y no me gusta la soda dietética, y no me gustan ambas cosas mezcladas.

—Pues yo digo que te lo vas a beber —insistió el productor.

“Sonreí y le dije de nuevo que no lo haría. Al final desistió y me llamó terca. Yo dije, 'Lo sé'”.

La cita siguió según los previsto. "Después del almuerzo llegamos a su casa, conocí al personal y a sus hijos. Me ofreció un breve recorrido por la casa antes de que nos reuniera a todos en la sala de proyección para ver la película". Luego, con la proyección empezada, y con los hijos de él presentes en la sala, el productor se acercó a la actriz. Quería enseñarle algo, dijo. Le pidió que le acompañara hasta su dormitorio. "Protesté, ya que quería terminar de ver la película, pero insistió en que fuera con él, dictando la ley como si yo también fuera uno de sus hijos. No quería otro lío ante sus hijos, así que salí de la habitación con él".

En el dormitorio, las cosas se pusieron raras. Weistein le dijo a Lupita que quería darle un masaje.


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“Al principio pensé que estaba bromeando. No me sentía segura. Entré ligeramente en pánico y se me ocurrió ofrecer que, en vez de lo que él proponía, yo le podía dar un masaje a él: eso me permitiría estar en control físicamente, saber exactamente dónde estaban sus manos en cada momento”. Weinstein aceptó.

"Se mostró de acuerdo y se acostó en la cama. Empecé a masajearle la espalda para ganar tiempo, para descubrir cómo librarme de aquella situación indeseable. Al poco rato dijo que quería quitarse los pantalones. Le dije que no hiciera tal cosa y le dejé claro que me haría sentir extremadamente incómoda si lo hacía. Se levantó de todos modos para hacerlo. Yo me dirigí a la puerta, diciendo que no estaba cómoda con aquello. 'Si no vamos a ver la película, debo regresar a la escuela", le dijo. "Abrí la puerta y me puse de pie junto al marco. Se puso la camisa y volvió a mencionar lo terca que era. Le dije que estaba de acuerdo, con una sonrisa fácil, tratando de salir de la situación de forma segura. No sabía cómo proceder sin poner en peligro mi futuro. Pero supe que no aceptaría ninguna visita más a sitios privados con Harvey Weinstein".


Aunque el incidente con Harvey me había dejado incómoda, fui capaz de racionalizarlo y justificarlo ante mí misma —Lupita Nyong'o


Lupita consiguió salir de aquella casa sin ser tocada, y aún así se sintió agredida. Luego llegó el proceso de racionalización de lo sucedido.

“No sabía como procesar el incidente del masaje. Razoné que había sido inapropiado y fuera de lugar, pero no algo abiertamente sexual. Estaba entrando en un negocio en el que lo íntimo a menudo es profesional y las líneas están difusas. Aunque el incidente con Harvey me había dejado incómoda, fui capaz de racionalizarlo y justificarlo ante mí misma, y lo archivé como un momento embarazoso sin más”, explica la actriz.

Meses después hubo un tercer encuentro que transcurrió con normalidad. Tuvo lugar con motivo de una lectura de guión para un proyecto de Weinstein. El productor le dijo a Nyong'o que podía asistir con quien quisiera, y ella se llevó a dos amigos. Weistein, Nyong'o, sus dos amigos y otra actriz salieron luego a cenar. No hubo gestos ni proposiciones extrañas. "Sabía cuándo ser encantador si quería algo. Era definitivamente un abusador, pero podía ser realmente encantador, lo que era confuso. Me fui de allí pensando que quizá él había aprendido cuáles eran mis límites y los iba a respetar".


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Esa buena impresión allanó el camino para que hubiera un cuarto encuentro entre ambos. La excusa fue una proyección de El romance del siglo en Nueva York. Nyong'o recibió una invitación para acudir al pase privado de la película y a la cena posterior. La segunda cita era en un restaurante de TriBeCa. Allí se plantó Nyong'o convencida de que habría otros invitados. Al llegar, la asistente de Weinstein le informó de que iban a estar los dos solos durante la cena.


Me dijo que no fuera tan naive. Que así es como eran las cosas. Si quería ser una actriz, tenía que estar dispuesta a hacer este tipo de cosas —Lupita Nyong'o


"Antes de que llegaran los aperitivos, anunció: 'Cortemos el rollo. Tengo una habitación privada arriba donde podemos tomar el resto de la cena'. Me quedé pasmada. Le dije que prefería cenar en el restaurante”, relata Nyong'o. ¿La respuesta de él? “Me dijo que no fuera tan naíf. Si quería ser una actriz, tenía que estar dispuesta a hacer este tipo de cosas. Me dijo que había tenido citas con la actriz famosa X y la actriz famosa Y y que mirase donde habían llegado. Me quedé en silencio durante unos segundos, hasta que encontré el coraje para declinar educadamente su oferta. 'No sabes lo que estás dejando pasar'”, insistió él. “Con todo el debido respeto, no podría dormir por las noches su hiciera lo que me estás pidiendo que haga, así que debo pasar”.

En ese preciso momento, Harvey dio la velada por terminada. Aún no habían llegado a servirles la comida.

"Antes de irme, tenía que asegurarme de no haber despertado una bestia que arruinaría mi nombre y destruiría mis posibilidades en el negocio antes incluso de estar en él. 'Solo quiero saber que estamos bien', le dije. 'No sé tu carrera, pero tú estarás bien', me dijo. Pareció una amenaza y un consuelo al mismo tiempo. De qué, no podía estar segura". Se levantaron de la mesa y se largaron sin mediar palabra, cada uno por su lado.

Harvey y Lupita no se volvieron a ver hasta septiembre de 2013. Entonces la ocasión fue el estreno en Toronto de Doce años de esclavitud, película que le valió a ella el Oscar a la mejor actriz de reparto. "Me dijo que no se podía creer lo rápido que había llegado a donde estaba, y que me había tratado muy mal en el pasado. Estaba avergonzado de sus acciones y prometió respetarme en el futuro. Se lo agradecí y me fui". Ese día la actriz se hizo una promesa: no trabajar jamás en ningún proyecto que tuviera que ver con Weinstein.

"Yo fui parte de una comunidad creciente de mujeres que lidiaron en secreto con el acoso de Harvey Weinstein. Ahora alzo la voz para contribuir a poner fin a la conspiración del silencio", escribe Lupita.

“Ojalá hubiera sabido entonces que había otras mujeres en la industria con las que podría haber hablado. Ojalá hubiera sabido que había oídos para mí. Que se podía hacer justicia (...) Hay poder en los números. Quiero agradecer a todas las mujeres que han hablado y me han dado la fuerza para revisitar este momento desafortunado de mi pasado. Ahora que estamos hablando, no nos permitamos nunca callar sobre este tipo de cosas”.


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