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Estos son los poetas negros que se inventaron el rap

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Christine Otten publica 'The Last Poets', un ensayo sobre el peligroso grupo de limpiadores de zapatos, adictos al crack y estafadores que a principios de los 70 hizo atractivo el movimiento Black Panther y cambió la poesía popular

Xaime Martínez

23 Noviembre 2016 06:00

Cuando salió su primer disco, The Last Poets ya había perdido a la mayoría de sus miembros fundadores.

¿Un disco? ¿Pero no eran poetas?

Sí, pero este fue uno de los muchos campos en los que el grupo de artistas fue revolucionario para la cultura popular.

Sus polémicos poemas se acercaban a lo que hoy entendemos como slam o spoken word, y se publicaban en sellos de música con bases de congas y ritmos africanos.

En ellos, daban caña al hombre blanco que tolera y ejerce el racismo, y también al negro que no se mueve para cambiar la situación. Su propuesta fue fundamental para el desarrollo de las letras combativas de rappers míticos como Public Enemy, 2Pac o Mos Def.

Ahora, Christine Otten ha escrito un libro, llamado The Last Poets, en el que reivindica a este colectivo como pionero de la escena del rap y estudia su historia, que llevó a unos cuantos chavales de Nueva York a pasar de ser ladronzuelos y adictos al crack a peligrosos activistas políticos vigilados por el FBI (y otra vez hacia abajo).

Fundado en Harlem en 1968, The Last Poets estaba inspirado por "la música de John Coltrane, el glamour de los Temptations y la política del black pride" según afirma Otten. Venían de un ambiente muy conflictivo, y por eso mucho de los primeros miembros desaparecían en torbellinos de drogas o de criminalidad.

Aunque se hicieron conocidos en el barrio por sus actuaciones callejeras, no empezaron a triunfar hasta que los escuchó Alan Douglas  —el hombre que descubrió a Jimi Hendrix—, quien se metió en pleno Harlem con su Jaguar plateado solo para conseguir que firmasen un contrato discógráfico con él.

Los cuatro miembros "estables" de The Last Poets cuando salió su primer disco eran Abiodun Oyewole, Jalal Mansur Nuriddin, Umar Bin Hassan y Félipe Luciano.

Todos ellos fueron muy cercanos al movimiento Black Panther —de hecho, Luciano era el jefe de los Panteras Negras puertorriqueños—, por lo que en el momento en que el partido cayó debido a la guerra sucia del FBI y a la presión de los medios, los Last Poets regresaron al ambiente empobrecido que los había visto crecer.

Luciano y Umar Bin Hassan se hundieron en las drogas y se hicieron adictos al crack y a la coca; Nuriddin volvió a dedicarse profesionalmente a la estafa, y Oyewole se encontraba en la cárcel cuando el primer disco de los Last Poets salió a la calle en 1970. De hecho, según cuenta Chirstine Otten, "oía a otros presos cantar desde sus celdas las letras que él mismo había escrito".

A pesar de su corta trayectoria, no obstante, la importancia de este grupo de poetas es enorme.

No solo por su influencia en músicos posteriores (y no solo raperos, sino también gente como Mick Jagger o Bowie) sino porque fueron un colectivo verdaderamente peligroso a todos los niveles.

Su activismo y su capacidad para movilizar a la gente hizo que, como descubrió Bin Hassan cuando se desclasificaron los archivos del FBI, los Last Poets estuvieran "en la lista del Presidente Nixon, en la lista del departamento de defensa y en la lista de seguridad nacional".

Hace unos años, de hecho, los supervivientes de aquella época turbulenta volvieron a reunirse para dar varios conciertos.

Y nos recordaron que existió un momento en el que la conciencia política, el barrio y la poesía consiguieron cambiarlo (un poco) todo.

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