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Artículo Hay mujeres que prefieren un perro. Hay mujeres que prefieren un bebé. Todas se merecen un poema Lit

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Hay mujeres que prefieren un perro. Hay mujeres que prefieren un bebé. Todas se merecen un poema

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Deborah Landau: poesía carnal y descarnada, poesía maternal y sin madre, poesía para los que aman su cuerpo, incluso si no saben usarlo

Luna Miguel

15 Noviembre 2017 15:56

Antes de tener hijos,

tienes un perro.

Después, cuando tienes un bebé,

esperas a que el perro se muera.

Cuando el perro se muere,

sientes un alivio tremendo.

Cuando el bebé ya no es un bebé,

vuelves a querer un perro.

Este poema de Deborah Landau pertenece al libro Los usos del cuerpo, recientemente publicado en Valparaíso Ediciones y con traducción de Diego Álvarez Miguel.

En 2015, su autora y estos poemas fueron elegidos entre las lecturas más influyentes en medios tan dispares como The New Yorker, Vogue o BuzzFeed. En casi todas las reseñas que pueden encontrarse del libro en Internet, lo que los críticos y lectores destaron fue una "honestidad brutal", una "feminidad rabiosa" y un "impresionante canto de la poeta del deseo".

La mayoría de las veces que la prensa cultural se refiere a un poeta en estos grandes términos, casi siempre suele sonar a palabras vacías. Como si sólo por mencionar un órgano todo escritor fuera "el poeta del cuerpo". O como si sólo por haber dedicado un texto a su hijo, todo poeta fuera "la voz de la nueva paternidad".

En el cado de Landau, sin embargo, todos los halagos son pocos y todas las grandilocuentes etiquetas son muy necesarias. No hay nada que se prometa antes de su lectura —la sensualidad, la exploración de lo maternal, la sinceridad, el reconocimiento— que no supere las expectativas una vez cerrado el libro.

Y por eso, para demostrar lo bellos y necesarios que son sus poemas, hemos seleccionado tres que no sólo reivindican una escritura feminista, sino que además demuestran que tanto en la poesía y como en la vida, todo tema femenino es un tema universal:

Me encontré siendo madre.

Me encontré con un bebé sin ningún propósito en L.A.

Estaba en una situación digamos infantil.

Primero: yo no existía.

Segundo: tú no existías.

Para entonces, ya lo habíamos hecho.

Diez días de curación.

Diez brechas en la piel.

Lo oculté discretamente.

Poniendo gestos de dolor al amamantarle.

Esto es justo lo que estoy haciendo ahora.

Toda la noche recorriendo el pasillo

con él dormido entre mis brazos.

*

Los usos del cuerpo son múltiples.

Los labios, los dedos, la nuca.

Uno debe aprovecharlos tanto como pueda

antes de que el tiempo se agote. En el Paraíso.

Deberías apreciarlo. No lo desperdicies.

Toma un bocado jugoso y trágatelo.

Los melocotones son para saborearlos.

En el Paraíso.

Nos tumbamos y muchas tardes

nos trajeron placer y sosiego.

*

Me causa auténtico pavor

el ver a una mujer renqueando

por la acera, adagio encorvado,

apenas apoyándose

—me aterroriza de veras,

podría dibujarte un esquema

de la gran degradación ,

pronto nos habrá llegado

el turno a nosotros—.

La boda se acabó.

El verano se acabó.

Vida, por favor, explícalo.

Este libro ya está leído casi a la mitad.

No hay una pastilla para eso,

dijo el doctor.

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