PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left
Opinion Próxima distopía: un planeta de mujeres feministas, lesbianas y putas Lit

Próxima distopía: un planeta de mujeres feministas, lesbianas y putas

Opinión

H

 

Próxima distopía: un planeta de mujeres feministas, lesbianas y putas

/OPINIÓN/ “Ese complot que merodea ahora silencioso sobre las cabezas de tantos hombres heterosexuales, en efecto, está hecho de la misma pasta que la conspiración antisemita de los sabios de Sión, la perspectiva de una raza humana extinguida por culpa de los homosexuales o la fantasía racista de una Europa musulmana tomada por la migración: es el miedo del poderoso a perder sus privilegios”

Le oí decir a un amigo que el debate suscitado por el hashtag #metoo y el caso Weinstein quizá pusiera en riesgo la irracionalidad del amor. Si todo se cuestiona, nada es espontáneo. Y el amor es espontáneo. Vale que la sospecha se cimenta sobre interpretaciones sexistas, pero no menos cierto es que el escenario actual constituye un hábitat inédito para nosotros, los varones heterosexuales: es esta la primera vez que asistimos al despliegue de una sororidad imparable, enfadada y cargada de razones; y tal vez muy probablemente esta es la primera vez en que nosotros no somos los protagonistas, o lo somos por razones que no desearíamos. Es una obviedad que la conversación que está siguiendo al #metoo no va a revertirse en una sociedad más puritana y menos sexual, pero es que incluso si así lo fuese —una mundo de mujeres cuyo deseo hacia los hombres ha disminuido— tampoco tendríamos elección. De eso va justamente el consentimiento.

Estos días también estuve escuchando en la redacción algunos testimonios de mujeres y trabajadoras sexuales que habían decidido abrazar el lesbianismo político. Cansadas de interactuar con hombres heterosexuales incompetentes en materia emocional y de género, concluían que entre ellas tenían lugar relaciones afectivas mucho más ricas. Al oír esto supe que, tal vez, ahí estaban los ingredientes de la próxima distopía política: mujeres feministas que, hartas de lidiar con hombres desconsiderados y sus cuitas, aceptaban voluntariamente el trabajo sexual y el lesbianismo. Un planeta de putas libres y lesbianas, roles que vuelan fuera de la órbita del patriarcado. Ese complot que merodea ahora silencioso sobre las cabezas de tantos hombres heterosexuales, en efecto, está hecho de la misma pasta que la conspiración antisemita de los sabios de Sión, la perspectiva de una raza humana extinguida por culpa de los homosexuales o la fantasía racista de una Europa musulmana tomada por la migración: es el miedo del poderoso a perder sus privilegios. Son relatos que justifican genocidios y violencia masiva, ya sea hacia judíos, musulmanes, gays o la mitad entera de la población.

Ni el sexo heterosexual va a desaparecer, ni tampoco lo hará el amor como un acontecimiento fuera de las limitaciones racionales. Aunque si esa posibilidad nos preocupa, entonces quizá debamos preguntarnos por qué.

share