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Ni el pelo largo es sólo de niñas, ni las sirenas son sueños imposibles para ellos

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Imagen: Jessica Love
 

Jessica Love propone una historia extremadamente simple y hermosa: Julián sueña con ser una sirena y, para acercarse a su fantasía, decide hacerse una peluca enorme, desnudarse y vestir sólo unas cortinas blancas que le sirvan de larga cola

Eudald Espluga

07 Junio 2018 18:46

Algunos debates nos recuerdan que, en materia de derechos sociales, avanzamos muy lentamente. El último ejemplo es especialmente sintomático, puesto que la formulación interrogativa del problema es en sí misma un acto reaccionario: ¿sólo las niñas deberían llevar el pelo largo?

Es la pregunta que desde hace un par de días corre por redes, radios y televisiones, como si tal duda fuese todavía de sentido común. La polémica arranca de las críticas que se han lanzado contra Elsa Pataky y su marido, por peinar a sus hijos varones con largas melenas rubias. Pero si "parecer una niña" por llevar el pelo largo sigue siendo un problema, está claro que el camino será muy largo: la lucha por la representación de identidades no normativas no ha hecho más que empezar.

Quizá una buena manera de deshacer nuestro paso y rehacer la travesía sea empezar a desmontar los engranajes culturales que todavía hoy limitan el género y la sexualidad a una normatividad estricta. La visibilidad importa, porque define lo que desde pequeños podemos llegar a pensar como posible. Y abrir los horizontes es lo que intentan cuentos como Julián es una sirena, de Jessica Love, en los que se naturalizan otras formas de representar las identidades de género.

Love propone una historia extremadamente simple y hermosa. Julián sueña con ser una sirena y, para acercarse a su fantasía, decide hacerse una peluca enorme, desnudarse y vestir sólo unas cortinas blancas que le sirvan de larga cola. Su abuela, en ver la transformación, rubrica el cambio coronando a su nieto con un collar de perlas y llevándolo al desfile de las sirenas de Coney Island.

El cuento explica perfectamente bien como el sentido de pertenencia debe articularse a través de la identificación con referentes. Julián ve primero a unas mujeres vestidas de sirena en el metro: sólo entonces comprende que lo que hasta ese día había sido sólo un sueño puede hacerse realidad. Desfilar junto a los demás seres mitológicos, ser uno de ellos y que nadie le cuestione su forma de vestir, desear o expresarse. Eso es sólo el último paso.

Lo verdaderamente importante es el descubrimiento de que otras formas de ser son posibles. El absurdo debate sobre si sólo las niñas pueden llevar el pelo largo parece tener sentido porque somos bombardeados diariamente con imágenes que nos enseñan el cómo deben ser las cosas. Algo evidente cuando hablamos del cine y la televisión, pero también debería serlo cuando pensamos en los cuentos que leen los más pequeños: ¿qué roles se atribuyen a niños y niñas? ¿qué funciones sociales se les reserva? ¿cuál es el espectro indentitario que abre la historia?

Desde el feminismo se ha puesto el foco en la representación literaria de la mujer, y el éxito de cómics como Leñadoras, de Noelle Stevenson, o Saga, de Brian K. Vaughan, demuestran la importancia de estos cambios. El camino es largo, por supuesto, y las conquistas son lentas. Pero, por suerte, son cada vez son más los artistas que luchan también por la visibilización de identidades LGTB: obras como Julián es una sierna son la prueba.


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