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El terrorífico relato de una mastectomía sin anestesia en 1812

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Imagen: Edward Francis Burney
 

“Cuando el espantoso acero se hundió en mi pecho, cortando a través de las venas, la carne y los nervios, no pude contener el llanto. Comencé a gritar sin descanso durante todo el tiempo que duró la intervención”. Desvelan el contenido de una carta de la novelista Fanny Burney en la que describe su experiencia con la cirugía sin anestesia y el cáncer de mama

Luna Miguel

26 Junio 2018 12:53

Se ha escrito mucho sobre la suciedad de la medicina antes de la anestesia. Sobre la poca salubridad de las salas de operaciones de antaño, donde los cirujanos, literalmente, ni se lavaban las manos antes de proceder. Había gritos, había sangre, había mal olor, y la ensayista Lindsey Fitzharris lo narró maravillosa y desagradablemente en De matasanos a cirujanos, un libro sobre la cirugía en la época victoriana, recientemente publicado por la editorial Debate.

Ocurre, sin embargo, que hasta la fecha nos habían llegado pocas palabras y experiencias de quienes se enfrentaron a tales atrocidades médicas, quizá porque como explicó el oncólogo Siddhartha Mukherjee en El emperador de todos los males (Taurus), la enfermedad tardó en convertirse en un tema puramente literario.

Tanto es así que no ha sido hasta casi dos siglos después de la muerte de la escritora Fanny Burney —autora que inspiró, entre otros, a Jane Austen—, cuando la British Library ha hecho públicas las cartas en las que, con enorme precisión y una narración desgarradora, contó la mastectomía a la que había sido sometida sin anestesia.

“Cuando el espantoso acero se hundió en mi pecho, cortando a través de las venas, la carne y los nervios, no pude contener el llanto. Comencé a gritar sin descanso durante todo el tiempo que duró la intervención”, escribió Burney en un texto olvidado pero publicado hoy en exclusiva por The Guardian.

“Volví a sentir el corte seco, era como si la carne se resistiera (…) sólo podía cerrar los ojos”

Dirigiéndose a su hermana, Fanny Burney narró lo doloroso y también lo “demoníaco” de notar los utensilios de cirugía dentro de sí misma para arrancarle el tumor del pecho. Y a pesar de lo desagradable de la experiencia, Burney terminó sobreviviendo a aquel “infierno” que describió en un total de 12 páginas. De hecho, la escritora no murió hasta 30 años después de aquella intervención.

Ahora que conocemos los detalles de su dolor, curémonos nosotros leyéndola:

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