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¿Quién es el misterioso colombiano que sale en las fotos con los grandes escritores?

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Imagen: Arte PG
 

Compartió escenas sexuales con Sergio Pitol. Carlos Fuentes le llamó una vez 'pendejo'. Ursula K. Le Guin le gritó machista a la cara. Gabriel García Márquez le puso Macondo a Macondo por su consejo. Abrazó a Fidel Castro. Amó a Parra…

Luna Miguel

14 Mayo 2018 16:51

Compartió escenas sexuales con Sergio Pitol. Carlos Fuentes le llamó una vez 'pendejo'. Ursula K. Le Guin le gritó machista a la cara. Gabriel García Márquez le puso Macondo a Macondo por su consejo. Abrazó a Fidel Castro. Amó a Parra…

Todas esas cosas las hizo, incluso antes de haber nacido, el escritor Didier Andrés Castro. Un colombiano menudo, que pasea por las redes sociales mostrando fotos tristes, retratos tomados en Cali o en Ciudad de México, en los que a menudo hace calor.

Se le puede ver el sudor en la frente. Porque Castro suda, sí, y en cada una de sus gotas se encuentra el rastro de los recuerdos que guarda de sus paseos con junto a los escritores más grandes o los intelectuales más polémicos del siglo XX. Él fue un polizón de sus historias. Siempre se escondió tras sus sombras. Les esperó allí, en los momentos clave, e incluso estuvo cuidando de ellos hasta el último estertor.

Arte PlayGround

Didier Andrés Castro, muchacho enclenque, muchacho moreno y calmo que quería ser poeta pero que se quedó en el oficio de escritor fantasma de obituarios, espera solitario en las puertas de Facebook a que cualquier autor muera con tal de poder inventar una historia, tan real y tan patética, tan inteligente y espontánea, de las horas que compartió con ellos, de las vidas que pudo haber vivido a su lado. Castro parece haberse tomado al pie de la letra eso que escribía Simon Critchley en Apuntes sobre el suicidio: “quizá lo más cerca que podamos estar de la muerte es escribiendo”. El joven colombiano se acerca a sus muertos para saberse quizá más vivo. O para creerse muerto. O para morirse un rato y luego regresar con las ganas y la pasión para poder contarlo.

De sus Obituarios, que se pueden leer en de manera pública en Facebook, nos quedamos con el humor cómplice del ratón de biblioteca, extrañamos más figuras femeninas —¿será que nosotras vivimos más? ¿Será que las escritoras nunca mueren?— y añoramos la figura de un editor que le diga, ey, polizón caleño, ¿no ves que si juntas todas estas letras tendrías un libro jodidamente mágico?

Para comprobarlo, os dejamos con su último obituario, escrito hace apenas unas horas y dedicado al teórico de la literatura Gérard Genette, que falleció el viernes pasado y con quien Castro, en un arrebato de locura, decide bajar a la tumba: “si seríamos todos nosotros él mismo en la muerte, cómo solía decir, con la diferencia de que no se reduce a ser él un ser único en todas las muertes, sino que todos somos Gérard Genette bajando a la tumba”.

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