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El mejor chiste feminista de 2018 explicado de la A a la Z

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En realidad no es un chiste: 'Nanette' debería ser considerado como una intervención intelectual tan importante como cualquier discurso o ensayo político. Aquí las razones:

Eudald Espluga

09 Julio 2018 10:43

Lo hemos dicho muchas veces, pero tenemos que repetirlo: Nanette no es un simple monólogo. Más allá de lo que pueda significar para el mundo del espectáculo, que puede ser mucho, ha de ser considerado como una intervención intelectual tan importante como cualquier discurso o ensayo político. Por su carácter teórico, el monólogo de Hanah Gadbsy debe se tratado como una obra feminista que abre algunos debates y trata de cerrar otros.

Para poner un poco en orden a las ideas que aparecen en Nanette, hemos elaborado un diccionario informal que sistematiza algunas de las reflexiones de Gadsby.

A de Artista. Tras el #metoo, la distinción entre obra y artista se ha convertido una discusión persistente. ¿Debemos separa el hombre del arte? ¿Qué hacer con esas grandes obras escritas, pintas, filmadas por monstruos? Gadbsby, en tanto que historiadora del arte, va un poco más allá para discutir acerca de lo que Pierre Bourdieu llamó “las reglas del arte” y la construcción social del gusto: salvo en casos excepcionales, ¿qué hace que valoremos esa obra, si no es el aura del autor, su firma, su fama, la posición que ocupa en el ecosistema artístico? La respuesta es simple: si nos tomamos en serio la distinción entre arte y artista, la mayoría de "obras maestras" nos parecerían una mierda. Pero una mierda muy concreta: “la historia del arte occidental es una historia de hombres pintando a mujeres cual floreros de carne y hueso para sus pollas como flores”

B de Burlarse de uno mismo. Se ha repetido una y otra vez que el humor autocrítico es una señal de inteligencia. Incluso hay estudios que lo ven como un factor de “bienestar psicológico”: demuestra que tienes una gran autoestima y que puedes racionalizar las causas de la aflicción. Pero Gadsby, que se ha pasado toda su carrera burlándose de sí misma, cuestiona las implicaciones que esta sátira tiene para alguien que, de hecho, ocupa una posición marginal en la sociedad. La violencia simbólica del humor no desaparece cuando es uno mismo quien empuña el arma: “no es humildad. Es humillación. Me menosprecio a mí misma para hablar”.

(Imagen: Netflix)

C de Creatividad. El sufrimiento no es el precio de la creatividad. Así de simple. Romantizar el dolor, pensar que para “sentir de verdad" debes hundirte en la depresión implica no tener en cuenta la experiencia de quienes sufren de verdad. Idealizar la enfermedad mental por motivos estéticos no solo es ridículo, como se dice en Nanette, sino que además malentiende la relación entre creatividad y sufrimiento. Como explica Gadsby, si hoy gozamos de los cuadros de Van Gogh no es gracias a su sufrimiento. Fue el amor de su hermano, que cuidó de él y se encargó de su obra después de su muerte, el que hizo posible el mito trágico de Van Gogh.

D de Diversidad. Es fácil hablar de la "diversidad" en abstracto, y reducirla a un problema cultural. Resulta sencillo tratar la identidad como una cuestión representativa, simbólica, que no tiene casi nada que ver con el mundo material. Pero lo cierto es que, para las personas estigmatizadas por la diferencia, "ser diferente es peligroso". La diversidad implica palizas, asesinatos, violaciones. Por ello Gadsby cree que llevar esta diversidad al plano de la representación es crucial para que empiezan a cambiar las cosas: "la diversidad es fuerza. La diferencia es un maestro. Si temes la diferencia, no aprendes nada".

“La presión sobre mi gente para expresar nuestra identidad y orgullo mediante la metáfora de la fiesta es muy intensa”

(Hannah Gadsby)

E de Espanto. Ni como mujer, ni como lesbiana: Gadsby no odia a los hombres. Pero ofrece una fórmula fácil para que los not-all-men comprendan por qué es necesario generalizar cuando se habla de ellos. "No odio a los hombres, pero les tengo miedo. Si estoy sola en una habitación llena de hombres, tengo miedo". Un miedo que nace de una experiencia personal, pero que tiene una estructura colectiva: el terror es compartido.

F de Fiesta. Así fue su primer contacto con la comunidad gay: viendo el desfile del mardi gras de Syndey por la televisión. Gadsby utiliza su experiencia para cuestionar la conversión de la identidad sexual en un estilo de vida, así como la creciente transformación del Pride en un producto comercial. El problema no es la fiesta y lo carnavalesco, sino la reducción interesada de una lucha comunitaria a una sola imagen estereotipada. “La presión sobre mi gente para expresar nuestra identidad y orgullo mediante la metáfora de la fiesta es muy intensa”.

G de Genio. El feminismo lleva años cuestionando las violencias implícitas en el cliché del genio loco, cuya excentricidad —si miramos biografías y libros de historia— consiste normalmente en pegar a mujeres o abusar de ellas. Pero Gadsby va más allá y señala otra problemática relativa a la mitología del genio y a cómo transmitimos sus trágicas historias, presentándolos como “incomprendidos” que se adelantaron a su tiempo. A diferencia de lo que enseña el cliché, los artistas siempre son hijos de su contexto, y las más de las veces terminan estando muy cercanos al poder: no son seres místicos, ni cuando fracasan en vida ni cuando finalmente triunfan entre la alta cultura.

H de Humor. La risa no sirve como medicina. Lo que hacen los chistes es congelar una experiencia dolorosa en su punto traumático y encapsularla para siempre en un comentario chistoso. Las bromas simplifican, desenredan la complejidad y minimizan el daño. No permiten desarrollar la experiencia, comprenderla, superarla: “las historias, a diferencia de los chistes, necesitan tres partes. Comienzo, parte media y final". Por eso Hannah Gadsby quiere dejar la comedia: porque quiere contar bien su historia. Quiere un final y, hasta ahora, sólo ha conseguido chistes: "la risa es tan solo la miel que endulza la medicina amarga".

I de Ira. Las emociones también tienen un sesgo de género. Hay emociones correctas e incorrectas, y la corrección varía dependiendo de quien sea el emisor: los hombres pueden hacer gala de su indignación en público, airando su cólera; pero cuando las mujeres lo hacen son unas "histéricas" unas "lesbianas aguafiestas": "no me corresponde mostrar ira sobre el escenario". La australiana reflexiona, además, sobre la función de la ira como emoción política: "tengo ira, y creo que tengo todo el derecho a sentirla. Pero lo que no tengo derecho es a propagar la ira". Entiende que la ira es una tensión "tóxica y contagiosa" que nunca puede ser constructiva.

J de Jaque mate. Es la expresión —paródica— que usa para resumir la situación perversa que los chistes homófobos ocupan en el mundo del espectáculo: una violencia verbal, disfrazada de humor, que si no es correspondida con la risa del oprimido, confirma los prejuicios del opresor. “¿Qué tipo de comediante no puede hacer reír siquiera a las lesbianas? Todos. Es un buen chiste, ¿no? Clásico, a prueba de balas. Los únicos que no le ven la gracia somos nosotras, las lesbianas. Pero tenemos que reírnos, porque si no probamos que es cierto. Jaque mate”.

(Imagen: Netflix)

K de Kilómetros. Los que tuvo que recorrer Gadsby para escapar de Tasmania, la isla en la que nació, donde hasta 1997 la homosexualidad era considerada un delito. La concreción espacial y temporal de su testimonio nos sirve para dar cuerpo real a una serie de problemas que normalmente son tratados como una cuestión teórica, cuando no como una veleidad de intelectuales occidentales que se preocupan por problemas identitarios sin atender a las cuestiones materiales que los rodean.

F de Feminismo. Es curioso comprobar que la palabra "feminismo" o "feminista" apenas aparece en todo el monólogo. No hay "contenido feminista", como tampoco hay "contenido lesbiano". Pero si no lo hay es precisamente porque Nanette se construye como una acción feminista en sí misma, una intervención transformadora que opera un corte en el discurso público.

M de Mujer: A pesar de la compleja reflexión queer que hay en Nanette, Gatsby no cuestiona en ningún momento la categoría de "mujer". Tiene muy claro que la violencia tiene género, incluso cuando ésta ha sido ejercida contra ella por no encajar bien el categoría, por ser “mujer incorrectamente”. Precisamente porque el género es una construcción cultural, el tipo de injusticias a la que se somete a las mujeres depende de este aparato ideológico que define qué es la normalidad y limita los roles que una mujer puede desempeñar en nuestra sociedad.

N de No. El monólogo tiene una función evidente: decir “no”. Decir “no” a la comedia. Decir “no” a humillarse a uno mismo para poder tomar la palabra en público. Pero también decir “no” a toda una estructura de poder patriarcal que, a pesar del auge del feminismo y el éxito del #metoo, sigue perpetuándose como sentido común y libertad de expresión.

L de Libertad de expresión. Recientemente se ha hablado mucho de la censura moralista y puritana que estaría implícita en el auge del feminismo. La libertad de expresión ha sido reivindicada como el último bastión liberal en el que protegerse de este nuevo totalitarismo feminista. Pero para construir su barricada defensiva han abusado tanto del sintagma "libertad de expresión" que ha terminado convertido en una formula vacía. Como explica Gatsby, la libertad de expresión es hoy un simple subterfugio para poder seguir manifestando en público ciertas ideas humillantes que ya no están socialmente aceptadas. Para la australiana, el problema con la libertad de expresión no está en la libertad misma, sino en la responsabilidad de asumirla.

O de Opinión. “Las lesbianas hacen comentarios. ¿Los hombres? Dan opiniones”. Con una sola reflexión, casi de pasada, Gadsby resume perfectamente la desigual consideración que merecen hombres y mujeres cuando exponen sus ideas en el espacio público. Ya no se trata de una actitud como el mansplanning, normalizada pero agresiva, sino de la estructura misma del conocimiento en nuestra sociedad: una estructura desigual y sesgada por razones de género.

P de Picasso. Gadsby utiliza la figura del pintor español para explicar cómo algunas perspectivas son siempre bandeadas de la esfera pública. Picasso, quien una vez dijo que “cada vez que dejo a una mujer debería quemarla”, cambió la historia del arte. Liberó la pintura del punto de fuga y del imperativo de la tridimensionalidad: consiguió que un mismo objeto se pudiera presentar desde una infinidad de perspectivas al mismo tiempo. Sin embargo, como nos recuerda Gadsby, se olvidó de una: la perspectiva de la mujer. Para ellas no cambió nada. Picasso simplemente puso un “filtro caleidoscópico a su polla”.

"No quiero uniros con la risa ni con la ira."

(Hannah Gadsby)

Q de Queer. Gadsby rechaza las etiquetas, y se niega a encerrar su persona en una identidad sexual. “No me identifico como transgénero. Está claro que soy de 'género no normal', pero ni siquiera creo que lesbiana sea la identidad correcta”. En cierto sentido, su discurso entronca con el corazón de la teoría queer y su negativa radical a dejarse “subjetivar” —estar sujeto— en una sola categoría.

R de Representación. En tanto que historiadora del arte, Gadsby reflexiona sobre lo que significa encajar con patrones preestablecidos. Combate la reducción de la mujer al papel de madre, virgen o puta, y satiriza con la escasa libertad que tienen las mujeres para ser quienes quieran ser: “el patriarcado no es una dictadura. ¡Elegid!”. Y se pregunta, además, sobre los límites de lo "normal" en relación la división por géneros: ¿por qué es raro que una mujer lleve traje pero no lo es que un bebé calvo lleve una diadema rosa?

S de Subcategoría de lo humano. Los hombres no son lo neutro. No son lo normal. No son la categoría universal a partir de lo cual se mide "lo diferente". Sin embargo, hasta ahora el sistema patriarcal les ha permitido presentarse como el ser humano imparcial. Para Gatsby, esta es la razón por la que la categoría de “hombre blanco hetero” molesta a tantos hombres: porque expone que sólo son una “subcategoría de lo humano”. Les molesta hasta el punto que algunos incluso han empezado a hablar de sexismo invertido. “No, no lo es”, concluye Gadsby, a quien siempre la han juzgado por ser “bollera gorda y fea”. “Vosotros escribisteis las reglas. Leedlas”.

T de Teatro. Es necesario recordar otra vez el abismo que separa las violencias reales de la incomodidad sobreactuada que hoy sienten algunos hombres frente a discursos feministas. "A los hombres de la sala, que sentís que os he perseguido esta noche: muy astutos. Es lo que he estado haciendo. Pero esto es teatro, amigos. Os he dado una hora, una muestra. Yo lo he vivido toda la vida".

U de Unidad. Aunque Nanette puede verse como una deconstrucción de muchas ideas, al final termina con un llamamiento propositivo: Gadsby pide conexión. "Conexión" es la última palabra que pronuncia, y lo hace después de rechazar la comedia y la indignación: "no quiero uniros con la risa ni con la ira". Por el contrario, su monólogo apela a los cuidados y a la necesidad de un entendimiento que vaya más allá de unas "diferencias" fabricadas para dividir a los oprimidos.

V de Víctima. Curiosamente, a medida que los testimonios de mujeres que fueron violadas o agredidas se han ido ganado un espacio en la opinión pública, muchos intelectuales han empezado a hablar de "cultura victimista". En cuanto estas víctimas se han organizado contra las fuerzas que las oprimen, la categoría de "víctima" a pasado a ser sospechosa: ¿presentarse como víctima no será un error? ¿No se estará banalizando la condición de víctima? ¿No la estaremos convirtiendo en una identidad más de nuestro supermercado cultural? Contra estas suspicacias, Gadsby, se reinvidica como víctima, pero deja claro que no habla como víctima: habla porque su historia tiene valor.

"Fue un hombre quien abusó sexualmente de mí cuando era niña. Fue un hombre quien me molió a palos cuando tenía 17. Fueron dos hombres quienes me violaron cuando apenas entraba en los 20".

(Hannah Gadsby)

W de Weinstein. Pero también Donald Trump, Bill Cosby, Woody Allen, Roman Polanski, Pablo Picasso y muchos más. Para Gadsby, sus casos no son la excepción, sino la regla: el problema "no son individuos, son nuestras historias". Ellos controlan los relatos públicos en los que aprendemos qué es el amor, qué es la familia, cuál es el papel de la mujer, qué tipo de felicidad nos está permitida y cuál no. Son las mimas historias que ocultan y romantizan el abuso de poder; las mismas que desdibujan como "genialidad" las agresiones sistemáticas; las mismas que nos enseñan que la reputación es muy importante y que destruir sin pruebas la reputación de Cosby, Allen o Polanski puede ser terrible: mucho más que persistir en un sistema que somete y asesina a las mujeres.

Y de Yo. Aunque el monólogo empieza jugando con la autoficción cómica, hacia el final se convierte en una confesión pública. Nanette es el impresionante instrumento mediante el que Gadsby entona su propio #metoo: "fue un hombre quien abusó sexualmente de mí cuando era niña. Fue un hombre quien me molió a palos cuando tenía 17. Fueron dos hombres quienes me violaron cuando apenas entraba en los 20".

Z de Zeitgeist. Es una palabra alemana que se utiliza para referirse al "espíritu del tiempo", al clima intelectual de una era. La utiliza para explicar que un artista no puede escapar a su contingencia cultural, incluso cuando aspira a cambiarla. Y eso es precisamente lo que hace su monólogo: tensionar los problemas del presente, explotar las incomodidades, dar espacio a voces hasta ahora silenciadas. Nanette es el stand-up comedy del #metoo, pero para serlo tiene que hacer lo imposible: no sólo representar el zeitgeist, sino escapar de él. Por eso está obligada a abandonar la comedia: porque la cura no está en la risa, ni en la ira. Tampoco en la tensión entre la una y la otra. "La cura está en la historias".

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