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“El Islam tendría que matar a Alá para convertirnos en individuos”

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Boualem Sansal publica en España 2084, una distopía orwelliana que habla de un Gran Hermano islamista

Rafa Martí

22 Septiembre 2016 06:00

Boualem Sansal nació en Argel en 1949. Estudió ingeniería e hizo un doctorado en Economía. A partir de los 50 años comenzó a escribir. Le expulsaron después de ocho años de trabajo en el Ministerio de Industria de Argelia por sus opiniones críticas con el Gobierno en 2002. Su obra se ha centrado en criticar duramente al Islam y al islamismo, a través de libros como La aldea del alemán (2008), censurada en Argelia. Recibió el premio Gallimard de Novela Árabe en 2012, concedido por embajadores de países árabes en París. Sin embargo, se le retiró el galardón después de que el jurado conociese que había hecho un viaje a Israel.

Su útima obra, 2084. El fin del mundo, que publica ahora en España Seix Barral, es un viaje distópico a una teocracia ficticia, Abistán. El lugar vive regido por las duras leyes religiosas. Allí nada se cuestiona. Ati, el protagonista, lidera un movimiento de rebeldía y de liberación contra el yugo de esta dictadura.

2084 guarda grandes similitudes con 1984 de George Orwell y su Gran Hermano. Pero el régimen del que habla Sansal no es un totalitarismo nihilista, sino religioso. La crítica en Francia ha comparado su novela con Sumisión, del también polémico Michel Houellebecq. El escritor francés ha reconocido que 2084 es mucho más feroz y controvertido que su propia obra. “Describe el verdadero totalitarlismo religioso y narra la victoria de los extremistas”, dijo Houellebecq. El libro de Sansal ha sido finalista del Premio Goncourt y Gran Premio de Novela de la Academia Francesa.

El régimen del Estado Islámico no tiene mucha importancia. Es una diversión

¿Qué siente como escritor cuando le hacen hablar más del Islam que de libros?

Me parece normal porque el Islam y el islamismo cruzan todas mis novelas. También los ensayos que he escrito, como Gobernar en nombre de Alá. El Islam y el islamismo han dañado mucho a mí país y hablar de ello es algo esencial para mí.

En la introducción de 2084 dice que, al igual que la situación descrita en 1984 no ha llegado a materializarse, en este caso el lector tampoco debe temer. Sin embargo, en zonas de Siria o de Irak ya podemos ver algo muy parecido al Abistán del que habla el libro...

Fenómenos como Daesh, Al Qaeda o AQMI hacen que se olvide el auténtico problema. El régimen del Estado Islámico no tiene mucha importancia. Es una diversión. El islamismo es algo que va mucho más allá: es una corriente de pensamiento, una religión, una manera de entender el Islam que tiene su propia manera de hacer. Lo que quiero decir es que eso no tiene por qué pasar en Europa, pero que debemos preocuparnos por un movimiento de islamización del mundo que está en marcha. Es como si hoy en día estuviéramos en la época en la que el profeta Mahoma empezara a hablar del Islam, de la conquista del mundo. Estamos en la misma situación.

Boualem Sansal

Ati, el protagonista, vive un proceso de duda interior que nace de sí mismo. Eso le lleva a cuestionarse el régimen en el que vive para terminar rebelándose...

No nace en su interior. Lo que es innato al ser humano es no pensar. Ati es un empleado que cumple con sus obligaciones y que no se plantea nada más. Sin embargo, cuando se pone enfermo le envían a un sanatorio. Allí conoce a gente diferente que piensa de manera distinta. Es un cambio que no ha querido, y ahí sí que empieza a funcionar esa duda interior. Se trata de una agresión que construye la humanidad: ante la amenaza y el miedo, intentamos entender, buscar soluciones. Occidente es una especie de Ati: vive en democracia, felizmente y sin preocupaciones. Y de repente, gente que vive en Francia, en España, desde hace mucho tiempo y que pensábamos conocer, hace cosas raras. Escuchamos reivindicaciones que no entendemos y lo vivimos como una agresión. Así es como empezamos a reflexionar. 2084 reproduce ese mecanismo eterno.

Psicológicamente es imposible para un musulmán convertirse en francés, o alemán, o español

¿Hay Atis en el mundo musulmán?

Siempre ha habido en el mundo árabe-musulmán gente como Ati que ve cosas que le preocupa. Escriben, reflexionan, luchan... Pero estos países son gobernados por dictadores. Hay que rebelarse de escondido porque sino te matan o acabas en la cárcel. O bien hay que venir a Occidente y decir "todo esto se acabó".

Ati se rebela cuando tiene contacto con ese mundo exterior, cuando conoce que existe algo más que lo que siempre le han enseñado. ¿Cómo explica entonces que personas con pasaporte francés o belga, que han nacido y vivido en Occidente, sean quienes estén detrás de ataques terroristas gritando el nombre de Alá?

Cuando el Islam entra en la cabeza de alguien es muy difícil sacarlo de ahí. Lo que ha ocurrido en Europa es una tendencia a la comunitarización. Es decir, en Francia consumen, sí, pero viven entre ellos. Reconstruyen la vida que tenían en Argelia, Marruecos y la reproducen aquí, en su barrio. Se sienten culpables por la sociedad en la que viven. Viven en una sociedad judeocristiana y su religión les dice que su enemigo es el judío y el cristiano. Y ese musulmán va a vivir en ese mundo de judíos y cristianos. Cuando es joven se divertirá como el resto de chicos franceses, pero luego dará un paso atrás y se sentirá culpable. Es un sentimiento de culpa muy fuerte. Durante décadas y décadas había gente que venía de Argelia o de Egipto. Llegaban a Europa pero nunca pedían la nacionalidad. Psicológicamente es imposible para un musulmán convertirse en francés, o alemán, o español.

En el universo musulmán, el individuo no existe. Son, ante todo, fieles de Alá

No lo creo. Muchos se sienten nacionales de los países en los que residen y siguen siendo musulmanes

Sí, lo de la nacionalidad es algo que recientemente ha evolucionado. Pero voy más allá: en el universo musulmán, el individuo no existe. Tampoco el proceso de individualización. Son, ante todo, fieles de Alá. En Occidente el individuo nace con la Revolución Francesa, pero antes no existía. Solo había súbditos del rey y de fieles de Dios, sin ningún derecho. Los filósofos europeos dieron a luz al individuo y solo pudieron hacerlo destruyendo el orden anterior: había que matar al rey, había que matar a Dios. La liberación del individuo suponía la destrucción del mundo antiguo. Y en el Islam no lo hicimos. Para convertirnos en individuos tendríamos que matar al rey y que matar a Alá. Si no, nos quedábamos siendo sujetos religiosos. La revolución en el mundo musulmán no ha tenido lugar, y mientras no se haga esta revolución, los musulmanes se van a comportar como musulmanes y no como seres humanos, como individuos o como franceses.

Parecía que la Primavera Árabe era un conato de revolución, y sin embargo ha derivado en todo lo contrario...

No fue una revolución. Fueron rabietas contra los dictadores como siempre ha habido en todos los países musulmanes. Por ejemplo, no tiene nada que ver con lo que pasó en mayo del 68 en Francia. Entonces la gente no se manifestó contra el dictador De Gaulle o contra la Quinta República, en absoluto. Seguramente fue una auténtica revolución porque fue filosófica. En el mundo musulmán nunca ha habido una revolución porque nunca ha sido una revolución de los intelectuales. No ha habido un movimiento intelectual que haya trabajado durante mucho tiempo para hacer avanzar las ideas, para convencer al rey de encabezar un movimiento. Las revoluciones empiezan por el rey. Si el rey queda convencido, hay revoluciones sin ningún asesinato. Es una revolución de ideas. Por eso, las primaveras árabes no son revoluciones.

En el mundo musulmán nunca ha habido una verdadera revolución porque nunca ha sido una revolución de las ideas

Desde su punto de vista, parece como si fuera imposible convivir con los musulmanes. Su compañero, el también escritor Mathias Enard, ganador del Premio Goncourt, ha escrito libros con una óptica radicalmente distinta desde la que ensalza el entendimiento cultural entre Oriente y Occidente, un escenario en el que el multiculturalismo es posible.




Conozco bien a Mathias y hemos hablado en alguna ocasión sobre esto. Pero hay un error de razonamiento en el origen. Énard y otros —los orientalistas— hablan de una situación en la que la gente no vivía junta. Los musulmanes vivían en su casa y los franceses en la suya. La comunicación solo se hacía al nivel de las élites. Pero ahora mismo estamos en una situación diferente. Desde la colonización ha habido trasplantes de poblaciones enteras que vienen al principio para vender su trabajo, se instalan y vuelven a constituir su cultura de origen. Al principio no era un problema porque había una cultura dominante y la otra, al ser pequeña, no molestaba. Pero ahora tenemos flujos y flujos de personas que vuelven a constituir su propia cultura, su propio idioma y en un momento dado, la cuestión de vivir juntos se plantea distinta.

¿Y el problema?

El problema no es vivir juntos, sino que dos jurisdicciones radicalmente distintas no pueden convivir. Podemos convivir perfectamente pero bajo un mismo sistema. Porque, si no, yo como musulmán, si quiero casarme, ¿lo hago bajo la ley religiosa o bajo la ley española? ¿Y si el día que muero quiero dejarle la casa a mi hijo y dejar sin nada a mi hija porque así me lo dice la religión? ¿O si quiero matar a quien ha violado a mi mujer? La jurisdicción que va a decidir no es la del país, sino la musulmana. Ahí es donde nacen los problemas. Los seres humanos viven juntos en todas partes, pero solo con sistemas que consiguen coordinarse. Cuando se da esa división, cuando la ley del país castiga seguir según qué ley religiosa va a provocar una rebelión en la comunidad musulmana. Ellos considerarán que la ley divina está por encima de todo.

El problema no es vivir juntos, sino que dos jurisdicciones radicalmente distintas no pueden convivir. Ellos consideran que la ley divina está por encima de todo

Entonces, ¿qué le parece la polémica del burkini?

Me parece un gran ridículo. Si esa mujer quiere llevar un burkini que lo lleve, es su problema. Si quiere que lleve dos, uno encima del otro. Creo que eso es una distracción. Cuando hablo de jurisdicciones distintas hablo de que la ley del país castiga el homicidio, o castiga los malos tratos a la mujer. Y eso, la ley divina, lo apoya en algunos casos. Ahí está el conflicto del multiculturalismo.

Parece que la única alternativa que deja es un nuevo autoritarismo, la extrema derecha que reacciona ante esto...

La sociedad siempre busca a alguien para arreglar sus problemas. En Francia hay mucha gente que pide a un general que lleva a cabo un golpe de estado. Otros dicen que quieren a Marine Le Pen porque va a arreglar los problemas. Y hay otros que dicen todo lo contrario, que hay que legalizar el islamismo y abrirles las puertas. Dicen que los musulmanes tienen que vivir como musulmanes con su propia jurisdicción. Para mí eso es un error, estamos hablando de un concordato: los franceses demócratas por un lado y los musulmanes por otro. Hay gente que pide esto, intelectuales. No dicen que el Islam tenga que reformarse para integrarse en la sociedad. Dicen que la sociedad se reforme para que ellos vivan en su propia jurisdicción. Pero como te digo, yo creo que el Islam tiene que vivir su revolución. Yo no creo en la convivencia de dos jurisdicciones radicalmente opuestas, y sí en un sistema organizado, que nos permita vivir juntos pero que sea capaz de garantizar la seguridad.

¿Qué piensa del conflicto entre Israel y Palestina?

Para mí es un problema insoluble. Además de que no es un problema entre Israel y Palestina, sino entre Israel y la totalidad del mundo árabe. Los palestinos no pintan nada en todo esto, no tienen ningún poder de decisión. Por ellos deciden otras naciones árabes y los grupos islamistas. En el momento en el que el mundo árabe devuelva a los palestinos el control sobre su destino, los palestinos podrán hablar con Israel.

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