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Una idea mejor que la de bombardear Catalunya

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Las únicas bombas que nuestro cielo necesita son las que desde el colectivo Casagrande disparan con miles de poemas

Luna Miguel

14 Mayo 2018 15:51

Cristóbal Bianchi es un artista chileno conocido por practicar bombardeos masivos en localidades como Berlín, Guernica, Santiago de Chile o Varsovia. A pesar de su pasión por los proyectiles, Bianchi no ha sido encarcelado por las policías internacionales, ni tampoco condecorado por dictadura alguna, quizá porque lo que él y su equipo del colectivo Casagrande lanzan desde el cielo no son bombas de verdad, sino trozos de papel en cuyo interior hay escritos poemas.

El bombardeo sobre Milán

El próximo 31 de mayo, coincidiendo con la Feria del Libro de Madrid y también con el festival POETAS, Cristóbal Bianchi ha anunciado que va a sacar todas sus armas para bombardear la Plaza Mayor, intentando generar un efecto que en otras ocasiones ha logrado admirar en los rostros de los ciudadanos. Lejos de sentir miedo, las lágrimas asaltan los ojos de los paseantes. Y, como declaró una vez el chileno, “esa es la magia de este proyecto, esta acción poética tiene una especie de efecto catártico, purificador.” Dice Bianchi, además, que con esta acción no quiere limpiar el pasado, ni tampoco hacernos olvidar el horror de las bombas, sino más bien obligarnos a mirar ese lugar en el que antes hubo dolor pero donde ahora, al fin, caerá un poco de belleza.

Para el colectivo Casagrande “un bombardeo de poemas puede entenderse como un gesto que pretende llenar un vacío y restaurar una palabra. Dado que la intervención es simbólica, la palabra perdida seguirá ausente, y los poemas que caen del cielo, encontrados y escritos por poetas contemporáneos movilizan este acto de búsqueda hacia el futuro”. Hoy que el polemista Federico Jiménez Losantos bromeaba en esRadio con que al Gobierno español le urgía bombardear Catalunya, preferimos preguntarnos en qué momento y con cuánta urgencia los trozos de papel y de paz de Bianchi alcanzarán con puntería algunas de las más pútridas de nuestras patrias conciencias.

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