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La gran poeta en bikini: ¿estamos sexualizando a Sylvia Plath?

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Un artículo en The Guardian critica la cubierta de Faber para 'Las cartas de Sylvia Plath' y denuncia la representación sexista de las escritoras en las portadas de los libros

Eudald Espluga

29 Septiembre 2017 12:45

En octubre se publicará en Estados Unidos y Gran Bretaña el primer volumen de la esperada edición de Las cartas de Sylvia Plath. Hasta el momento, solo conocemos las cubiertas que ya han sido aprobadas por las editoriales HarperCollins y Faber. Esta última, con una foto en color de la poeta en bikini, arrodillada en la playa, sonriente y mirando a cámara, ha desatado la polémica.

¿Se está sexualizando a Sylvia Plath en las cubiertas de sus libros?

Esta es la pregunta que lanzaba Cathleen Allyn Conway en su artículo para The Guardian. En él, analiza cómo en muchas ediciones se tiende a usar aquellas fotos de la poeta en las que aparece en bikini o bien se la recorta de tal modo que pueda parecer una ninfa semidesnuda.

Pero no es solo el caso de Plath. Esta crítica debe entenderse en el marco de la utilización de un imaginario muy concreto, en el que el cuerpo de las mujeres aparece como un objeto sexual, hasta el punto que en algunos casos cuesta distinguir los anuncios de ropa interior de las cubiertas de algunos libros. Como ya explicamos en PlayGround, en el caso de la poesía existe una peligrosa moda que consiste en presentar a chicas sexys y atormentadas en la portada.

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Mientras que las escritoras aparecen alegres, semidesnudas y divirtiéndose, los hombres tienden a aparecer en riguroso blanco, elegantes, en posición reflexiva y señorial, en su escritorio rodeados de libros. Conscientemente o no, en las portadas se está disputando la representación de la escritora: un ser frívolo, pueril y alocado, que dedica su tiempo a trivialidades —bañarse en el mar, ponerse guapa o complacer a los demás con su sonrisa—.

En el caso de Plath, el rol que juega la construcción pública de su imagen es especialmente importante, dado que se trata de un icono de nuestra cultura. Como se pregunta Conway, ¿es esta la mejor manera de representar a una poeta y novelista internacionalmente reconocida, víctima de la violencia machista, madre soltera y que terminó suicidándose?

Su respuesta es claramente negativa. Pero al cuestionar la sexualización de la imagen de Plath —y de las escritoras en general— se abre un debate mucho más amplio: ¿por qué representamos a los escritores como los representamos?

¿Por qué asociamos la gravedad e importancia de una obra con esas figuras grises, serias, con miradas duras y aposentados en su escritorio? ¿Por qué las grandes obras de Nabokov no podrían ir encabezadas con sus fotos en bermudas, encorvado en medio del campo, caza-mariposas en mano? ¿Por qué de Hemingway no se escoge la que está en la ducha, sin camiseta?

La foto de Sylvia Plath es magnífica, y la edición de Faber será un caramelo para todos los amantes de su obra. Si la cubierta es problemática se debe al doble rasero que se utiliza para escritores y escritores. Una discriminación que debería atajarse no tanto denunciando la reducción de una gran poeta a un imaginario frívolo, sino rompiendo con la iconografía que asocia el Gran Escritor al Sillón de los Pensamientos Profundos en Blanco y Negro.



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