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Entrevista Sarah Andersen: “Mi útero es uno de los personajes favoritos de los fans” Lit

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Sarah Andersen: “Mi útero es uno de los personajes favoritos de los fans”

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15 Noviembre 2017 12:12

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“Años atrás, los únicos que se permitían hacer bromas con el periodo eran los hombres. Esos chistes siempre venían de un agente externo, masculino. Por eso las que realmente conviven con ello, cuando ven como trato el tema en mis tiras, se alegran de poder verse representadas más allá de cuatro estereotipos”. Charlamos con la autora de ‘Sarah's Scribbles’, un cómic nacido al calor de Internet que acumula millones de fans

Diez de la noche. Lunes. Las luces se apagan en la Casa del Libro de Rambla Cataluña, Barcelona. Es algo que pasa cada lunes en la Casa del Libro, a las diez de la noche. Esta vez, sin embargo, el pretexto era distinto al de cualquier otro lunes. Suponía, de facto, una medida disuasoria: los fans de Sarah Andersen, la creadora de Sarah's Scribbles, se habían atrincherado en la librería. ¿El motivo? La neoyorquina estaba dedicando firmas y dibujos desde media tarde, pero ni aun así consiguió terminar con la kilométrica cola que se había formado para recibirla.

“Lo que ocurre cuando eres famosa en Internet”, me cuenta Sarah, “es que, a excepción de momentos como el del lunes, no te sientes como alguien realmente famoso”. Y sí: quizás, si te cruzas con Andersen por Brooklyn, no seas capaz de reconocerla. Su máscara, sin embargo, no podría ser más icónica y popular: Sarah's Scribbles, un webcomic que acaba de dar el salto al papel, es el vehículo de autoficción con el que la ilustradora convierte sus miserias diarias –las nuestras– en viñetas que han logrado conectar con una audiencia internacional.

“No sé si hay mucha diferencia entre mi forma de ser y la forma de ser del personaje que protagoniza mis tiras”, asegura la dibujante. “Puede que yo sea más reservada, y que a ella la utilice para poder hablar de mis sentimientos. Yo soy callada y ella extrovertida: las experiencias de Sarah's Scribbles son las mías, solo que ella expresa verbalmente todo aquello que yo me callo”, añade. “Sarah's Scribbles no refleja cómo soy, pero sí cómo me siento”.

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Sarah Andersen tiene 25 años, un gato y cinco millones de seguidores repartidos entre Instagram, Facebook y Twitter. ¿Su secreto? Maridar la narrativa de tira cómica con neolenguas de Internet. “Me podría pasar el día entero mirando memes en Instagram y etiquetando a mis amigos”, confiesa. “A veces utilizo recursos propios del meme en mis cómics, como el difuminado de caras para exagerar la reacción de algún personaje”, continúa. “También he adoptado sus timings y su narrativa; su forma de presentar una idea”.

La asimilación de los códigos 2.0 hacen que Sarah's Scribbles tenga algo de esperanto: podrías entender el mecanismo de sus chistes obviando los globos de diálogo. Pese a ello, hay decenas de páginas, creadas por fans, que traducen sus viñetas a idiomas como el ruso, el turco o el italiano. “He perdido el control de ese fenómeno”, explica. “Hay algunos de ellos con los que hablo de forma regular; a veces, me escriben para que les explique el significado de una palabra en concreto. Y lo hago: he aceptado que no puedo controlar del todo a Sarah's Scribbles. Yo no solo quiero vender libros: quiero que la gente pueda leer mis cómics hable el idioma que hable”.

Otro de los factores que han contribuido a que los 'garabatos' de Sarah se tornasen globales es la ambigüedad que rodea a la protagonista de sus tiras: siempre está leyendo, pero no sabemos qué libro; siempre pegada a su laptop, pero sin desvelar la serie que la tiene enganchada. “No quería ser referencial por miedo a que Sarah's Scribbles se convirtiese en un producto para fans”, explica Andersen. “Del mismo modo, el hecho de que nadie se refiera a Sarah por su nombre de pila hace que cualquier lectora pueda proyectarse en ella. Quiero que, aunque no conozcas los antecedentes o la identidad del personaje, puedas disfrutar cuando te encuentres una de mis tiras por primera vez”.

“Cada chiste, cada página”, determina, “tiene que sobrevivir por sí misma”.

Aunque se graduó en el Maryland Institute College of Art de Baltimore, la auténtica escuela de Sarah, reconoce, fueron las tiras de Calvin y Hobbes. “También me siento muy influenciada por animes y mangas como Yotsuba o Ponyo”, añade. “De hecho, todos los personajes de Hayao Miyazaki me encantan. Me fascina como su físico cambia con cada una de sus expresiones”.

Quizás ese influjo nipón sirva para explicar los mecanismos de Sarah's Scribbles: en una misma tira, el tono puede pasar de lo naïf a lo irreverente en cuestión de dos viñetas, con la rapidez y efectividad del primer Toriyama (Dr. Slump). Porque, ¿cómo explicas, si no, que un útero antropomórfico dialogue con Sarah en sus tiras?

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“Para mi sorpresa, el útero de Sarah se ha convertido abrumadoramente en uno de los personajes favoritos de los fans”, revela, entre risas. “A mis seguidores masculinos les parece que me paso de la ralla, pero a mis lectoras les encanta ese personaje”, continúa. “Años atrás, los únicos que se permitían hacer bromas con el periodo eran los hombres: ¿Por qué estás tan enfadada? ¿Tienes la regla o qué? Esos chistes siempre venían de un agente externo, masculino, y siempre señalaban lo molesto y doloroso que es menstruar. Las que realmente conviven con ello, cuando ven como trato el tema en mis tiras, se alegran de poder verse representadas más allá de esos cuatro estereotipos”.

Como una Maitena para la generación millenial, como una Julie Doucet sin asperezas, Sarah Andersen ha conseguido hacer carrera en el cómic mercadeando con su intimidad. “Mi obsesión con los jerseis de mi novio, por ejemplo, es completamente real –incluso me he traje uno de sus jerseis a Barcelona”, me dirá. “También, como cuento en Sarah's Scribbles, soy una freak de los olores: me gusta el olor del papel, el del café, el de una vela que prende”, enumera. “Aunque suene raro, me encantan como huelen los sótanos de Estados Unidos”.

Hacia el final de nuestra charla, y coincidiendo con la reciente acusación de abusos sexuales al editor de DC Comics Eddie Berganza, aprovecho para preguntar a Sarah por su experiencia con el abuso de poder dentro del mundo del cómic. “Aunque nunca he sido agredida por un compañero de profesión, mi experiencia jamás será la misma que la de alguien que trabaje en DC Comics o Marvel Comics: ellos tienen grandes oficinas, y yo trabajo desde casa”, contesta. “Dicho esto, sí he tenido muchos episodios de acoso sexual online por parte de algunos trolls –son mi equivalente a un compañero de trabajo”, termina. “Cualquier mujer está expuesta a situaciones así”.

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