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No queremos que la derecha nos arrebate a Judith Shklar

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Se acaba de publicar 'El liberalismo del miedo', de Judith Shklar, una obra capital que nos recuerda que el liberalismo político puede ser una doctrina emancipadora para los oprimidos

Eudald Espluga

07 Marzo 2018 14:23

Cuando hablamos de liberalismo, tiramos de los cuatro tópicos que tenemos a mano: individualismo, competitividad, mercado, desregulación. Lo asociamos con el neoliberalismo económico y echamos todo el paquete por la borda.

Pero imaginemos esta otra definición: el liberalismo es una doctrina política cuyo único objetivo es minimizar la crueldad y el miedo que puedan sufrir las clases más bajas, proteger a la población empobrecida y marginada tanto de la arbitrariedad del poder como de las condiciones de vida miserables que les atenazan.

No es un wishful thinking ni una inversión gratuita del discurso socialista y el liberal. Así es como lo plantea Judith Shklar, una pensadora que no sólo ha sido invisibilizada, sino que además ha visto como otros pensadores se apropiaban de su teoría y blanqueaban el potencial emancipador de sus ideas para ajustarlas a una visión más conservadora. En El liberalismo del miedo (Herder), publicado originalmente en 1989, lo expone crudamente: "el miedo sistemático es la condición que hace imposible la libertad y viene provocado por la expectativa de crueldad institucionalizada".

Hoy esta idea pertenece a otro. A un hombre, a un filósofo all star, al "ironista liberal". Aunque no plagió la idea, cuando Richard Rorty se apropió de ella pasó de puntillas por encima del nombre de Shklar. En el libro donde fundamenta su liberalismo en el rechazo de la crueldad, Contingencia, ironía y solidaridad, sólo cita tres veces a Shklar:

"Tomo mi definición de liberal de Judith Shklar".

"Para utilizar la definición de Judith Shklar".

"Satisfacen el criterio liberal propuesto por Shklar".

La teoría original de Shklar queda reducida a una sola idea, casi autoevidente: "la crueldad es la peor cosa que se puede hacer". El mérito de la teorización se lo lleva Rorty, hoy protagonista de ensayos titulados: 'Richard Rorty, el repudio liberal de la crueldad'; El caballero pragmático: Richard Rorty o el liberalismo con rostro humano'; 'Redescribiendo a Richard Rorty: liberalismo, crueldad y alteridad'.

Yo mismo me he descubierto cómplice de esta invisibilización. Aunque tengo los párrafos del libro de Rorty subrayados hasta los bordes, no marqué ni una sola vez el nombre de Shklar. La definición sí, la autora no. Es más: "Judith Shklar" son las dos únicas palabras que no llegué a subrayar de un largo framento de 16 líneas.

Recuperar el pensamiento de Shklar era necesario. No solo por la discriminación y el menosprecio sufridos, sino porque su figura debería estar a la altura de otras grandes pensadoras como Hannah Arendt. Sin embargo, cuando googleas su nombre, te aparecen más fotos de la autora de Los origenes del totalitarismo que de la propia Shklar. Como explica Axel Honneth, actual director de la Escuela de Frankfurt, la comparación es obvia y obligada: ambas crecieron en ciudades importantes del Báltico y triunfaron en su exilio en los Estados Unidos; ambas son filósofas políticas que reflejan en sus teorías las traumáticas experiencias que vivieron en primera persona; ambas escribieron desde la marginalidad del mundo académico e hicieron de su desarraigo una condición para pensar la democracia.

Y es necesario recuperarla, también, para arrebatarle ciertas ideas liberales a la derecha: la libertad que desea garantizar Shklar es "la libertad frente al abuso de poder y la intimidación de los indefensos". Una libertad que tiene que completarse con garantías de autonomía económica. La crueldad, como ella la entiende, es vivir en la inestabilidad laboral, tener miedo a perder el trabajo; crueldad es ver tus derechos mermados por el racismo institucional; crueldad es vivir en la precariedad, el miedo a no llegar a fin de mes; crueldad es recibir un trato injusto por el simple hecho de ser mujer.

Son estos miedos los que su teoría aspira a combatir: si queremos un liberalismo mejor, no podemos dejar que nos arrebaten a Judith Shklar.

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