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Nicanor Parra, ¿un meteorito oscuro?

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Allen Ginsberg, Ida Vitale, Harold Bloom, Gabriela Mistral: recordamos la obra de Nicanor Parra a partir de lo que decían de él escritores, críticos y editores

Eudald Espluga

24 Enero 2018 09:54

Roberto Bolaño dijo una vez que el primer requisito de una obra maestra es pasar inadvertida. Y lo dijo refiréndose a la obra poética de Nicanor Parra, un "meteorito oscuro" que nadie, salvo Mario Santiago, había comprendido: "Parra no escribe poesía juvenil. Parra no escribe sobre la pureza. Sobre el dolor y la soledad sí que escribe; sobre los desafíos inútiles y necesarios; sobre las palabras condenadas a disgregarse así como también la tribu está condenada a disgregarse. Parra escribe como si al día siguiente fuera a ser electrocutado."

Pero, ¿es eso cierto? ¿la obra de Nicanor Parra ha pasado inadvertida e incomprendida?

El poeta Raúl Zurita trataba de explicar su antipoesía con estas palabras: "Nicanor Parra rompe con la idea de la poesía como iluminación o videncia, para situarla como un oficio que comparte con los otros oficios la pluralidad de lo humano. En las antípodas de 'Alturas del Macchu Picchu', de Pablo Neruda, ese poema cumbre de la poesía del siglo pasado, la antipoesía le reintegra al poema su relación con el habla".

Entonces, la invisibilidad de la que hablaba Bolaño era relativa a los grandes poetas de su generación: Neruda, Hudiobro, Mistral, de Rokha, "los cuatro grandes de la poesía chilena". Nicanor Parra era un poeta que siempre debía ser reivindicado, como demuestra la sintomática contraposición que trazó la novelista Lina Meruane, cuando en una entrevista le preguntaron si los jóvenes poetas chilenos sentían pesar a a Neruda como una losa: "es una figura de indudable peso, pero también Nicanor Parra lo es". Alejandro Zambra, poeta y novelista, rubricaba esta dialéctica: "tuvimos al superstar llamado Pablo Neruda y el antídoto, Nicanor Parra. Ahí se generaron muy poderosas que se pueden entender siguiendo la imagen de la tradición de la ruptura". De hecho, el propio Nicanor, tras recibir en 2012 el Premio Neruda, afirmó irónicamente que se querellaría contra los responsables, en alusión a los miembros del jurado.

Aunque los grandes reconocimientos tardarían en llegar —no recibió el Premio Cervantes hasta 2011—, lo cierto es que pronto fue reconocido por importantes figuras del mundo de la poesía. En 1938, Gabriela Mistral se fijó en los poemas que recitó el que por aquel entonces era solo un profesor de matemáticas, y quiso dejar constancia de ello cuando habló con la prensa. De hecho, fue el propio Pablo Neruda quien le ayudó en 1948 a publicar sus Poemas y antipoemas. Por su parte, el beatnik Allen Ginsberg, en 1959, decía que "otra persona que me gusta es Nicanor Parra, un poeta de 45 años que siempre se está enamorando se chicas suecas, escribe poesía inteligente y sincera y es también un gran matemático que estudió en Inglaterra". Otro beatnik que leyó, tradució y reverenció a Parra fue Lawrence Ferlinghetti, que en los años sesenta reconoció la influencia del chileno en su propia escritura.

Pero si de canonización se trata, nada mejor que recurrir al hombre que ha monopolizado la gestión del canon: Harold Bloom. Para el crítico de Yale, Parra fue uno de los mejores poetas de occidente, tan esencial como Walt Whitman, y lo definió como un "héroe del ocultamiento"

En uno de los "artefactos" que pueden leerse en el segundo volumen de sus Obras completas, se preguntaba Parra: "¿Best seller? La KK se come: tanta mosca no puede estar equivocada".

Muchos años más tarde, cuando recibió el Cervantes, la unanimidad sobre su figura era casi absoluta. Salvo José Manuel Caballero Bonald, que reconocía que "no es un poeta de mi predilección, poco decir poco, porque la antipoesía y ese tipo de estética me pilla a trasmano", los demás brindaban de alegría. Especialmente los escritores que en ese momento se encontraban en el pabellón de Chile en la Feria del Libro de Guadalajara: Nona Fernández, Marcela Serrano, Antonio Skármeta y Celia Gracía Huidobro. La cubana Wendy Guerra, que también estaba en la Feria, se unía a la celebración: "a los chilenos que nos hacen señales con palabras y humo desde el Sur, a los poetas desconocidos, a Nicanor Parra en su largo viaje de imágenes y espacios, a los académicos que todo lo ven: la poesía salva, la poesía cura, la poesía sana".

Sin embargo, es cierto que su influencia ha sido mucho más pronunciada entre las generaciones más jóvenes. En 2014, diez escritores —entre los que se encontraban Berta García Faet, Unai Velasco, Laura Casielles y Sara R. Gallardo— rendían homenaje a Nicanor escogiendo sus poemas preferidos. La poeta y editora Elena Medel, que también formaba parte del homenaje, concluía: "no es utópico decir que, en su caso, inventa un lenguaje y un universo que empieza y acaba con él".

Ese mismo año, tras cumplir Parra los cien años, Ida Vitale le dedicó las siguientes palabras: "la vejez con sus alas de insecto ha llevado a Nicanor parra a cumplir un siglo, asomado moái, contradictoria ráfaga de piedra, cuyo origen Nicanor prefiere en el misterio. Un siglo, tiempo que en el poeta corrió al revés: en su juventud, poemas melancólicos, bellos, a veces juguetones, que no implicaban necesariamente escepticismo y en su última madurez, risa, ya burla feroz: arma última del escepticismo ante un mundo atroz que repite errores y fracasos y levanta y desmorona los pasos en los que confió".

En uno de los últimos libros de Parra publicados en España, El cielo se está cayendo a pedazos. Ecopoemas, podemos leer tantos más elogios, no solo de Niall Binns en el prólogo, sino también de Ricardo Piglia —""de toda esa gran tradición de poetas, el que para mi está por encima de todos es Nicanor Parra"—, de Juan Carlos Maestre —"en términos de física cuántica, Nicanor Parra es un accidente cogelado de la literatura en castellano. Esos accidentes que determinan el curso de la historia"—; y de Eduardo Millán —"la poesía de Nicanor Parra representa el buceo en los límites de las posibilidades del lenguaje poético"—.

Estos comentarios laudatorios se suman a los de Mercedes Rein, que comparó su influencia a la de Cortázar; a los de Mario Benedetti, quien dijo que la agresividad de Parra estaba al servicio de modificar el mundo que detestaba; a los de Luis Antonio de Villena, que afirmó que el chileno acabo por crear "una concepción nueva del tiempo narrativo, que se saltaba el lirismo tradicional, pero que es poética porque está sujeta a la sorpresa".

Está claro que el meteoro que fue Nicanor Parra —oscuro o no— ni mucho menos pasó inadvertido. Por suerte, tampoco ha sido nunca un superventas. Y decimos "por suerte" porque como recorcordaba Ignacio Echevarría, en uno de los "artefactos" que pueden leerse en el segundo volumen de sus Obras completas, se preguntaba Parra: "¿Best seller? La KK se come: tanta mosca no puede estar equivocada".

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