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Artículo “Si ganan Macron o Fillon, en cinco años habrá una extrema derecha aún más fuerte” Lit

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“Si ganan Macron o Fillon, en cinco años habrá una extrema derecha aún más fuerte”

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Hablamos con Virginie Despentes sobre su vida, su obra y la actualidad en Francia

Antonio J. Rodríguez

03 Abril 2017 14:00

*Fotografías de Stephen Lyne

Despachos de la editorial Random House, Barcelona; primavera de 2017. Virginie Despentes encara la última entrevista de la jornada después de pasar casi todo el día atendiendo a la prensa, son las seis de la tarde y yo también me encuentro un poco exhausto. Aún así la cosa fluye desde el principio, lo cual es una noticia estupenda ya que desde PlayGround tenemos especial admiración hacia la escritora. El año pasado, de hecho, elegíamos la primera parte de su trilogía Vernon Subutex como el mejor libro del año. Ahora nos encontramos cara a cara con la excusa de la publicación en España del segundo volumen de su serie, Vernon Subutex II, así que aprovechamos la ocasión para hablar de su vida, su literatura y la actualidad política en Francia, a poco más de un mes de las elecciones.

I.

 Vida

¿Cómo es ahora el día a día en la vida de Virginie?

En los últimos años he estado trabajando en la tercera parte de mi libro. Vivo súpertranquila. Escribo, leo un montón, miro series. No estoy en un momento en que salga mucho.

¿Cuánto te han llevado las mil y pico páginas de Vernon Subutex?

Las primeras, poco más de dos años; y este último volumen [Vernon Subutex III se publica en Francia a finales de mayo] otros dos años. Con los atentados del 13 de noviembre en Bataclan hice un parón de tres meses para preguntarme: ¿para qué el libro?, ¿qué hago…? Es algo que he hablado con colegas escritores; no fui la única a la que le pasó esto. Fue un shock. Te planteas realmente para qué sirve escribir, hasta que finalmente te acabas tragando lo ocurrido.

¿París o Barcelona?

Mitad, mitad. Prefiero la vida en Barcelona pero tengo un montón de amigos en París. Estoy súperacostumbrada a la agresividad y hostilidad de París. Si no vuelvo lo echo de menos. En Barcelona hace más de 10 años que voy y vengo y, como muchos franceses, me gusta.

¿Qué es lo mejor y peor de una ciudad como París?

Lo mejor es que siempre llega gente nueva y siempre hay cosas nuevas que ver que interesan. Se come bien también. Lo peor es que hay una agresividad increíble, la gente está muy negativa. ¿El por qué? No lo sabemos.

¿No hay ninguna explicación para ese carácter extremadamente pesimista de Francia? ¿Va en el ADN y ya?

No, creo que no siempre ha sido así. Hoy hay algo que nos cuesta. Cuando llegué a París en los 90 se veía muy distinto. O en los 80. Entonces había un muy buen rollo que ahora no se puede encontrar. Es una ciudad súpercara, y a la gente le cuesta salir y hacer cosas guays. También es una ciudad en la que siempre hay mucha gente y el hecho de que no tengas lugares donde estar cómodo cuenta también. Hay un sentimiento de pérdida. Tras Charlie Hebdo y los atentados también hubo un bajón súperfuerte en la ciudad. Supongo que en Nueva York pasó igual con el 11-S y en Madrid con Atocha.

O sea, que la felicidad de la ciudad es solo para los turistas. Un poco como en Barcelona.

Un poco sí, pero París es más grande y lo sufrimos más. La ciudad es una belleza, pero no lo ves cuando vives dentro.




Hace unos días hablaba con Antha Orties y también decía que lo peor de la ciudad es cuando te encuentra en la calle, sin nada ni nadie a quien recurrir. Se trata también de la misma preocupación que articula tu libro: alguien con una vida más o menos normal que de pronto se ve en la calle. ¿Está tan presente este miedo?

El miedo es real. Que haya tanta gente que pierda su piso no es tan real, pero el miedo está ahí. Primero porque París es muy cara y muy poca gente te ayudará. Es un sentimiento que tenemos todos y el hecho de que las cosas cuesten tanto hace que continuamente necesitas dinero porque si no vas a caer. No es algo que vea en otras ciudades de Francia.

Esto me hace pensar en cierto diagnóstico que hay sobre la cultura local. Suele pensarse que el panorama cultural está dividido entre lo pijo y la periferia. ¿Compartes esta lectura?

A mí me parece que se mezcla un montón. Gente pija se interesa en la cultura del extrarradio. Con los libros tengo la sensación de que hay gente muy distinta leyendo. Si hablamos de arte contemporáneo u  ópera, sí, es de ricos. Pero con la música y la literatura en Francia hay un sentimiento de que los pobres pueden acceder a la cultura. Cuando vas a ver un concierto de hip hop ves gente que no pertenece realmente a esa cultura y que simplemente está interesada. Pero muy pocas veces verás a blancos ir al extrarradio. En este sentido, veo muchos puentes. Yo veo gente del extrarradio haciendo películas, cosa que antes era de ricos; igual con la música y la literatura. En los 80 era la droga y la sexualidad lo que te daba estos puentes.

Tu vida cultural dónde tiene lugar, ¿en esos mismos puentes? ¿O a uno u otro lado?

Sí, realmente me veo en esos puentes.

¿Qué música estás escuchando ahora?

Cuando escribo estoy continuamente oyendo listas en Spotify, pero solo es mi música de trabajo. Orties por ejemplo me gusta. Me gusta también un grupo francés que hace rap y punk pero que tienes que ser francés para entenderlo. Beyoncé…

Hay algunas cuantas menciones al hip hop en tu trabajo. ¿Hip hop o trap?

Hip hop.

¿IAM o PNL?

PNL, han entrado súperbien, con un sonido muy raro. En cuanto a IAM, a mi edad la elección era entre IAM y NTM y yo era tan de NTM que después nunca he escuchado a IAM [risas].



¿Ficción o no ficción?

Ficción. No me siento atraída por la no ficción. Todo lo que tiene que ver con ensayo lo busco más en la radio, charlas, TEDs, YouTube, artículos… No sé por qué, pero es así.

¿Qué es lo que estás leyendo ahora?

Estoy leyendo a Bolaño. Y un montón de biografías. Me encantan las biografías de músicos. Las leo como beber agua…

¿Qué recuerdos te vienen a la mente si piensas en ti misma a los veinte, a los treinta y ahora?

A los veinte me viene conciertos, música… A los 30 la película, Baise-moi. Ahora es más mi vida, mi barrio, mucho más tranquila. Vivo en Belleville, al norte de París, lo justo de hipster para que te sientas bien y lo justo de auténtico para que no te sientas… 

Gentrificado.

Sí.

II

Literatura

En tu libro escribes cosas como que: “lo que caracteriza a las mujeres es que pueden mantener un perfil bajo durante meses antes de mostrar de qué palo van”. O esta otra: "¿Hay algo más excitante que el novio de una chica con la que te llevas bien? Sobre todo cuando parecen felices juntos. Una mamada rápida en un ascensor cura la envidia que te da la felicidad de las demás". Incluir estas reflexiones que hacen tus personajes en el libro, ¿te causan problemas con el feminismo?

No. Pienso que más bien fue un placer. Supongo que está claro que este tipo de declaraciones existe en el discurso de algunos chicos. Además, el hecho de que también haya personajes feministas o femeninos fuertes equilibra. También veo que en el libro hay un montón de discurso de odio hacia las chicas, los musulmanes, los rumanos o los judíos, que es algo que nos caracteriza hoy en día: odiar a alguien. Si sientes frustración, odias a los ricos, o a los musulmanes, o a los maricas… Es el juego de hoy. Yo creo que un montón de lectores lo han entendido así. Supongo que el hecho de haber escrito Teoría King Kong me permite hacer un poco lo que quiero [risas].

Hay algunos de estos pasajes así del libro, como cuando introduces a personajes del Frente Nacional, con los que yo tengo conflictos internos porque cuando los leo me lo paso realmente bien. ¿Te pasa igual a ti?

Sí, es un poco como expulsarlo. Reconoces que lo has tragado y te sientes capaz de reproducirlo. Escribirlo ha sido un poco como una sauna: fuera toxinas. Pero sí, me ha pasado a veces de cortar pasajes, diciendo: ‘por favor, para esto ya’ [risas]. Hay cosas que autocensuro.




¡Queremos ya esa versión sin cortes, por favor!

Estos discursos de odio son súper agradables de desarrollar, por eso tienen tanto éxito. Es como salir a la calle y ponerse a gritar [lo ilustra haciendo un ruido gutural como de zombis hambrientos en una película de serie B: brgrrglgrl].

Dices que tiene un punto de liberar toxinas, pero a mí me sugiere un poco lo contrario: más bien te imagino haciendo investigación extra para saber a la perfección cómo meterse en el papel de alguien de extrema derecha.

Sí. Por ejemplo, para algunos pasajes del primer libro he ido un montón a Internet a documentarme, y esto no era agradable, por ejemplo leí las explicaciones de la extrema derecha para dar ayudas a los sintecho y les intentan convencer de sus ideas. El momento agradable es cuando lo vomitas. Es superfácil, agradable y primario.

¿Hasta qué punto es machista describir el propio machismo? ¿Cuál es la línea que separa la denuncia del proselitismo?

De todos modos, yo tampoco intentaba denunciar. Son cosas que oigo a mi alrededor. Tengo amigos que son machos, pero que tienen otros lados guays… Creo que venimos con la costumbre de tenerle un cierto cariño al machismo. Como chicas y chicos, estamos muy acostumbradas a un nivel de machismo. Luego hay muchas chicas a las que le gusta cierto hip hop y eso es porque tenemos una capacidad de entrar con distancia. Yo cuando escribo esta novela lo veo más como un collage, no como una denuncia. Tomo reflexiones con las que me encuentro y hago un montaje que explica cómo veo yo las cosas. Pienso que con los jóvenes este machismo está cambiando, pero en mi generación forma parte de una masculinidad heterosexual. El desprecio era parte de los chicos. De todas formas, como te digo, no creo que haya una promoción de este pensamiento en el momento en que introduzco personajes femeninos que son fuertes, que no son víctimas y que no forman parte de las ilusiones de los hombres. Como chica, también es cierto que hay un placer especial al enunciar este discurso porque lo has recibido un montón.

Es una catársis.

Hay un cierto alivio. Si tú le pides a una marica que te dé un discurso de odio homófobo, lo hará mejor que cualquier otro, ya que lo ha recibido.

Zizek hace una reflexión en donde afirma que cierto pensamiento progre se equivoca al dibujar a los refugiados como personas inmaculadas y buenas por naturaleza, como si la maldad fuese algo que solo ha sido reservado a nosotros. A la hora de escribir, ¿te planteas los atributos morales de los personajes, si son buenos o malos, en función del género?

Yo creo que los personajes femeninos de la novela son tan negativos como los masculinos. Cada uno tiene su luz, también. Sí que hago diferencia de género ya que veo a los chicos como privilegiados y a las chicas las cosas se les plantean de forma un poco más difícil; por ejemplo, en el mundo laboral. Pero súperhijadeputas hay un montón y buenas personas también. Un caso es el personaje de Pamela Kant, que es una estrella del porno, y que no tiene los mismos problemas que tendría si fuera una estrella del porno masculino. Así que si apartamos estas desigualdades, no me planteo si un hombre o una mujer tienen que ser personajes buenos o malos porque sí.

Hay una cosa que has dicho en varias entrevistas y que la primera vez que la leí me dejó nocaut por la verdad que, creo, implica. Me refiero a aquello de que el éxito arrollador de este libro, a diferencia de otros títulos tuyos anteriores, tiene que ver con el protagonista es un hombre. ¿Es algo que pensaste antes o después de escribir la novela?

A posteriori. No esperaba tanto cariño al libro. Cuando vi lo que ha pasado, pensé: shit, si hubiese sido una chica, habría sido criticado. He hecho un montón de novelas antes con personajes distintos y ahora que es un chico es como: ‘¡qué súpercool!’ Esto me ha parecido muy injusto por los personajes femeninos, pero súperbuena noticia para mí.

Ahora que comentas que si es un personaje cool por ser un chico, yo percibo en el libro un punto deliberado de glamurización de la decadencia. Estás viendo a un personaje caer en picado pero por momentos te encantaría ser él.

Sí, esto me viene de la cultura rock, con la romantización de la caída, me viene también del cristianismo, esta cosa de la cruz, la culpa… [se echa a reír]. Hay algo en el rock muy cristiano. Pero también era un intento de decir que podemos tener cariño por los losers. Esto es algo que yo siento, pero que no veo en el ambiente colectivo: tú puedes fracasar por completo pero mantener tu dignidad y tu carisma.

Hay algunos autores a los que les lees y ves sus esfuerzos por dialogar con otros escritores o con el canon. Esto es algo que leyéndote a ti no me pasa: percibo una sensibilidad más permeada por la narrativa, velocidades, ritmos y sensaciones de la música o el cine. ¿Te planteas diálogos con otros autores?

Hay autores que leo y cuyo trabajo me parece muy interesante, como por ejemplo Zadie Smith o James Ellroy. En Francia me siento en diálogo con autores que no están traducidos, como por ejemplo Philippe Djian o Laurent Chalumeau, pero son muy pocos y vienen de la novela negra. De novela francesa clásica me gustan algunos, pero estamos en sitios completamente diferentes en cuanto a pensamiento y estilo. A mí me la sudan las frases maravillosas, no hago turismo estilístico, no voy a construirte una catedral de no sé qué… No voy a pasarme tres horas en una frase para ponértela bonita. Me interesa más el sonido o la energía, sí, en la línea de la música, que cómo quede la frase.



¿Crees en algo parecido a una literatura de izquierdas?

Sí, creo que existe, pero a la vez si quieres hacer una literatura de izquierdas pierdes lo esencial, que es una sinceridad y una actitud de pensar las cosas en su totalidad que es lo propio de la novela; la novela deja espacio para que entren cosas que te incomodan. En la novela tienes que coger también las cosas que no te van bien. Existen autores de izquierdas como Lola Lafon, pero si no conoces su discurso, sus novelas son más complejas.

A la vista de las traducciones que llegan de Francia, en España tengo la sensación de que se te sitúa en una constelación triangular con autores como Houellebecq y Beigbeder, ¿te sientes cómoda con esta comparación?

Realmente empezamos al mismo tiempo.

Cierto, con Houellebecq publicasteis vuestras primeras novelas a la vez.

Exacto, y también hemos conseguido los mismos premios. También compartimos temas: masculinidad, pornografía…

Capitalismo…

El capitalismo, sí. Coincidimos en mucho. Y si nos pones en el mismo sitio nos reímos un montón. No lo parece, pero es un chico súpergracioso, no es evidente [se ríe]. Lo mismo con Beigbeder, empezamos en los mismos años y es imposible no llevarse bien con él: es súperencantador, súpergracioso, súpertonto, de fiesta… No conozco a nadie que no se lleve bien con él. Con Houellebecq compartimos un montón de temas sin hablar de lo que hacemos, pero a diferencia de él yo no estoy tan deprimida. Él es pura Francia: depresión pura, todo deshecho, estamos perdidos, los musulmanes son culpables… Yo no tengo esta depresión tan profunda.

¿Lo consideras un autor misógino-machista?

Sí y no. Lo considero como alguien que desarrolla un discurso de súperodio a las mujeres, cosa que es increíble porque cuando lo conoces no es así. Pero también lo considero como el autor de la crítica del machismo de la masculinidad. Su masculinidad es una masculinidad que es enferma y débil. Si lo piensas, es uno de los autores más críticos. No creo que tenga cariño por su discurso de odio a las mujeres, es más bien el síntoma de una masculinidad blanca que no puede ir más allá. Yo creo que deja a sus lectores que piensen lo que quieran, pero en el fondo sabe que el machismo no es bueno. Pienso que es mejor persona [risas]. Se nota en su poesía, donde es más suave. No lo veo como el típico machista, o como Philip Roth: aquí sí tenemos al auténtico macho.

Pero Philip Roth también habla del crepúsculo de la masculinidad…

Pero se siente mucho más chico. En Houellebecq ves que se siente incómodo con esta masculinidad.

¿Qué es lo peor del mundo literario francés —si es que hay algo que sea distinto del español?

Lo peor de la literatura francesa sería este gusto por la frase bonita. Yo, que leo mucha novela francesa, hay un momento en que vomitas todas estas frases bonitas. La diferencia también es que en Francia hay muchas más novelas publicadas, lo que te da una sensación de vitalidad. Aquí ves un libro en las librerías en enero y en junio sigue ahí. En Francia estamos locos con los libros. Otra cosa buena de la literatura aquí es que tenéis toda América Latina, lo que te da un espacio literario muy amplio.

III

Actualidad

¿Qué pronóstico tienes para las elecciones?

No tengo. Posiblemente nos encontremos a Macron contra Le Pen, pero no soy capaz de imaginar buenas noticias: las probabilidades de que pase alguien de izquierdas son muy bajas, y el problema de Macron es que su programa es exactamente lo que ha pasado en España en los últimos años, con unos resultados que a mí no me parecen buenos. Pero si gana Marine Le Pen, para nosotros es un terremoto. Tragaremos como se están tragando los americanos a Trump; lo que no entiendo es cómo en países como Francia, España o Estados Unidos hay personajes como Trump, Rajoy o Fillon. Es como: ‘¿no tenéis otra cosa?’

Los candidatos franceses son bastante carismáticos.

Los Republicanos han elegido al peor. Fillon fue un primer ministro súperimpopular, metido hasta las narices en corrupciones y no muy carismático. Quien sí es carismático es Macron, que es una belleza; es un poco tonto, un peligro, pero es una belleza. Y Marine Le Pen es eficaz, hija de su padre. Pero no tengo ni idea, si me dices que Le Pen pasa, te creo.

En principio, todo apunta a que sí. Algunos sondeos la dibujaban como la primera opción de la primera vuelta.

Veremos. Todos estos pronósticos siempre se han equivocado. Siempre han dado resultados falsos, así que quizá pase Mélenchon, pero allí tenemos el mismo problema que aquí: los socialistas no pueden verse con la izquierda más radical y si no llegan a acuerdos… Yo votaré a la izquierda, obviamente, pero sabiendo que solo pasan dos… 

¿Y en una segunda ronda entre Macron y Le Pen?

Tendría dificultades de ir a votar. Él me parece súperguapo [se ríe] pero como presidente me parece una catástrofe inmensa.

Había un dilema que se le planteaba a la izquierda en las elecciones de EEUU que era si votar políticas neoliberales continuistas, aparentemente la opción menos mala, o votar al caos para empezar totalmente de cero.

Es exactamente nuestro dilema ahora.

Tú qué prefieres: ¿continuidad, o caos y empezar de cero?

Como sabéis aquí, el caos puede durar cuarenta años. Uno sabe cuando entras en el caos, ¿pero cuándo saldríamos de Le Pen? Ni idea. Además, destruir las cosas es súperrapido, pero construirlas va súperlento. Destruirlo todo es algo que puedes hacer en cinco años, pero para construir necesitas más que cinco años. No veo buena alternativa. Si gana Macron, el chico bonito, o Fillon, sabemos que en cinco años nos plantaremos con el mismo problema, pero con una extrema derecha aún más fuerte.

Se ha escrito mucho sobre la construcción de género de Le Pen. A ti, ¿su personaje qué te dice?

Es la hija de su padre, lo veo como un poder de transmisión como en tiempos antiguos, en donde el padre da el poder a su hija.

Pero se trata también de personajes diferentes y enfrentados.

Ahora tienen líos, pero a la vez ella es herencia; su padre ha trabajo toda su vida para concienciar a su hija. Lo veo como las reinas. El único progreso feministas es que ahora puede haber una reina. Lo único interesante en la feminidad de Marine Le Pen es su handicap: a la gente le cuesta votar a una chica. Su feminidad de “hija de” no me interesa mucho. Es la historia de toda Francia: las empresas pasan de padres a hijos.

¿Existe un debate sobre temas de género en la campaña? ¿A quién apoya el feminismo?

Existía con Segolene Royal, porque mucha gente pensaba que estaba siendo atacada por ser mujer, y era así. Yo como feminista voy con el socialista, Benoît Hamon, que es el que habla más de temas de género y desarrolla una sensibilidad un poco distinta respecto al sentido de la autoridad… Para mí, Hamon es el candidato obvio. No es súper abierto a los derechos de gays y lesbianas, pero tampoco está mal. Es un chico más joven que los demás y tiene una masculinidad híbrida; no tiene esta cosa de: ‘camino con la polla fuera’; no. Él va con su pollita bien metida en los pantalones, y a mí esto es una cosa que me gusta, pero no tiene el éxito brutal que me gustaría.

Una cosa que me llama la atención de la prensa francesa es que apenas hay presencia de la violencia machista en los titulares.

No, no está presente. Quizá un poco más en redes sociales. El feminismo en Francia en la prensa mainstream se desarrolla alrededor del velo islámico: si debemos prohibirlo o no, si los musulmanes son o no machistas, si el islam es el principal peligro para las mujeres… Es súperdificil de manejar: obviamente el islam no es amigo del feminismo, pero tampoco el Vaticano. Perdemos un montón de energía aquí.

O sea, que el debate está monopolizado por la derecha.

También hay una parte de la izquierda que realmente quiere poder decir que son islamófobos, y que el islam es el peligro absoluto de Francia y de la République. 



¿Qué piensas de la intelectualidad conservadora francesa? Es un fenómeno que a mí personalmente me fascina y con el que, creo, llevan una cierta ventaja con respecto a España.

¿Por ejemplo?

La escuela de los Henri Lévy, los Glucksmann, los new philosophers

Sí, en Francia tenemos esta pasión por la emisión de gente hablando. Aquí no tenéis la misma locura en radio y televisión. Nosotros nos pasamos horas y horas con gente bla, bla, bla. Para mí son reaccionarios en cuestiones de género de una manera súperobvia, ni siquiera pueden pensar el feminismo; son superreaccionarios hacia los musulmanes. También son súperricos, así que los temas económicos no les interesan para nada. Ocupan un montón de terreno pero no tengo la sensación de que influyan mucho. Con las redes sociales se han desarrollado un montón de discursos que contestan. Ellos son los que hablan en televisión, pero no sé si se les escucha. Se consideran de izquierda, pero desarrollan un discurso de extrema derecha y creo que sin darse cuenta están trabajando para la extrema derecha. Les ves y es como: ‘¿estáis locos o qué? El sitio adonde vais ni siquiera es bueno para vosotros. Sois judíos, ¡no tenéis nada que ganar con la extrema derecha francesa!’. Es la locura del Bernard-Henri Lévy, que también tiene sus encantos. Yo lo veo un montón en mi sello, está completamente loco y tiene su encanto.

A mí me hace gracia que cuando El País lo traduce aquí, en la línea de lo que decías antes de las redes sociales, sus artículos son un poco la piñata… 

[Se ríe a carcajadas] Piñata es una buena definición, sí. 

¿Quiénes son las pensadoras o pensadores a los que deberíamos prestar atención?

Achille Mbembe, sus libros a mí me han apasionado realmente. O Didi-Huberman, que ha hablado un montón de las imágenes y el arte. También Frédéric Lordon, que es un economista cuyos libros de filosofía para mí son oscuridad total, pero sus artículos económicos a mí me resultan muy estimulantes e interesantes. Luego también hay libros interesantes, como el de la prensa de Aude Lancelin, que tuvo que dejar el Nouvel Observateur porque estaba demasiado cerca de Nuit debout.

El año que viene serán los 50 años de Mayo del 68, ¿cuál es tu valoración de esa fecha?

Gente como yo nos construimos totalmente encima del 68. Igualmente, he pasado diez años con Beatriz Preciado y estoy súpermetida con Deleuze y Guattari; he entrado en los textos típicos que son herencia del 68 y a mí me inspiran mucho. Como mujer, también fue el principio de algo. Para mí, lo que la derecha quiere es arrancar nuestras raíces del 68, pero me parece más difícil de lo que se plantea: es algo que ha crecido en las novelas, en el cine, en el pensamiento francés… 

Existe incluso desde la izquierda una crítica como la fecha en la que el capitalismo se volvió más perverso, porque incluyó el hedonismo, más libertades… 

El capitalismo se adapta. Se puede desarrollar súperbien en Dubai; es como el agua. No necesita libertad sexual, libertad de expresión o que las escuelas sean mixtas para desarrollarse. Se adapta a China, a Dubai y a cualquier sitio. Es un error pensar que la libertad sexual permite más mercado, el mercado hace lo que hace con o sin libertad sexual.




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