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“A los 16 fui violada varias veces y mi padre me dijo que era culpa mía”

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“Le conté a mi marido que me habían agredido sexualmente y no me creyó”. “Me dijo que pagaría por follarme por el culo y cuando me enfadé me dijo que me relajara, que era broma”. “Me han llamado egoísta por no querer tener hijos”. Este y otros testimonios son los que recoge Laura Bates en ‘Sexismo cotidiano’ (Capitán Swing), un ensayo que es el megáfono de la violencia diaria que sufren las mujeres

Luna Miguel

17 Octubre 2017 16:35

“A los 23 era habitual que me pellizcaran el culo en el trabajo”.

“Dos hombres me dijeron que alegrara esa cara. Como no lo hice me han llamado puta y coño apestoso”.

“Parada de autobús llena de gente, un hombre me invita a sentarme en su cara. Nadie dice nada. Yo tenía 14 años”.

Está claro que te gustan las pollas negras, dijo delante de mi hijo de 8 años, que es mestizo”.

“He de llevar cuello alto o pañuelo a determinados seminarios para evitar que cierto profesor se me quede mirando fijamente el escote”.

“Con 11 años, durante una excursión del colegio, un compañero de clase declaró que de todas maneras nadie me violaría porque soy demasiado fea”.

“A los 16 fui violada varias veces y mi padre me dijo que era culpa mía. Que una niña no podía ser violada.”

“Le conté a mi marido que me habían agredido sexualmente y no me creyó”.

“Me dijo que pagaría por follarme por el culo y cuando me enfadé me dijo que me relajara, que era broma”.

Así.

Así hablaron más de 150.000 mujeres con sus más de 150.000 testimonios en los tuits o en el correo privado del proyecto Sexismo cotidiano, de Laura Bates. Para quien aún no lo conozca, @EverydaySexism nació en 2012 como una página web en la que se invitaba a mujeres británicas a contar situaciones diarias de sexismo. Algo así como un Micromachismos en donde, por primera vez, muchas voces se atrevieron a narrar no sólo sus violaciones o situaciones de acoso sexual, sino también todas esas desigualdades del día a día que muchas veces no hemos sabido reconocer como tales. Desigualdades del mundo laboral, en la educación, en la sanidad o en el espacio íntimo. Desigualdades que a fuerza de ser escondidas —ya sea por pudor o por desconocimiento— hemos acabado por normalizar.

Laura Bates, escritora y colaboradora de The Guardian, consiguió con ese pequeño espacio de la red abrirse a todo el mundo. De hecho, su proyecto ha acabado lanzándose a más de 25 países, y su libro Sexismo cotidiano se convirtió en 2016 en uno de los manuales de feminismo más leídos de Reino Unido. Bates, junto a voces como la de Caitlin Moran o Laurie Penny, pasó a ser considerada como una de las pensadoras y activistas feministas con mayor influencia del momento.


Publicado ahora en español por Capitán Swing, con la traducción de Lucía Barahona, Sexismo cotidiano no es sólo un contenedor de decenas de miles de experiencias de mujeres: el libro parte de todos esos testimonios para analizar sus rasgos comunes y para diferenciar los tipos de violencias, acosos y abusos que existen.

Además, en cada capítulo, Bates recoge lo que ella denomina ‘Estadísticas esenciales’ sobre violencia de género, o sobre la desigualdad y la invisbilización de la mujer en política, o incluso sobre el modo en que los medios de comunicación, la moda o el cine infantilizan, sexualizan y humillan el cuerpo femenino. Son datos escalofriantes que van desde que “únicamente el 18% de los presentadores de televisión mayores de 50 años son mujeres”, hasta que “1 de cada 3 mujeres en el planeta será violada o golpeada a lo largo de su vida”, pasando por que “el 30% de la violencia doméstica tiene su origen o empeora durante el embarazo”. Datos que, junto a la pluralidad de las denuncias anónimas mostradas, dan cuenta de lo necesario que es evitar la normalización de cualquier acto represivo contra la mujer.

LEER MÁS: 'Contra el acoso, el abuso y la discruminación en literatura'

Si se empieza normalizando un mero chiste sobre el cuerpo, se continuará por aceptar que alguien pueda tocar ese cuerpo, y se acabará disculpando, finalmente, a quien lo maltrate, lo viole o lo mate. Lo que aprendemos de Laura Bates, entonces, es que ningún micromachismo es verdaderamente micro; que en el momento en que una sola de estas violencias sea acallada o minusvalorada estaremos dando un paso atrás.

La llegada a librerías españolas de Sexismo cotidiano coincide con otro fenómeno valiente nacido de las redes sociales. Desde mediados de octubre y bajo el hashtag de #MeToo y #YoTambién, cientos de miles de mujeres de todo el mundo están llenando sus muros de Facebook, Instagram o Twitter de imágenes y textos con los que denuncian todas las veces en las que han sufrido situaciones de acoso. Como cuenta aquí mismo Ana Pacheco entre estos testimonios “destacan experiencias de abuso a menores, acoso laboral y agresiones sexuales o intentos de agresiones sexuales”. Pero tampoco faltan historias “de acoso verbal cotidiano, las más frecuentes y las que enfrentamos casi a diario”.  


A pesar de las similitudes con el proyecto de Laura Bates, el fenómeno de #MeToo ha nacido de manera espontánea como respuesta al destape del caso del depredador de Hollywood, Harvey Weinsten, y se ha viralizado con mucha rapidez. En las últimas semanas, son varias las celebridades —desde Angelina Jolie, Gwyneth Paltrow, Cara Delevingne— las que se han atrevido a narrar el trato denigrante y abusivo que recibieron por parte del magnate, provocando además que otros hombres de la industria del cine salieran en su defensa, como es el caso de Woody Allen. El director de Annie Hall llegó a decir que lo que estaba pasando con Weinstein era peligroso porque podría despertar una “caza de brujas”.

Pensar Harvey Weinstein sea la víctima significa regresar a ese odioso punto de partida en el que la sociedad desea mantener a sus mujeres calladas por puro miedo a que lo que digan les haga daño. Es una sensación que Laura Bates explica mejor en estas líneas: “Se nos dice que es normal que las mujeres vivan situaciones de acoso, agresión y violación. Se nos dice que nos lo merecemos. Y, mientras tanto, se nos condiciona a ser pasivas y agradables, a no armar alboroto. Se nos condiciona a esperar situaciones de violencia antes incluso de experimentarlas… y aceptarlas”.

LEER MÁS: El terrorífico audio de Harvey Weinstein intentando que una modelo entre en su habitación

Lo que está ocurriendo con el caso de Weinstein es sumamente importante, porque, dado el peso y la repercusión de sus protagonistas, ha conseguido llevar al debate público algo que parecía que sólo se podía discutir entre susurros de foros privados o en proyectos de carácter anónimo como lo es la web de Sexismo cotidiano. Con #MeToo hay miles de mujeres que empiezan a abrir sus entrañas. Que empiezan a deshacerse del pudor. Que empiezan a encontrar a otras personas con las que reconocerse o sentirse escuchadas. Que empiezan, incluso, a verse reflejadas en espacios de grandes medios que hasta hace muy poco ni siquiera tenían espacio para estos asuntos:



Quizá, lo interesante después de leer, escuchar y aprender de todos estos testimonios, sea empezar a leer, escuchar y aprender de estas voces. Es decir: ahora que las víctimas han demostrado su valentía, ¿no sería justo que los que nos miran en silencio desde su situación privilegiada se sinceraran y se atrevieran a reconocer sus vulneraciones? Desde luego, sus posibles aportaciones a #MeToo ("yo también he violado", "yo también he insultado", "yo también he menospreciado") no supondrían una solución directa al machismo que nos consume, pero sí un paso hacia delante en el camino para combatirlo.

No nos engañemos: que si todo es machismo, todo es machismo.


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