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Llamar a la insurrección no es terrorismo: absuelven a “los nueve de Tarnac”

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Imagen: Arte PlayGround
 

Diez años después, se ha demostrado que todo el proceso fue un montaje policial que buscaba criminalizar a un grupo de activistas que residían en un pequeño pueblo de Francia

Eudald Espluga

16 Abril 2018 15:57

Finalmente ha llegado la sentencia. "Los nueve de Tarnac", acusados de asociación ilícita con fines terroristas, han sido absueltos. El juez ha dictaminado que los cargos era una ficción, literalmente "una fantasía". Diez años después, se ha demostrado que todo el proceso fue un montaje policial que buscaba criminalizar a un grupo de nueve activistas e intelectuales que residían en un pequeño pueblo de Corrèze, en el corazón de Francia.

Historia de un "folletín mediático-judicial"

El 11 de noviembre de 2008 empezó todo. Tirando de pirotecnia mediática, la policía francesa realizó una espectacular operación en Tarnac. El pueblo está situado en una área montañosa que se distingue por ser una de las menos pobladas del país. Quizá por lo agreste del territorio, y la imposibilidad de desarrollar actividades económicas más allá de la ganadería, la región se convirtió en un buen lugar donde resguardarse de la modernidad. Conocida como "la pequeña Rusia" durante la ocupación nazi, todavía hoy es un bastión socialista que cuenta con "ancianos alcaldes comunistas que han sido reelegidos una y otra vez a lo largo de varias décadas".

Este contexto casi bucólico convirtió el asalto armado —con cuerpos especiales y pasamontañas— en un teatrillo ridículo. Sin embargo, las consecuencias no fueron para nada paródicas: más de veinte detenciones, nueve de ellas bajo la acusación de terrorismo. El argumento utilizado por la fiscalía se refería al saboteo de la red ferroviaria de la SNCF durante una huelga, que consistió en colocar varas de hierro con forma de herradura en las catenarias para detener los trenes y provocar retrasos.

(Detalle de cubierta de 'Ahora', del Comité Invisible)

La realidad, sin embargo, parece ser otra. Como se apuntó más tarde, Michèle Alliot-Marie, Ministra del Interior bajo el mandato de Nicolas Sarkozy, habría recibido un aviso de Alain Bauer, eminente criminólgo francés, acerca de una posible célula de ultraizquierdistas y anarquistas. Bauer identificó a un grupo de intelectuales y activistas parisinos que se habían comprado una granja abandonada en Tarnac como los autores de La insurrección que viene, un libro-manifiesto, publicado anónimamente por el Comité Invisible, que llama a la organización y la insurrección. El libro, que negaron habar escrito, era la principal prueba que se esgrimía contra ellos.

El Comité Invisible se definía —y se define todavía hoy— como "una tendencia de la subversión presente; el nombre que una constelación difusa de grupos, redes y personas ha elegido para nombrar una determinada posición, una inteligencia política de la época, una toma de partido". Y en La insurrección que viene escribieron: "este libro está firmado por un colectivo imaginario. Sus redactores no son los autores. Se han contentado con poner un poco de orden en los lugares comunes de la época". Sin embargo, la publicación se atribuyó al grupo de Tarnac a través de la figura de Julien Coupat, que había sido el editor de la revista de filosofía post-situacionista Tiqqun (activa entre 1999 y 2001), considerada la génesis de el Comité Invisible.

“Mientras los periodistas registraban hasta nuestros cubos de basura, la pasma echaba el ojo hasta en el interior de nuestros rectos. Es bastante desagradable. Desde hace meses abrís nuestro correo, escucháis nuestros teléfonos, acosáis a nuestros amigos, filmáis nuestras casas”

A las pocas horas de la operación, la prensa abarrotaba el pueblo y tiraba de sensacionalismo. Tarnac pasó a ser considerado un peligroso nido de terroristas y Julien Coupat su cabecilla. De hecho, tras declarar frente al juez cuatro días después de los arrestos, todos los acusados fueron liberados con cargos salvo Yildune Lévy y el propio Coupat, que no salió de prisión hasta mayo del año siguiente. En una carta enviada a Le Monde el 6 de marzo de 2009, el resto de acusados pidió la liberación del preso y tildaron el caso de "folletín mediático-judicial": "mientras los periodistas registraban hasta nuestros cubos de basura, la pasma echaba el ojo hasta en el interior de nuestros rectos. Es bastante desagradable. Desde hace meses abrís nuestro correo, escucháis nuestros teléfonos, acosáis a nuestros amigos, filmáis nuestras casas."

Terrorismo anarquista, una fantasía interesada

"La vista ha permitido demostrar que el grupo Tarnac era una fantasía". Con esta dureza se ha expresado el juez principal, en una sentencia que deja al descubierto el abuso de las leyes antiterroristas que llevó a cabo el gobierno de Sarkozy.

La ofensiva contra el grupo subversivo —del que se decía que tenía conexiones internacionales— se produjo en el marco de un giro autoritario del Estado francés, en los años posteriores a los disturbios de las banlieues: Sarkozy buscaba desesperadamente un enemigo interior para justificar medidas de control excepcionales. Sin embargo, en los diez años de proceso judicial que siguieron a los hechos, la acusación se ha visto obligada a retirar los cargos de terrorismo: Julien Coupat y Yildune Lévy solamente han sido declarados culpables por desobediencia, ya que se negaron a consentir un examen de ADN.

(Detalle de cubierta de 'La insurrección que viene', del Comité Invisible)

"No hay nueve personas a las que salvar sino un orden que tumbar" escribieron los acusados en 2009. Pero como demostró Levy al salir de la audiencia, hoy siguen viéndolo así: "vivimos en un momento en el que tratamos de reprimir todo lo que escapa al orden normal de las cosas". Para ellos el abuso de la ley antiterrorista y la demonización de los movimientos sociales es una estrategia internacional y inquietantemente oblicua. Sin ir más lejos, en Ciutat Princesa, el último libro de Marina Garcés, se explica cómo también en Barcelona existe una "estructura policial especializada en la investigación y persecución de tribus urbanas, movimientos sociales y terrorismo", que actúa con fuerza desde los años 90.

“No hay nueve personas a las que salvar sino un orden que tumbar”

"Ultraizquierda" es el concepto que se utiliza para vehicular, a través de los medios de comunicación, el estigma hacia cualquier organización política que se escape del relato dominante: okupaciones, huelgas, manifestaciones, comunas. Al final, el ataque contra "los nueve de Tarnac" fue un ataque contra lo que representaba el Comité Invisible. Trató de criminalizar el uso de la retórica subversiva: en el libro se hablaba de sabotajes, okupaciones, bloqueos y una revuelta que terminara con la ilusión de la paz social. "No existe insurrección pacífica. Las armas son necesarias: se trata de hcer lo posible para hacer que su uso sea innecesario".

Probablemente la victoria judicial de Coupat, Lévy y los nueve de Tarnac no conseguirá tumbar "el orden", ni evitará que estas persecuciones se sigan produciendo. Pero con suerte ayudará a romper el relato de criminalización que busca el desarme preventivo: un mecanismo mediático que en La insurrección que viene ya se denunciaba como una "pura operación policial".

El tiempo y el tribunal les han dado la razón.

Julien Coupat

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