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Ishmael Reed: “la esclavitud aún existe, aunque las condiciones hayan cambiado”

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Imagen: Ishmael Reed en Librería Calders
 

Hablamos con el aclamado autor estadounidense sobre racismo, esclavitud, Donald Trump, 'The Wire' y feminismo, en el marco del festival Primera Persona

Eudald Espluga

12 Mayo 2018 15:55

"Culturalmente estamos bajo ocupación colonial: son otros quienes cuentan nuestra historia, el enemigo cuenta nuestra historia". Son las primeras palabras que capta la grabadora. La voz de Ishmael Reed es profunda, apagada, calma. Contrasta con el lenguaje bélico del nosotros-contra-ellos que vertebra su discurso. "Escribir es luchar", dice, porque "las minorías siempre deben desafiar la forma en que la clase dominante las categoriza". La batalla por la representación es para Reed un fenómeno transversal, que supera las fronteras de la novela: "en la música, en el cine, en la poesía e incluso en los dibujos animados. Es lo que en baloncesto se llama presión en toda la cancha: debemos ofrecer un contrapunto total, una respuesta al tipo de estereotipos que son lanzados contra nosotros por aquellos que quieren interpretarnos".

"Escribir es luchar porque las minorías siempre deben desafiar la forma en que la clase dominante las categoriza" (Ishmael Reed)

No hay romanticismo alguno cuando Reed habla del poder que la literatura tiene sobre las personas: la ficción puede transformar el mundo de muchas maneras, y no siempre buenas. Vuelo a Canadá (La Fuga), la novela que Reed escribió en 1976 y que ahora se presenta por primera vez en castellano, habla precisamente de la importancia de que la comunidad afroamericana conquiste la libertad por medio de la palabra. No por casualidad, Raven Quickskill, el protagonista de la novela, "fue el primero de los esclavos de Swillie en leer, el primero en escribir y el primero en escaparse".

En sus obras, Reed vuelve una y otra vez a la Guerra Civil norteamericana. Utiliza el conflicto como un esquema arquetípico para explicar los mecanismos políticos del racismo en Estados Unidos: "las condiciones han cambiado, pero la esclavitud todavía existe". Por esa razón Vuelo a Canadá revienta los esquemas temporales y superpone diferentes planos históricos. "El realismo es aburrido. Trato de ofrecer al lector una experiencia diferente". Aunque junto a Thomas Pynchon y William Burroughs es considerado uno de los padres del posmodernismo norteamericano, para Reed el juego con los anacronismos no es ni mucho menos una cuestión formal: cree que las instituciones que existían en las plantaciones de los siglos XVIII y XIX siguen vigentes todavía hoy. Por ello, no le disgusta que se compare al amo Swillie —el esclavista de Vuelo a Canadá— con Donald Trump, puesto que tal analogía ilustra la prevalencia de los privilegios raciales: "Bill Cosby puede morir en prisión, pero el Presidente de Estados Unidos, acusado de haber violado una niña de 13 años, sigue siendo el Presidente."

"Bill Cosby puede morir en prisión, pero el Presidente de Estados Unidos, acusado de haber violado una niña de 13 años, sigue siendo el Presidente" (Ishmael Reed)

Cuando en 1976 se publicó Vuelo a Canadá, su autor no podía imaginar que a día de hoy los afroamericanos estarían tan marginados en los medios de comunicación que se vería a sí mismo en "la posición del orador esclavo fugitivo del siglo XIX". Utiliza la serie The Wire para ejemplificar el sesgo racista que existe en la cultura popular, incluso en sus expresiones —supuestamente— más progresistas. "A todo el mundo le encantó The Wire porque así es como ven a los afroamericanos: como degenerados, como adictos, como vendedores de drogas". Explica Reed que en las universidades se empezó a hablar de la serie como si fuera al mismo tiempo un tratado antropológico y un estudio de sociología. Sin embargo, para él The Wire no es más que propaganda racista: "no hay diferencia en la forma en que David Simon representa a los afroamericanos y la forma en la que Julius Streicher, director del periódico nazi Der Stürmer, representaba a los judíos: como criminales, violadores, adictos".

Justifica sus críticas en base al hecho que la serie estaría reforzando estigmas raciales desde una hipótesis falsa: a finales de los años 90, explica Reed, la "epidemia" de heroína golpeaba con mucha más fuerza en los suburbios blancos. Además, el escritor sospecha de cualquier discurso que pretenda desplazar la cuestión racial en nombre del concepto de "clase". "Quieren que nos identifiquemos con ellos. Están incómodos cuando otra gente adopta sus propios puntos de vista, porque en el fondo desean aquello contra lo que dicen luchar: que todo el mundo asuma sus valores".

Reed considera que este cambio de vocabulario introduce "un nuevo lenguaje colonialista": "quieren que les hagamos las cosas cómodas, que hablemos su lenguaje, que encajemos. Es decir, que nos ajustemos a sus estándares". Y lo mismo cree que puede aplicarse al feminismo blanco de clase media, especialmente cuando habla de solidaridad: "¿qué solidaridad? Las mujeres afroamericanas llevan años criticando el movimiento feminista. bell hooks tenía que marcharse llorando de las aulas porque las feministas blancas no podían entenderla".

"Dicen que he ido demasiado lejos. ¡Pero si eso es lo que los amos decían a los esclavos!" (Ishmael Reed)

En Mumbo Jumbo (La Fuga), publicada originalmente en 1972 —y traducido, como Vuelvo a Canadá, por Inga Pellisa—, Reed escenificó esta misma guerra cultural, y proponía una reescritura satírica, violenta y ferozmente erudita de la historia de nuestra civilización. La novela fue un éxito —incluso Harold Bloom la incluyó en El canon occidental—, pero a pesar de ello el estadounidense ha sido una y otra vez relegado a los márgenes del sistema. De hecho, tras la publicación de su última novela, Conjugating hindi —en la que fantasea con el retorno de la esclavitud en un entorno gentrificado e hipermediático— no han parado de repetirle que esta vez ha ido demasiado lejos.

Reed se ríe mientras lo cuenta, imaginándose en el lugar del esclavo al que le diagnostican drapetomania, la enfermedad mental que Samuel Cartwright inventó para describir patológico deseo de libertad de los esclavos. Por primera vez en toda la entrevista, Reed alza la voz: "que he ido demasiado lejos. ¡Pero si eso es lo que los amos decían a los esclavos!".

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