PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Lit

Ezra Pound: el poeta que inspira a la extrema derecha italiana

H

Alvin Langdon Coburn / reuters / Arte PG
 

Se han registrado más de 60 agresiones en nombre del poeta norteamericano desde 2014. En las elecciones de este domingo, CasaPound puede obtener representación parlamentaria y facilitar el ascenso al poder de Forza Italia, el nuevo buque electoral de Silvio Berlusconi

Eudald Espluga

02 Marzo 2018 06:00

En menos de tres años, en Italia se han producido un mínimo de 61 agresiones fascistas en nombre de Ezra Pound. Ahora, con las elecciones generales de este domingo, el partido de extrema derecha que abandera su apellido, CasaPound, puede entrar en el Parlamento y convertirse en pieza fundamental para dejar el Gobierno de Italia en manos de la Forza Italia de Silvio Berlusconi.

La formación supremacista, nacida como movimiento social en 2003, basa su programa en la cuestión inmobiliaria: reclaman el derecho de vivienda para los italianos y sólo para ellos. No por casualidad erigieron su primera sede en un edificio ocupado en el Esquilino, uno de los barrios con más inmigrantes de Roma. Desde 2009 están constituidos como partido político. Quieren recuperar la doctrina fascista de Mussolini, una filosofía o espiritualidad que hace de la patria una misión existencial y reacciona contra la decadencia del presente. Para ello, tomaron como referente el nombre de uno de los intelectuales que consolidaron esta doctrina en una obra de arte universal: Ezra Pound.

La matriz ideológica de su pensamiento —lucha contra el individualismo egoísta, contra una sociedad corrompida, contra la élite materialista, tecnocrática y hedonista—, es la que nos permite entender que la elección de su apellido como símbolo no es arbitraria.

Desde la academia se ha blanqueado el compromiso de Pound con el fascismo. Se ha blanqueado hasta el punto que hoy la asociación de su nombre con agresiones a cuchillo en las calles de Roma, Calgari o Bolzano nos parece una apropiación intolerable, ridícula. ¿Qué tiene que ver el legendario autor de los Cantares, una de las cimas de la poesía moderna, con cabezas rapadas armados con puños americanos?

El idilio de Ezra Pound con el fascismo no fue ni un desliz ni un error, el resultado de una fascinación ingénua; su compromiso con las ideas de extrema derecha era la conclusión lógica de su visión del mundo.

Como ha pasado con otros grandes autores como Heidegger o Céline, se ha insistido tanto en separar al autor de la obra que hemos llegado a creer que su poesía no se posicionaba políticamente, que sus ideas, por ser consideradas arte, no estaban al servicio de la filosofía fascista de Mussolini.

Pero sí lo hacían. Como escribió Il Duce en el manifiesto programático que resumía su doctrina, el fascismo es una doctrina de vida, una cosmovisión ética, social, histórica y religiosa que propugna un futuro nuevo, un hombre nuevo, y este futuro y este hombre son los que celebraba Erza Pound en su poesía.

Fascista en forma y fondo

Cuando se habla del poeta norteamericano se nos invita a "trascender su biografía".

Se nos invita a olvidar que Pound viajó a Italia en 1924 para hacer efectivo su compromiso con el fascismo. Se nos invita a olvidar que en sus ensayos ensalzaba a Mussolini como "macho de la especie", que escribía textos abiertamente antisemitas, que ejercía de vocero del régimen en programas de agitprop en la radio romana, que se convirtió en el "poeta economista" estrella de los diarios fascistas por sus teorías político-económicas. Se nos invita a olvidar que Pound no diferenciaba entre fascismo y nacionalsocialismo: declaró que "Mussolini y Hitler han hecho más cosas por la paz mundial que todas las democracias liberales". Se nos invita a olvidar que en 1933 se entrevistó con Il Duce en el Palazzo de Venecia y le presentó al dictador una lista de propuestas políticas, además de regalarle un borrador de los Cantares. Se nos invita a olvidar que al final de la Guerra, con la caída del tirano, fue detenido, encarcelado y juzgado por traición a los Estados Unidos. Se nos invita a olvidar que gracias a sus amigos —entre ellos Hemingway— escapó a la pena capital al ser declarado demente.

Se nos invita a olvidar que Ezra Pound conocía perfectamente los horrores del totalitarismo y que nunca renunció a sus ideas. Se nos invita a olvidar toda su biografía, también el final: que en 1958, después de que un juez lo declarara demente por segunda vez, volvió a Italia y lo primero que hizo al pisar suelo italiano fue el saludo fascista.

Se nos invita a olvidar todo esto en nombre de una supuesta distinción entre el hombre —víctima de su época— y la obra —inmoral, imperecedera—; deslindando, por precedencia temporal, su gran obra poética de su lamentable deriva política e, incluso, aceptando la improbable teoría de que su giro supremacista era resultado de su enajenación mental.

La épica del futuro que encontramos en los Cantares exuda recelo hacia la democracia y nostalgia de una sociedad estamental. Las visiones que nos regala son un manifiesto reaccionario.

Sin embargo, como advierte Nicolás A. González Varela, "su poesía es una toma de postura política, es la impresión en yeso que la edad del modernismo reaccionario exigía [...] busca un lenguaje, en forma y ritmo, que supere la irreversible reificación capitalista". La épica del futuro que encontramos en los Cantares exuda recelo hacia la democracia y nostalgia de una sociedad estamental. Las visiones que nos regala son un manifiesto reaccionario. La añoranza de una edad dorada se proyecta en el horizonte anhelado de una nueva cultura superior.

Dicho de otro modo: el idilio de Ezra Pound con el fascismo no fue un desliz ni un error, el resultado de una fascinación ingenua; su compromiso con las ideas de extrema derecha era la conclusión lógica de su visión del mundo.

De los Cantares a los puños americanos

Hay muy poco margen para la lectura impolítica de la poesía de Pound. Sin embargo, que los Cantares sean una obra de inspiración fascista —incluso una cristalización poética de la doctrina mussoliniana— no invalida su valor literario, ni nos exige condenarlos al olvido.

Por supuesto, es ingenuo pensar que entre los Cantares y los puños americanos hay una relación causal unívoca. La motivación última de los ultraderechistas de CasaPound no descansa en una lectura reposada de los versos del norteamericano, ni su acción directa es resultado de su imaginería lírica.

Que los Cantares sean una obra de inspiración fascista —incluso una cristalización poética de la doctrina mussoliniana— no invalida su valor literario.

Pero es igualmente ingenuo pensar que el fascismo es un fenómeno excepcional, radical e incomprensible, completamente ajeno a nuestras ideas. Son muchos los estudiosos del totalitarismo que han advertido de los peligros de demonizar el fascismo hasta convertirlo en la maldad esencial de unos pocos, de unos otros. El fascismo es un sistema de opresión, exclusión y exterminio, pero es también una visión del mundo que echa raíces en un imaginario cultural del que podemos sentirnos partícipes: la necesidad de acabar con la corrupción, la pulsión hacia la autenticidad, la afirmación de la voluntad, el anhelo de un mañana mejor.

Hasta que no entendamos que la poesía de Pound no necesita ser despojada de su carácter político para ser apreciada desde una perspectiva literaria, vital y emocional, difícilmente seremos capaces de advertir la permeabilidad cultural del fascismo.

Que la extrema derecha italiana actúe en su nombre es una anécdota; que sigamos ignorando la peligrosidad que encierran sus ideas, no.

share