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Aliens, 137.000 followers y activismo antirracista: una bomba llamada Eve L. Ewing

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Imagen: Daniel Barlow
 

Eve L. Ewing acaba de ganar el Norma Farber First Book Award y confirma la importancia de una poesía política que reivindica el carácter subversivo de la imaginación

Eudald Espluga

03 Abril 2018 13:54

"Imaginativa" es la etiqueta que más se repite al hablar de la poesía de Eve L. Ewing, y resulta comprensible si tenemos en cuenta que en el primer poemario de su autora, Electric Arches, se dan cita una invasión alienígena, LeBron James viajando en el tiempo y un anillo de juguete que permite descodificar lo que dicen las niñas negras.

Con este libro acaba de ganar el prestigioso Norma Farber First Book Award, otorgado por la Poetry Society of America, y confirma la existencia de una nueva generación de escritores que han encontrado en la poesía un lenguaje subversivo que les permite articular sus reivindicaciones políticas: "es un espacio al que acudo para imaginar futuros posibles y versiones alternativas del presente", dice Ewing, "un espacio en el que puedo meditar como podrían ser las cosas".

Sin embargo, Ewing no se presenta a sí misma como poeta, sino como académica, escritora y artista. Nacida en 1986, trabaja como socióloga de la educación y ha dedicado su investigación a estudiar el racismo, la desigualdad social y las políticas urbanas en el marco de las escuelas públicas en Estados Unidas. Su currículum asusta: doctorada en la Harvard Graduate School of Education, cuenta además con una licenciatura en Lengua y Literatura por la Universidad de Chicago, donde se especializó en literatura afroamericana del siglo XX.

Aunque hasta octubre no se publicará su primer ensayo, Ghosts in the schoolyard, Ewing es ya una figura de referencia en la lucha contra el racismo. Bajo el apodo de Wikipedia Brown, la poeta ha conquistado Twitter: acumula ya más de 137.000 seguidores. Se niega a distinguir su actividad artística del activismo político, que practica dentro y fuera de Twitter: "me veo a mi misma realizando un proyecto con muchas partes y muchas manifestaciones". Mientras que las redes sociales le permiten conocer en primera persona aquellos fenómenos que se dedica a estudiar objetivamente con las herramientas de la sociología, la poesía la prepara para imaginar otro futuro posible.

Resulta impreciso, en consecuencia, tratar Electric Arches como un simple poemario de ciencia ficción. Se trata de una colección de versos, prosas, arte visual y microensayos que retratan las experiencias de Ewing como niña negra en Chicago en los años 80 y 90. Rechaza una aproximación victimista, centrada en la materialidad de la opresión: para ello ya tiene la escritura académica, en la que sí está obligada a ajustarse a los hechos.

Para la poesía, en cambio, aspira a girar la premisa de Assata Shakur, quien afirmaba que "los revolucionarios negros no venimos de la luna. Somos creados por nuestras condiciones". No quiere hacer del trauma un espectáculo, y repite la estrategia que su madre le enseñó de pequeña para frenar la ansiedad y recuperar el control: reescribir la realidad de aquello que nos da miedo, cambiando el significado de las palabras y empoderándose mediante el ingenio.

Para Eve L. Ewing, entonces, el poder transformador de la literatura radica en esta apertura hacia lo fantástico, y trata de hacer de la irritante vacuidad de la etiqueta "imaginativa" un manifiesto político: en Electric Arches, los revolucionarios sí vienen de la luna. Son alienígenas.

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