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Esperar a la justicia

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Esperar a la justicia

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/OPINIÓN/ “Si te han violado, desaparece, calla y carga con esto, en silencio, el resto de tu vida. Y sigue esperando a la justicia”

Entre las reacciones sobre el rumbo que ha tomado el juicio a los violadores de San Fermín del año pasado está la de quienes alertan de que es necesario espera a la resolución del tribunal antes de emitir juicios precipitados.

Que si podría ser una denuncia falsa. Que dónde está la presunción de inocencia. Que si que el juez haya desestimado como prueba las conversaciones de WhatsApp no significa que el juez haya tomado una decisión... Que hay que esperar a la justicia.

Y mientras se espera a la justicia, la víctima ha tenido que reunir la fuerza para contarle a su entorno lo que pasó, enfrentándose, seguramente, a nuevos juicios. Ha tenido que encarar la incomprensión, la vergüenza, el rechazo y, en el mejor de los casos, la compasión. En definitiva: sentirse culpable. Una y otra vez.

Y, aún así, ella lo cuenta.

No una, sino varias veces, delante de la policía, delante del juez, con medio país hablando de ella en los programas matutinos y teorizando sobre la presunción de inocencia.

Por si el proceso fuera poco denigrante, ahora dicen que lleva una “vida normal” y que eso es una prueba contra ella. Dicen que su versión no se corresponde con la que relató la noche de los hechos. Dicen que podría estar inventándoselo, como pasó en 2014 en Málaga. Y entonces la juzgada es la víctima, una vez más.

¿Pero acaso nadie ha pensado que un relato puede variar si se cuenta en estado de shock o si se cuenta desde el recuerdo, seguramente borroso, un año después?

¿Acaso alguien tiene que arrastrarse por las calles —aunque se arrastre por dentro— para demostrar que acaba de ser violado?

¿Acaso alguien puede oponer resistencia ante la intimidación de cinco cuerpos brutos?

¿Acaso alguien no puede desear con todas sus fuerzas que eso no esté pasando?

Ahora, la clave del juicio se encuentra en 96 segundos de vídeo, en los que, si ella no grita o no se opone, será interpretado como un acto consentido. Ojalá me equivoque.

Por lo pronto, el rumbo que está tomando este caso deja dos mensajes claros y demoledores: que puedes violar impunemente, porque nunca habrá pruebas suficientes, porque para algunos la línea del consentimiento es arbitraria, porque la víctima seguramente callará. Y, segundo: si te han violado, desaparece, calla y carga con esto, en silencio, el resto de tu vida. Y sigue esperando a la justicia.

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