PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Lit

El misterio de los libros súper feos y súper ventas

H

Imagen: Arte PlayGround
 

¿Por qué los bestsellers patrios tienen portadas tan feas? #LosLibrosdeLuna

Luna Miguel

23 Febrero 2018 10:37

Lo pensé después del capítulo de Sexo en Nueva York (sí, lo siento, estoy viendo Sexo en Nueva York, ¿pasa algo?) en el que Carrie queda con sus editoras y discuten sobre la que será la portada de su bestseller sobre relaciones sentimentales en la gran ciudad. Para quien tampoco hubiera llegado a 2018 habiendo visto todas las temporadas de la popular serie de los 90, precisaré que Carrie era una tía bastante conocida en Nueva York por sus columnas sobre sexo, y que un día una editorial le propuso hacer un libro con ellas. Lo que pasa es que la portada no le molaba nada, le parecía muy cutre. De modo que se pasó los 28 minutos de capítulo buscando cubiertas alternativas que le hicieran feliz.

Entendí a la protagonista. La entendí mucho porque desde hace algún tiempo, cuando supe que este año publicaría mi novela, empecé a ponerme nerviosa sobre su posible portada. Sobre el color y la imagen. Sobre si era mejor algo sencillo o algo poderoso. Sobre si foto o ilustración. Sobre si debería protagonizarla una mujer o un hombre. Sobre si la decisión final sería la adecuada para el texto (¿te pegas tres años escribiendo y luego tienes que decidir con prisas una sola imagen que lo represente todo?) o la adecuada para que ese texto llegara a cuantos más lectores mejor. Qué nervios. Ojalá ser Carrie y poder despachar esta tensión en tres o cuatro escenas con Martini.

Pero luego está esa otra pregunta. ¿De verdad importa tanto la portada de un libro? A juzgar por la repercusión que ha tenido la decisión de Anagrama de rediseñar la portada de una obra como Lolita y de hacerlo con un gusto exquisito y una sensibilidad feminista inédita en las cubiertas de Nabokov, yo diría que sí. A juzgar por cómo muchos grandes sellos han empezado a replantearse las ediciones cuidadas, ilustradas por instagrammers con varias ks, diseñadas por agencias de publicidad, envueltas en su tapa dura, con ese papel fino que huele siempre a recién impreso y con una línea muy moderna y preciosista... yo diría que también.

Pensaba en todas estas cosas que en realidad no importan tanto y que no desvelan nada ni son ideas revolucionarias mientras me iba a la cama después de ver un capítulo de Sexo en Nueva York y me di cuenta de algo igualmente insustancial pero que me dejó extrañada. ¿Y qué pasa entonces con esos libros feos? ¿Con esos libros pero feísimos que de pronto se convierten en la absoluta maravilla editorial del momento? ¿Qué es lo que le atrae a la gente de esas cubiertas protagonizadas por primeros planos de cabras —hablo de Intemperie, sí— nada empáticas? ¿O con esas de paisajes grises y bucólicos —hablo de También esto pasará—absolutamente insulsos? ¿O con esas de lluvia, casi pixeladas —hablo de Patria— parecidas a las que salen en Getty Images cuando buscas “melancolía”?

Ojo. Que no tengo nada contra de la prosa de Aramburu, Carrasco o Busquets. Ni mucho menos. El libro de esta última, de hecho, me encantó. Pero es que, joder: cientos de miles de ejemplares para unos, ventas a varias decenas de países para otros, carteles promocionales en los buses por aquí, imágenes de portada que son también imágenes de portada de revistas y suplementos por allá, reediciones hasta la saciedad… ¡y con esas portadas tan horrorosas siempre por delante! ¡Pero cómo puede ser! ¡En el siglo XXI! ¡En la era del trazo fino y la acuarela corrida, en los tiempos de Cavolo, Matencio y Bonet, en los años de la fotografía pálida-cuqui y los troquelados! ¿Será eso de que España es diferente? ¿Será que aquí preferimos comprar libros feos porque así da menos cosa machacarlos en el bolso, prestarlos a un amigo a riesgo de perderlos o pintorrojearlos, abrirlos, rajarlos, maltratarlos al leerlos? O será que estoy nerviosa por mi asunto. O será culpa de Carrie Bradshaw. O será que nada de esto que he dicho importa.

share